Humana, con su directora María Methol

(Por Santiago Perroni) En nuestra sección “Un Día en …” el equipo de InfoNegocios visitó el residencial Humana y dialogó con María Methol, directora de la empresa.

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¿Cómo nació Humana?

Humana depende de Acompaña, que está instalada hace 11 años en el país. Hace un tiempo, los directores de la empresa se interesaron en empezar a poner redes de residenciales. Nosotros comenzamos en setiembre de 2014.  La casa fue restaurada y tiene dos pisos. Hay lugar para 29 personas, todo con camas ortopédicas, colchones antiescaras, teléfonos, televisores; todo para las comodidades del adulto mayor.

¿Qué los diferencia de otras empresas de similares características?

Tratamos de que la casa sea una casa familiar, con ciertas normas de respeto, pero que la gente venga cuando quiera. No tenemos horarios de visita. Tenemos un equipo muy bien capacitado y con enfermería en todos los turnos. Somos serios. Trabajamos con médicos de todas las sociedades, tenemos una directora técnica y somos muy transparentes cuando las personas vienen a conocer la casa. Acá no hay cambio de palabra, se da la pauta de cómo trabajamos y a la gente le interesa mucho eso. Por eso tuvimos éxito. También nos diferencia que a los adultos los hacemos caminar y andar mucho. De lunes a viernes tenemos actividades de continuo. Los fines de semana son más light porque, por lo general,  vienen los familiares de visita o se los llevan a almorzar.

¿Cuánta gente trabaja en el residencial?

26 personas. Tené en cuenta que para 29 residentes es un número muy elevado, eso también nos diferencia. En cada turno tenemos siete cuidadoras, una enfermera, una auxiliar de servicio y una cocinera. Como tenemos esta cantidad de personal, cuando alguien pide para ir al baño se lo lleva de inmediato.

¿Qué actividades realizan con los residentes?

Lunes, miércoles y viernes tenemos fisioterapia. Ahora vamos a agregar clases de gimnasia. Tenemos cantantes, clases de psicomotricidad y manualidades. Además, tenemos diarios para que lean y las cuidadoras se los leen a aquellos que no pueden leer. Armamos bingos, otros leen libros, algunos juegan a juegos y arman actividades con las cuidadoras, no solo con la gente que viene de afuera.

¿Qué tan importante es el equipo de trabajo cuando se presta un servicio de este tipo?

Primero que nada capacitamos al personal y estamos con reuniones de constante para funcionar mejor. Siempre tenemos cosas para aprender y mejorar. El equipo es muy importante porque saben cómo mover a los residentes para cuidarlos a ellos, para que no sufran y también para cuidar su columna.

La mayoría de las personas que residen en Humana seguramente preferirían estar en otro lugar. ¿Qué desafíos implica eso?

Eso les cuesta mucho. Hay gente que, según su patología, viene por una rehabilitación. Después las familias se dan cuenta que volver a las casas es un problema porque tienen que poner cuidadores en varios turnos porque todos trabajan y es imposible dedicarles el tiempo necesario. Ellos siempre añoran su hogar. Con el tiempo se les hace natural estar acá, aunque a algunos se les hace más difícil. Para eso buscamos no cambiarles sus hábitos y comprenderlos a ellos. Les digo que si invitaban amigos a sus casas, los inviten acá. Hay una señora que juega a las cartas con otros matrimonios y los días que le toca ser la anfitriona los invita acá. Es importante que ellos puedan mandar y pedir, para que se sientan en casa; que un día nos pidan papas fritas o un asado a la parrilla. No tiene que ser algo matemático ni ser siempre nosotros los que mandamos.

¿Cree que hay cierto tabú en la sociedad en relación a las casas de salud?

Sí. Si a mi madre le decis que venga a Humana te va a decir: “¿para qué tengo mi casa y para qué tengo mis hijos?”; es un tema generacional. En esta época la mujer salió a trabajar y todo va cambiando. Hay generaciones que esto lo toman de forma más natural. Saben que tienen a sus padres los 365 días del año cuidados, tomando medicación, con actividades y conviviendo en la sociedad con gente. En la casa les ponen a cuidadores, pero están solos. Allá mandan, si no se quieren levantar de la cama, el cuidador los deja. Si no se quieren vestir, andan sin ropa. Acá no es que no manden ellos, pero llevan un ritmo de vida. Se tienen que bañar, vestir, desayunan, se encuentran con otros. Se mantienen activos.

¿Cuánto cuesta internar una persona en Humana?

Eso depende del tipo de habitación: tenemos individuales, dobles y triples. Todas son grandes y luminosas. Las habitaciones individuales rondan los $ 125.000 por mes (incluyendo comidas, colaciones, actividades, el lavado de la ropa de los residentes, el servicio de enfermería, aire acondicionado y agua caliente central).

¿Cuáles son las principales dificultades que hay que afrontar en este rubro?

Siempre hay inconvenientes. Una persona que está con fiebre, otra que tiene una patología y tiene una convulsión. Se puede caer alguien. Nosotros no tenemos gente postrada, en cama y que no se pueda mover. No tenemos personas que necesiten cuidados paliativos. Pero te encontrás con problemas, no tenemos la varita mágica. Hay momentos que se viven con mucho estrés. Es una bomba de tiempo, puede estar todo tranquilo y se descontrola todo de golpe.

¿Cómo seleccionan quién va con quién en las habitaciones compartidas?

Primero hablamos con las familias acerca de las patologías de la persona. Buscamos que compartan habitaciones con gente que tiene la misma patología. Yo prefiero tener una cama libre antes que ofrecer algo que está mal. Si vos tenés a todos bien neurológicamente no podés poner a alguien a compartir cuarto con una persona que no está bien en ese sentido, porque eso al que está bien lo deprime. En este momento hay 26 residentes y tenemos lugar para 29 personas. Hay veces que nos vemos obligados a rechazar gente.

¿Cómo es su día en Humana?

Hace ocho años que trabajo con adultos mayores y llego feliz. Me preocupo mucho y lo tomo como si tuviera a mis padres acá. Encaro el trabajo con amor. Los directores me permiten trabajar muy libremente y me dan todo lo que necesitamos para ser mejores. Llego a las 10 de la mañana y me voy a las 9 o 10 de la noche, como me he ido de madrugada. Hasta que no esté todo al día, no me voy. Paso feliz acá. Es un lugar triste, porque hay gente que se va quedando por el camino, pero uno trata de hacerlo lo mejor posible. Tenés satisfacciones muy grandes y obtenés el reconocimiento de familias que te escriben cartas después que sus familiares mueren. Generás vínculos y lo que trabajás después lo recibís.

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