Roberto Santomauro, director Arqrs – Estudio de arquitectos

¿Por qué desde el extranjero suelen venir a buscar arquitectos uruguayos para proyectos fuera del país? ¿Qué es lo que tiene el profesional de la arquitectura en Uruguay que es tan valorado afuera? Roberto Santomauro, experto en arquitectura corporativa y textil, estuvo con nosotros en el showroom de Reiki, firma líder en cerramientos vidriados móviles en Brasil y Argentina.

En 2018 su estudio de arquitectura cumple 30 años. ¿Cómo evalúa estas tres décadas desde la situación actual de la empresa: todo tiempo pasado fue mejor o lo mejor está por venir?

Lo mejor está por venir. El mercado se ha ampliado a nivel de lo que es la construcción, la arquitectura, las nuevas tecnologías, las nuevas oportunidades. Incluso los programas han ido evolucionado, se han ido incrementando y otros se han puesto más dinámicos.

¿Las nuevas tecnologías ayudan más de lo que desafían?

Las nuevas tecnologías generan cambios, que se van produciendo de manera natural al buscar mejorar calidades y rendimientos, mientras se adaptan a las circunstancias. En realidad, hay buenas cosas que se hicieron antes, otras que se están haciendo ahora y a futuro también las habrá, pasa que las condicionantes son distintas. Hay cosas que antes no se podían hacer porque eran muy caras, por ejemplo, y ahora sí son posibles gracias a las nuevas tecnologías.

¿Cómo creés que ha sido la evolución del nivel general del diseño y de la arquitectura en Uruguay en todo ese tiempo? ¿Hoy en día hay propuestas mucho más interesantes u originales que antes?

Uruguay se caracterizó siempre por tener propuestas muy interesantes, te diría incluso que desde principio de siglo. Si bien siempre estuvo mirando hacia el mundo, ha reinventado la arquitectura y los sistemas constructivos al tomar lo mejor de ellos, no copiando. Uruguay siempre tuvo esa particularidad de ser bastante abierto y de haber reformulado las propuestas.

Tanto en tu estudio como en Sobresaliente, tu otra empresa, han hecho una gran cantidad de trabajos para el exterior. No sería la primera vez que escuchamos de contactos del extranjero que vienen a buscar a profesionales uruguayos para sus proyectos. ¿Qué es lo que tiene el arquitecto local que llama la atención del resto del mundo?

Tiene una formación sólida, que por más de que los uruguayos decimos que acá todo es peor, sigue siendo sólida. El arquitecto uruguayo es un profesional que tiene una formación, además, bastante amplia y abierta en contraposición de arquitectos de otros países. La formación que se brinda en Uruguay es bastante más específica y completa en varias áreas. Aunque el hecho de que el profesional uruguayo sabe un poco de todo y no profundiza puede ser un problema, también es una ventaja porque puede jugar en cualquier cancha y con cualquier escala.

Lo que busca la gente de afuera que llega a contratar a un arquitecto uruguayo es precisamente eso, la buena formación profesional que tiene y que este pueda estar al tanto de distintas cosas que pasan en el rubro. Eso es una virtud nuestra.

Tanto que se mencionan los problemas educativos en Uruguay, esa virtud habla muy bien de la Facultad de Arquitectura…

Sí. Hoy realmente está mucho más amplia y abierta. Siempre hay cosas para mejorar, pero sin duda que es una universidad, en el sentido literal de la palabra, bien universal. Siempre está pendiente para desarrollarse y estar al tanto de las tendencias.

¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrentan los arquitectos uruguayos?

Los arquitectos uruguayos tenemos las mismas limitaciones en oportunidades que puede haber en otros rubros. Es un país chico. La burocracia y lo lento que es el país para resolver ciertos asuntos también trancan la profesión.

En una entrevista que te hicieron en Arquitectos del Uruguay, mencionaste que las obras que más te representan son las de arquitectura corporativa. ¿Qué es lo que más te gusta de trabajar en ese tipo de proyectos y cuáles son los principales desafíos?

La arquitectura corporativa tiene una particularidad muy interesante, si bien el cliente no tiene nombre y apellido, porque cuando uno hace un edificio, muchas veces no se sabe quién va a instalarse, se sabe qué es lo que va a buscar. El cliente corporativo tiene una pata comercial, una funcional, otra de marketing, entonces hay una definición muy concreta de lo que hay que hacer con el proyecto. Lo que uno tiene que hacer como arquitecto es obedecer pautas, porque ya hay un esquema bien definido, que hace que sea una instancia muy linda de trabajo y muy redituable.

¿No hay riesgo de caer en la repetición?

Exacto, yo pensaba lo mismo y es verdad. Hay repetición en todos los casos de arquitectura, porque cuando hacés viviendas, también empezás a repetir. Contamos con herramientas como los espacios y los colores, y estas son las que usamos para generar cosas. Siempre estamos repitiendo, pero en el caso de la arquitectura corporativa ocurre un poco más, porque hay que respetar siempre determinados colores y señalética. De cualquier manera, como en todos los campos de arquitectura, una vez que te metés de lleno y conocés el oficio, te das cuenta que siempre tenés limitantes, pero estás permanentemente haciendo arquitectura y trabajando aspectos diferentes.

Si tuvieras que elegir una sola obra o proyecto de todos en los que has trabajado. ¿Cuál sería?

Todo lo que hemos trabajado en arquitectura corporativa para la empresa Avianca, que es internacional.

¿Cómo creés que evolucionará la arquitectura en una década?

Seguimos teniendo, como en casi todos los países, un déficit de viviendas, por lo que se van a seguir haciendo. Así se van a seguir desarrollando buenos ejemplos de edificios, sobre todo por lo que ha generado la ley de Vivienda Promovida. Por otro lado, se están desarrollando muchos emprendimientos de tipo logístico, porque creo que Uruguay ya no va a ser un Estado tapón entre Argentina y Brasil, sino que se va a definir como un Estado de conexión.

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