Mié 22/10/2008
Ante esa risa, todo se volvía absurdo y luminoso. Volvía el mundo del revés, lo arrasaba y luego lo hacía renacer en una especie de broma metafísica. En aquella habitación no había lugar para un hombre que no tuviera conciencia de su propia ridiculez. Paul Auster, La invención de la soledad.
- Ante esa risa, todo se volvía absurdo y luminoso. Volvía el mundo del revés, lo arrasaba y luego lo hacía renacer en una especie de broma metafísica. En aquella habitación no había lugar para un hombre que no tuviera conciencia de su propia ridiculez. Paul Auster, La invención de la soledad.