Alur recicló más de 2,5 millones de litros de aceite de cocina (y expandió su programa a Río Negro y Salinas)

Alcoholes del Uruguay (ALUR) sigue expandiendo su plan de reciclaje de aceite de cocina usado, y recientemente alcanzó un nuevo hito al superar los 2,5 millones de litros recolectados desde el inicio del programa. Esta iniciativa no solo contribuye al cuidado del medio ambiente, sino que también promueve la economía circular. 

 

La semana pasada, ALUR firmó un acuerdo con la Intendencia de Río Negro, abriendo nuevas posibilidades para la recolección de aceite usado en este departamento. El convenio permitirá que tanto la industria, como los comercios y hogares de Fray Bentos y Young participen del programa, transformando este residuo en biodiesel de segunda generación.

Por otro lado, esta semana se inauguró un nuevo punto de recolección en el Municipio de Salinas, una de las zonas más densamente pobladas de la costa de Canelones. La novedad en este punto es la incorporación de una máquina inteligente, que facilita la entrega del aceite usado de forma más automatizada y accesible para la ciudadanía.

“Hasta el 13 de diciembre, ALUR ha recolectado 2.542.362 litros de aceite de cocina usado, los cuales se han transformado en biodiesel de segunda generación, con una notable reducción de 6.752.513 kg de CO2 equivalente en comparación con el uso de gasoil de origen fósil. Esta gestión adecuada de residuos también evitó la contaminación de más de 2.500 millones de litros de agua”, comentó el Lic. Alejandro Alzogaray, coordinador de Comunicación y Marketing de ALUR.

El programa de reciclaje, que ya está presente en 9 departamentos del país, se destaca no solo por sus beneficios ambientales, sino también por su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Con la incorporación de nuevas localidades como Río Negro y Salinas, el alcance del programa sigue creciendo.

En el departamento de Canelones, hasta el momento se recolectaron 28.617 litros de aceite. Allí, el programa funciona en múltiples puntos clave como el Shopping Costa Urbana, Disco del Pinar, y en diversos municipios, incluyendo Salinas y Atlántida. Además, la red de recolección incluye estaciones de ANCAP y la Escuela Sustentable de Jaureguiberry, lo que demuestra la colaboración entre el sector público y privado para impulsar la sostenibilidad.

El jefe de división logística de ALUR, Adrián Gómez, destacó las estrategias que está implementando la empresa para lograr la cobertura nacional del programa. Según explicó, una de las acciones clave fue la generación de alianzas con intendencias y actores privados. Estas alianzas permitieron establecer puntos de recolección en numerosas localidades del país, a la vez que se instalaron centros de acopio regionales, estratégicamente ubicados. 

Gómez subrayó que el objetivo es abarcar todas las fuentes posibles de aceite usado: “El alcance de estos puntos de recolección y acopio será para recolección hogareña, comercial e industrial”. 

Para involucrar a las empresas locales, ALUR ofrece un servicio adecuado para la disposición del aceite usado, un residuo altamente contaminante. "A los recolectores les brindamos un marco de trabajo formal, donde se valoriza este residuo alimenticio de forma segura", comentó Gómez.

La incorporación de nuevas tecnologías, como las máquinas inteligentes para la recolección de aceite, también juega un rol fundamental en el éxito del programa. Estas máquinas permiten una recolección más accesible, eficiente y automatizada, favoreciendo la participación ciudadana. "Los recipientes son reutilizables, las máquinas son automáticas, y permiten una planificación eficiente de la recolección a través de su sistema integrado", explicó el responsable logístico.

En cuanto al impacto económico, el programa demostró ser una herramienta fundamental para la generación de empleo y el fortalecimiento de la economía circular en Uruguay. "Es un plan que generará puestos de trabajo con agregado de valor genuino y de forma inclusiva. La recolección y tratamiento del aceite puede ser desarrollada por personas de contextos críticos y vulnerables a través de ONGs e instituciones sociales públicas o privadas", destacó Gómez. Además, subrayó los beneficios ambientales, como la reducción de emisiones de CO2 y la protección de los cursos de agua y suelos.

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