“Uruguay es un buen lugar para hacer las cosas bien por primera vez fuera de Europa” (mano a mano con Eva Congil, consejera delegada de Grupo Feltrinelli España)

La mujer dialogó con InfoNegocios sobre el desembarco de la histórica librería este mes en el país, explicó las “sincronicidades maravillosas” que llevaron a instalar el negocio en un mítico edificio patrimonial de Ciudad Vieja y ponderó nuestra “cultura lectora” como uno de los ejes fundamentales de esa decisión.

La histórica librería italiana Feltrinelli en Montevideo tuvo la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno. Y ese momento tuvo lugar este febrero en un edificio patrimonial de Ciudad Vieja (Pablo Ferrando) que hoy convoca a cientas, miles de personas curiosas que quieren ver cómo quedó restaurado, pero también buscan conocer los más de 70.000 títulos que el lugar tiene para ofrecer.

Salir de Italia por primera vez después de siete décadas fue una apuesta que la empresa estuvo dispuesta a arriesgar en territorio uruguayo y respondió a una serie de “sincronicidades maravillosas”, le contó a InfoNegocios Eva Congil, consejera delegada de Grupo Feltrinelli España. El hallazgo del lugar, la posibilidad de contar con socios locales con experiencia en librerías, el interés de su fundador por Latinoamérica, el antecedente de la compra de la Editorial Anagrama y otros factores fueron claves para saber que era acá.

En cuanto al hecho de que el mercado es pequeño, eso, dice Congil, no fue un escollo porque Uruguay “es un país con una cultura lectora que no es proporcional a su tamaño”.

Aquí un mano a mano con la autoridad de la empresa Feltrinelli en el que aborda este y otros temas sobre lo que significa llegar desde Europa a la capital más al sur del continente.

Feltrinelli es una cadena de librerías líder en Italia y una marca asentada como editorial en Europa, con más de 70 años de historia. ¿Por qué elegir Uruguay como primera sede fuera de Italia? ¿No era más sencilla la expansión dentro del continente europeo?

La expansión europea es posible, claro, pero el vínculo de Feltrinelli con el mundo hispanohablante ya estaba establecido con la adquisición de Editorial Anagrama y las librerías La Central en España. Había un camino recorrido. Y luego, en Montevideo, se dieron unas condiciones muy concretas que hicieron fácil la decisión: socios que conocen el terreno, un edificio extraordinario y un país con tradición lectora. Sincronicidades maravillosas que permiten que los proyectos e ideas se materialicen.

Los socios locales han dicho que hace años que desde Feltrinelli vienen mirando con interés desembarcar en Latinoamérica. ¿Por qué?

Porque Latinoamérica y Feltrinelli tienen una historia común que es anterior a cualquier plan de negocio. Giangiacomo viajó a Cuba, publicó el Diario del Che en Bolivia, trajo a autores latinoamericanos al catálogo cuando eso era una apuesta editorial arriesgada. Feltrinelli publicó la primera traducción mundial de Cien años de soledad.

Y, siguiendo con lo que mencionaba antes, a eso hay que sumarle Anagrama, que lleva más de 50 años presente en Uruguay. Fue el primer país fuera de España donde Jorge Herralde distribuyó sus libros, gracias a un acuerdo con Gustavo Fuentes, que estaba arrancando con lo que hoy es Gussi. Esa distribuidora sigue activa, ahora con sus hijos. O sea que el interés no es reciente. Lo que es reciente es que se hayan dado las condiciones para dar este paso.

¿Por qué Uruguay, que es un país pequeño, con 3 millones de habitantes y en el que muchos negocios naufragan?

Entiendo la pregunta, pero nosotros no elegimos mercados por tamaño de población. Elegimos contextos donde lo que hacemos tiene sentido. Uruguay es un país con una cultura lectora que no es proporcional a su tamaño. La relación de los uruguayos con los libros, las librerías y el debate de ideas es profunda. Es un país que lee y que valora el espacio público cultural. Eso para nosotros pesa más que el número de habitantes.

Y hay un factor práctico: la escala humana de Montevideo nos permite conocer a los lectores, construir comunidad de verdad, aprender. Es un buen lugar para hacer las cosas bien por primera vez fuera de Europa.

¿Cuál es el público objetivo? ¿En qué se parece y en qué se diferencia del público italiano?

El lector de librería se parece bastante en todos lados: es alguien curioso, que valora la selección y que prefiere encontrar algo que no estaba buscando antes que comprar por algoritmo. Eso es igual en Milán, en Barcelona o en Montevideo.

La diferencia está en el recorrido. En Italia, Feltrinelli tiene 126 librerías y es una marca que los lectores conocen desde hace décadas. Aquí empezamos de cero en cuanto a reconocimiento, aunque no en cuanto a oficio. Y el lector uruguayo tiene librerías de cabecera, circuitos, referencias que nosotros respetamos. No venimos a sustituir nada de eso. Venimos a añadir una propuesta con un fondo de más de 60.000 títulos, una mirada internacional, un espacio de programación cultural y ese rincón de Italia que va a estar presente en la librería.

¿Con qué dificultades se toparon al planificar la instalación?

Cada país tiene su forma de funcionar y hay cosas que solo aprendes sobre la marcha, por mucho que planifiques. De hecho, hoy seguimos aprendiendo y eso está muy bien. Las dificultades son las habituales en la creación de una nueva empresa y todo lo que conlleva.

Además, en este proyecto teníamos un fantástico reto con la restauración del edificio, que es un Monumento Histórico Nacional. Eso implica trabajar con la Comisión de Patrimonio, con unos estándares muy exigentes y respetar lo que el edificio es. Eso llevó tiempo y cuidado, pero el resultado ha valido la pena.

Y luego está el reto de configurar el surtido. Saber qué va a funcionar aquí, qué editoriales poner en la mesa, qué equilibrio entre lo local y lo internacional. Eso no lo sabes del todo hasta que abres y ves qué pasa. Por eso los socios locales son tan importantes: ese conocimiento del lector uruguayo es clave.

¿Cuál ha sido la respuesta del público uruguayo hasta ahora?

La verdad es que la respuesta nos ha sorprendido. Desde que abrimos las puertas hemos percibido el interés y la curiosidad de la gente. El edificio genera mucha curiosidad por sí mismo y eso ayuda a que la gente entre. Después, lo que la retiene es el fondo y la experiencia. Estamos contentos pero la referencia es pequeña todavía. Son pocos días y es pronto para sacar conclusiones. Lo importante ahora es escuchar, observar e ir ajustando.

¿Cuál sería el siguiente paso en el plan de expansión de Feltrinelli fuera de Italia?

Ahora mismo el siguiente paso es hacer bien lo de Montevideo. En serio. Es lo más honesto que puedo decir. Acabamos de abrir la primera librería fuera de Europa.

La vocación internacional existe, pero cada apertura tiene que responder a las mismas condiciones que esta: socios que conozcan el terreno, un buen espacio y lectores con los que dialogar.

La inversión total en Uruguay es de US$ 1 millón. ¿Pretenden ampliar esta inversión en el país?

No solemos entrar públicamente en cifras de inversión porque creo que lo relevante es otra cosa: el compromiso con el proyecto. La restauración de un edificio como el Pablo Ferrando requiere un nivel de cuidado y de recursos que va más allá de montar una librería. Hemos recuperado elementos que llevaban décadas deteriorados. Eso es una inversión en el patrimonio de la ciudad, no solo en nuestro negocio.

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