No solo le pidas un deseo al panadero (convertilo en una joya única)

En el Balneario Buenos Aires, departamento de Maldonado, está el taller de Casiopea, donde Yasmín Acourt crea, desde 2019, lo que ella denomina como “joyería botánica”. Sí, rodeada de un acogedor jardín con huerta, cerca del mar, el campo y el monte, Acourt produce en plata y oro dijes, anillos y caravanas con flores y plantas naturales, desde panaderos a jazmines, tréboles y algas marinas.

De vocación curiosa y autodidacta, Yasmín Acourt cultivó toda su vida –dice ella– el arte de hacer cosas. Como si el nombre de flor que eligió su padre le hubiera signado un destino con las plantas, Acourt heredó además la “mano verde” de su madre.

“Me crié entre huertas, caballos y montes. Inicialmente en Médanos de Solymar, luego en Villa Serrana y desde 2004, siempre cerca de la costa oceánica, en mi actual nido-casa-taller en el Balneario Buenos Aires, donde nació Casiopea, un proyecto de joyería botánica en el que se conjugan, armonizan y dialogan mis pasiones e inquietudes”, dijo Acourt a InfoNegocios, agregando que le gusta pensar que la especialidad de Casiopea son los panaderos, “porque inicialmente fue lo que motivó la búsqueda: la primera pieza de resina que hice, en 2017, fue un panadero y aún lo conservo”.

Según la emprendedora, aquel panadero “es una pieza tosca, oscura, mal lograda, de terminaciones rústicas, pero fue una piedra angular, porque supe que tenía algo muy bueno entre manos, pero para que fuera realmente bueno también supe que iba a implicar mucho tiempo y dedicación. Y se lo di”.

Recién dos años después de aquel primer acercamiento a la joyería botánica salieron a la venta las primeras piezas de Casiopea, cuya característica principal desde entonces es trabajar con flores frescas y botánicas recién cosechadas, salvo en casos puntuales donde la botánica se expresa mejor seca o prensada.

“Siempre tengo una colección o una disponibilidad de 80 a 100 piezas en total, entre dijes, collares, anillos, caravanas y brazaletes. Depende mucho de la época del año, porque por ejemplo ahora que hay muchos narcisos, dedico buena parte del trabajo a la recolección y al trabajo en el taller, donde en un día puedo llegar a hacer unas 20 piezas”, sostuvo Acourt, agregando que no todas las piezas pueden llegar al proceso final, “dado que se trata de todo un proceso con la resina muy específico, técnico, pero a la vez impreciso, incontrolable, pero de ahí lo mágico de todo este trabajo con las flores y plantas, cuando una pieza fragua el resultado es maravilloso”.

Si bien todo el proceso de conservar la delicadeza y la expresión viva de la botánica está en las manos de Acourt, no trabaja sola en Casiopea. De hecho, el proceso final de transformar esas artesanías en piezas de joyería está en manos de orfebres, responsables de engarzar los trabajos en plata 925 u oro 18k.

Más allá de este plano material, otra de las características principales que tiene Casiopea para su creadora es la simbología histórica que tiene cada planta, “porque muchas cuentan con una larga tradición de significados, registrados por ejemplo en la floriografía o lenguaje de las flores, un sistema de comunicación secreta muy popular en el siglo XIX, en la época victoriana”, remarca Acourt.

Según la emprendedora, en una sociedad que reprimía la expresión de los sentimientos y emociones, el lenguaje de las flores lograba saltar las barreras de la estricta etiqueta con mensajes cifrados, escondidos en insospechados ramilletes y muchos de esos significados siguen vigentes.

“Para cada flor o planta, como si fuera un delicado tejido, se entrelazan propiedades medicinales, usos ceremoniales, valor culinario en caso de tenerlo e incluso semejanzas con cuentos y leyendas que surgieron a raíz de ese mismo acervo cultural. Ese entramado es su simbología”, dice la creadora de Casiopea, remarcado que “si a todo esto le sumamos el sentido especial y particular que tiene para una personas asociar, por ejemplo un panadero, a un momento vital o un recuerdo específico o a una persona importante, la pieza es entonces una combinación perfecta, porque es una joya que a su vez es un talismán o amuleto que va a querer cerca”.

Según Acourt, el 85% de la comercialización en Casiopea es de dijes, y si bien el negocio tiene base en Maldonado, el 70% de los encargos son de Montevideo.

“Como dije antes, suelo tener una amplia disponibilidad de piezas, pero si alguien desea algo personalizado o un encargo especial, pueden elegir entre una variedad aún mayor de lo que llamo piezas vírgenes, que no están terminadas y en algunos casos aún permiten intervención, como por ejemplo un fondo de color distinto o la incorporación de cenizas u otros pequeños objetos”, dijo Acourt, agregando que “también está la posibilidad de realizar encargos desde cero con botánicas específicas que nos hacen llegar directamente al taller o incluso, hace poco, me trajeron un caballito de mar que encontraron en la cosa”.

Según la emprendedora, el nombre Casiopea está inspirado en uno de los personajes de la novela Momo de Michel Ende y es una tortuga mágica que tiene la capacidad de ver el futuro cercano y cuanto más lento camina, más rápido avanza.

“Es un personaje que tiene a su favor el tiempo y la paciencia, confía en su intuición y en el camino. Cuando Casiopea aparece es un buen augurio: todo va a salir bien”, remarca Acourt.

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