Este año, la prestigiosa consultora en management estratégico Boston Consulting Group publicó un estudio realizado en 8 países del mundo (Alemania, Australia, Canadá, Francia, India, Gran Bretaña, los Estados Unidos y Japón) en el que se mostraba que el 48% de los trabajadores mostraban signos de burnout o, como diríamos en Uruguay, de “estar quemados” en el trabajo.
El burnout es un problema muy grave, en el que el principal afectado es el trabajador, que a partir del estrés que le genera el trabajo se siente cínico, despersonalizado, agotado emocionalmente y preso de una sensación de ineficacia. Pero también es problemático para las empresas, porque incrementa el ausentismo, la baja de productividad, el mal clima laboral y la rotación entre empleados. Vemos, entonces, que desde el punto de vista de las empresas el incentivo para tratar con el burnout es doble: implementar políticas que lo reduzcan o eliminen es una forma de proteger mejor a sus trabajadores y de mejorar los resultados de la organización.
El experto en psicología organizacional Cary Cooper, profesor de la Escuela de Negocios de Manchester, dice que las empresas son capaces de crear culturas laborales saludables. Algunas de las herramientas fundamentales para hacerlo son:
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Contar con líderes que ejerzan la escucha activa con sus equipos;
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Promover horarios razonables, que respeten los tiempos de ocio y da vida privada de los colaboradores;
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Contar con planes de carrera para los colaboradores, que les permita imaginar su desarrollo profesional;
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Ofrecer asesoramiento psicológico.
Los expertos Christina Maslach y Michael Leiter también han investigado sobre burnout y han propuesto seis estrategias para eliminarlo:
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Mejorar el reconocimiento emocional y material de los esfuerzos que hacen los colaboradores;
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Gestionar las cargas de trabajo para evitar que se sientan sobreexigidos;
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Garantizar la equidad aplicando procesos que sean justos y transparentes;
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Aumentar el control que cada empleados tiene sobre sus tareas, de manera que puedan sentir más autonomía y adquirir un mayor compromiso con ellas;
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Presentar con claridad la misión y los valores que guían a la organización, de manera que los trabajadores puedan comprender de qué modo su trabajo colabora con el propósito de la empresa;
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Y, finalmente, fomentar la conexión social entre los colaboradores, de manera tal que se cree una comunidad solidaria.
Otro experto, el profesor emérito de la Universidad de Utrecht, Wilmar Schaufeli, dice que la receta para combatir el burnout es el compromiso laboral. Este académico también le da relevancia a los valores, la autonomía, el reconocimiento y la adecuación de los horarios. Pero agrega también otros puntos importantes, como el desarrollo de habilidades de resiliencia en los equipos, que empoderan a los colaboradores y les dan herramientas para lidiar proactivamente con el estrés y los desafíos. Para Schaufeli, la capacidad de la organización de promover el compromiso laboral es medible. Por eso fomenta el uso de métricas de probado valor, como la Utrecht Work Engagement Scale (UWES) y la Maslach Burnout Inventory (MBI), que permiten hacer diagnósticos y evaluar la evolución de la organización a lo largo del tiempo.
Muchas personas hoy tienen el foco puesto en el bienestar, y las empresas no pueden evadir la responsabilidad que tienen de promoverlo dentro de sus comunidades laborales. Las herramientas y estrategias propuestas por expertos como Maslach, Leiter, Cooper y Schaufeli no solo son esenciales para prevenir el burnout, sino que también son una inversión en la salud de los equipos y en la sostenibilidad de la organización. Crear una cultura laboral saludable es una elección ética y un modo de atraer y retener talento, mejorar la productividad y construir empresas más resilientes en el largo plazo.
Se trata de transformar el trabajo en un espacio de crecimiento individual y de aporte al sentido. Las empresas que lo logren no solo estarán enfrentando, sino también sentando las bases de un modelo organizacional capaz de prosperar en el entorno dinámico y exigente en el que hoy vivimos.
En última instancia, prevenir el burnout no es solo una cuestión de implementar políticas, sino de transformar la manera en que las empresas valoran y apoyan a sus empleados. Una cultura organizacional que promueva el bienestar, la comunicación abierta y el equilibrio entre la vida personal y profesional no solo previene el agotamiento, sino que fomenta un entorno donde la productividad y el compromiso florecen. Al invertir en una cultura saludable, las empresas no solo protegen a su talento, sino que también aseguran su éxito a largo plazo.