¿Qué cabe esperar de las empresas tecnológicas?

En un momento en que la economía mundial se recupera progresivamente de la pandemia, la inflación aumenta y la presión regulatoria crece, ¿qué empresas son capaces de generar un crecimiento y unos márgenes sostenibles gracias a su capacidad de liderar, fomentar o adaptarse al entorno cambiante en el que operan? ¿En qué se centrarán los inversores en lo que respecta a las empresas tecnológicas en el inicio de la temporada de resultados del tercer trimestre?

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A medida que llegamos al final de 2021, los inversores valoran, como es natural, cuál podría ser el crecimiento normalizado de las empresas favorecidas por la COVID-19. Por lo tanto, vamos a estar muy centrados en los indicadores relacionados con el engagement. Empresas como Netflix ya han conseguido tranquilizar a los inversores sobre su capacidad para sostener el crecimiento.

Según David Older, responsable de renta variable en Carmignac -una sociedad independiente de gestión de activos fundada en 1989-, las empresas de publicidad digital como Facebook y Snapchat se han visto más afectadas de lo esperado por los cambios en materia de privacidad, y resulta más complicado llegar a los consumidores con anuncios personalizados.
 


¿Cuál es la prioridad principal de un inversor global que invierte en el sector tecnológico? En lo que respecta al sector de la tecnología, existen tres temas que llaman la atención: el impacto de la inflación y la subida de los tipos en los modelos de negocio, las cuestiones regulatorias y las tendencias estructurales posteriores a la COVID-19.

En los próximos meses, los tipos de interés podrían subir por las preocupaciones vinculadas a la inflación, a lo que se suma el posible giro de los Bancos Centrales hacia políticas monetarias más restrictivas en un momento en el que el ritmo de crecimiento se está ralentizando. Por lo tanto, se espera que las empresas menos sensibles al ciclo económico y con poder de fijación de precios salgan mejor paradas que las demás. No es de extrañar que gran parte de esas empresas pertenezcan al sector tecnológico.

En vista de que el flujo de noticias sobre la regulación es cada vez mayor, nuestra misión es evaluar el impacto en los fundamentales más allá del ruido a corto plazo. Aquí se pueden extraer varias lecciones de la situación en China. 
 


Los objetivos de las autoridades chinas en el sector tecnológico son: fijar directrices antimonopolio, aplicar normas más estrictas en materia de protección de datos, promover el bienestar social y mejorar la ciberseguridad. Por lo tanto, la selección de valores seguirá siendo clave. De cara al futuro, esta normativa debería ser constructiva a largo plazo, ya que aportará a los inversores más visibilidad sobre los modelos de negocio y mejorará los estándares de gobierno corporativo.
 


La pandemia ha actuado como acelerador de las tendencias existentes. Aunque las compras por Internet, la educación a distancia y la telemedicina no son nada nuevo, la crisis de la COVID-19 ha intensificado su despliegue. Un buen ejemplo es la creciente intención de gasto en TI por parte de empresas no tecnológicas a fin de acelerar su transición digital. Esto debería suponer un impulso a largo plazo para la evolución de los valores tecnológicos.

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