Antel tiene un año para salvar a la ecuatoriana Telecsa

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, mandó parar las millonarias pérdidas de la operadora de telefonía móvil de ese país, Alegro PCS (Telecsa) causadas por la mala administración de la empresa. No sólo le dio un plazo de un año para pasar los números del rojo al negro, sino que la obligó a firmar un acuerdo de gestión con Antel, a través de sus servicios de consultoría. Si pasado el plazo no se logran resultados, la empresa se pondría a la venta. Según el propio presidente Correa, “Telecsa se ha convertido en un saco sin fondo que le ha saqueado recursos al país”, por lo que le dará la última oportunidad para que la empresa cree una alianza estratégica con la empresa telefónica uruguaya. “Tenemos que sacrificar un poco de dinero pero si siguen perdiendo plata, vendemos Alegro, señores.  Y si eso causa la desaparición de la Corporación  Nacional de Telecomunicaciones que pena, pero no puede seguirle costando tanto al pueblo ecuatoriano”, remarcó. Telecsa es propiedad total del operador ecuatoriano de línea fija Andinatel. La compañía cuenta con una licencia de servicios móviles avanzados a 15 años, que se adjudicó en abril de 2003, y lanzó servicios en diciembre del mismo año con la marca comercial Alegro PCS.

“Uruguay es hoy uno de los mejores países del mundo para planear inversiones a largo plazo” (Román Viñoly, CEO de Integrated Development)

(Por Cecilia Presa) El empresario reflexiona sobre por qué el país se volvió un lugar estratégico para invertir, cómo nació Médano —un edificio de 50.000 m² que busca redefinir el residencial de alta gama en la costa— y qué aprendizajes de su padre el arquitecto Rafael Viñoly están guiando la nueva etapa de la empresa.

José Cujó, contratista principal del último proyecto de Rafael Viñoly: Médano by Viñoly, un desafío técnico y simbólico en El Pinar

(IN Content) La constructora uruguaya José Cujó S.A., con más de 70 años de trayectoria, participa de la construcción de Médano by Viñoly, la obra residencial que representa el último diseño del arquitecto Rafael Viñoly en vida. Ubicado en la entrada de El Pinar, el desarrollo se caracteriza por su exigencia técnica y su dimensión simbólica, situando a la empresa al frente de una obra de gran complejidad en el mercado uruguayo.