La resolución, adoptada el 1.° de diciembre del año pasado, dispuso la ampliación de una licitación abreviada originalmente prevista para el suministro de 8.000 contenedores intradomiciliarios de 120 litros, incorporando otras 8.000 unidades. De esta forma, el total del suministro asciende a 16.000 contenedores, según surge del expediente administrativo.
El contrato fue adjudicado a Rontil S.A. por un monto de EUR 139.248,56 (alrededor de $ 6,3 millones) correspondientes al proveedor, mientras que el total de la operación, incluyendo gastos de importación, alcanza los EUR 150.302,74 ($ 6,8 millones aproximadamente). El procedimiento fue tramitado por la División Limpieza y se enmarca en los criterios definidos por la administración departamental para reorganizar el sistema de recolección en zonas residenciales de baja densidad.
En diálogo con InfoNegocios, José María Sosa, director de Rontil, detalló que el volumen exigió planificación de abastecimiento, control de calidad, logística, soporte y coordinación con el cronograma de la Intendencia. Además, señaló que en el llamado participaron varias empresas y que la competencia fue intensa.
La firma opera en el mercado de equipamiento para la gestión de residuos desde 2004 y representa en Uruguay a la marca alemana SULO, fabricante de los contenedores adjudicados. Los equipos fueron producidos en la planta de Herford, en Alemania, y el primer lote de 8.000 unidades ya arribó al país. Tras el proceso de armado y verificación técnica, la IM comenzó la distribución entre los vecinos.
El esquema intradomiciliario que se está desplegando responde a prácticas utilizadas de forma extendida en ciudades de Europa, Estados Unidos y la región para barrios de casas. A diferencia del contenedor comunitario, más habitual en zonas de alta densidad, el sistema reduce la presencia permanente de residuos en la vía pública y traslada la gestión inicial al ámbito domiciliario.
En ese marco, Sosa remarcó que el principal diferencial del modelo no se limita a lo operativo. “Cuando el contenedor está asociado a una vivienda, se genera responsabilidad directa sobre qué se saca, cómo se clasifica y cuándo se dispone”, explicó. Según indicó, en barrios de casas los contenedores comunitarios suelen derivar en usos sin control, con impacto negativo tanto en la clasificación como en el entorno urbano.
Asimismo, el director destacó que este esquema favorece la clasificación en origen, uno de los ejes que el gobierno departamental incorporó dentro de su plan de gestión. Por otra parte, subrayó que la durabilidad del equipamiento resulta fundamental en esquemas de economía circular. “Si los propios insumos de gestión de residuos tienen una vida útil corta, el sistema termina generando nuevos residuos”, afirmó.
La experiencia de Montevideo se suma a antecedentes registrados en otros departamentos, como Canelones, y a implementaciones regionales, en tanto el modelo intradomiciliario es una práctica habitual en mercados más maduros para zonas residenciales de baja densidad.
Por último, Sosa señaló que el proyecto implicó exigencias operativas de peso, más allá del número de unidades involucradas. “Hay planificación de abastecimiento, control de calidad, logística, soporte y cumplimiento de plazos. “No es solo el suministro”, precisó. En ese sentido, sostuvo que este tipo de implementaciones deja aprendizajes que comienzan a incidir en futuras decisiones, en la medida en que se trata de un esquema probado en ciudades de la región y en mercados con sistemas de recolección más desarrollados.
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