Larrique, con su director Marcelo Larrique

(Por Santiago Perroni) En nuestra sección “Un Día en …” el equipo de InfoNegocios visitó las oficinas de Larrique y dialogó con Marcelo Larrique, director de la empresa.

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¿Cómo nació Larrique?

Fue fundada en el 1973 por nuestro padre, Carlos Larrique. La empresa la dirigimos mi hermano y yo. Formó la empresa con un perfil meramente industrial, comenzó con la venta de rulemanes y con los años fuimos agregando nuevos rubros, siempre dentro del área industrial.

¿Cuándo se incorporó a la empresa?

En el año 1979: este año se cumplen mis 40 años de trabajo en la empresa. Diez años más tarde se incorporó mi hermano, Fernando, que es ingeniero industrial. Él hizo su carrera en Uruguay y luego se fue a Alemania a especializarse en rulemanes en la fábrica Schaeffler. Estuvo dos años en distintas plantas de la fábrica y volvió para trabajar como encargado de la oficina técnica de Schaeffler en Argentina. En el 1987 nuestro padre abrió una sucursal en Galicia y Yí y él vino como encargado de la oficina técnica.

¿Cuántos Larrique trabajan en la empresa?

Hace 5 años se integraron a la empresa mi sobrino Matías, hijo de Fernando, y mi hijo, Juan Manuel Larrique. Ambos son ingenieros industriales. Es la tercera generación de Larriques en la empresa. Son dos personas exquisitas, íntegras e inteligentes. Destaco lo bien que se llevan entre ellos y lo bien que nos llevamos todos. También hace un año y medio comenzó a trabajar mi hijo Santiago en la administración.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de dirigir una empresa familiar?

Es un gran desafío sobre todo para las primeras generaciones. Hay que lograr que las generaciones venideras continúen de buena manera con la empresa. Tenemos reglas generales que hacemos cumplir a rajatabla. Ahí está, en parte, el éxito de la empresa: en que supimos crear familias educadas y unidas.

¿Cuándo comenzaron a trabajar para el rubro automotriz?

Cuando Uruguay entró al Mercosur se deterioró la industria nacional por la gran competencia que se generó con las empresas brasileñas. Ahí empezamos a incursionar en el rubro automotriz de la mano de Schaeffler.

¿Qué porcentaje del negocio pasa por el rubro automotriz?

El 60% pasa por el rubro automotriz y el 40% por el industrial. Antes del año 2002 éramos 90% industrial y 10% automotriz.

¿Cuándo se dio ese punto de inflexión que hizo cambiar el enfoque del negocio?

En el año 2004 cuando empezamos a traer correas, con eso cambió la tendencia.

Solemos asociar a Larrique con los rulemanes. ¿Qué parte del negocio pasa por los rulemanes?

Los rulemanes están en el ADN de los Larrique. Pero un poco obligados hubo que diversificarse. Los rodamientos significan el 60% de la facturación. Se aplican tanto para el rubro automotriz como para el industrial.

¿Qué tan importante es para la empresa el jingle que suena en el Estadio Centenario?

Nunca nos imaginamos el éxito que iba a tener. Se creó en el 1996. Fue tan pegadizo que hasta se pasa en lugares bailables. Hay gente que lo tiene como ringtone del celular. O vas por la calle y escuchas gente que canta el jingle. Fue algo increíble. Amigos nos preguntan si lo pensamos cambiar y les digo que ni loco. Es como un himno. Seguirá sonando.

¿Qué los diferencia de otras empresas de similares características?

Es una empresa seria. La gente asocia a Larrique con el servicio que brindamos, con un gran stock y con productos de calidad. También nos asocian con conocimiento. El que viene no viene buscando buen precio, busca que lo asesoren correctamente y le brinden un buen servicio. Eso nos hizo líderes en el mercado.

¿Cuánta gente trabaja en Larrique?

75 personas.

¿Qué significó para la empresa el incendio que sufrió el local?

Fue trágico. Cuando se incendió el local en diciembre de 2007 nos tuvimos que mudar a un depósito en la calle Guatemala, que era alquilado. Perdimos toda la información, se quemó todo lo que era informática. Los clientes que quisieron pagar, pagaron, y los que no, no pagaron. Se perdió todo y tuvimos que empezar de nuevo. Reconstruimos el local, mientras trabajamos por cuatro años en un depósito frío en invierno y caluroso en verano. Tuvimos que tomar decisiones duras. Todo el equipo respondió de forma maravillosa y trabajaron las horas que había que trabajar sin exigir el pago de horas extra. Los clientes también se portaron de forma impresionante.

¿Cómo se levantaron de esa situación?

Con esfuerzo, como un país que se levanta después de la guerra. Ladrillo a ladrillo. Uno aprende de esas cosas y aprende a valorar a la gente y a valorarse a uno mismo. Hay veces que no sospechamos la fuerza que podemos tener frente a una situación de este tipo. Al término de cuatro años reconstruimos el local, que antes tenía dos pisos y ahora tiene cinco. También hicimos un depósito de 3.000 metros cuadrados. Todo con recursos propios, sin pedirle plata a nadie.

¿Cómo se comportaron las ventas en los últimos años?

No somos la excepción del resto del mercado. Quizás luchamos mucho para minimizar la crisis, le ponemos mucha cabeza en el día a día para ver qué podemos hacer para hacer las cosas mejor. Por eso creo que no nos golpeó tanto como a otras empresas de nuestro sector. Pero los últimos años han sido duros, sobre todo para mantener el personal que tenemos.

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