Nacida en un vestuario de fútbol y desarrollada por un grupo de jugadores profesionales, la marca argentina Kiricocho tiene como finalidad representar la historia, la cultura y la pasión por el deporte más hermoso del mundo: el fútbol. El punto es que ahora, Kiricocho desembarcó en Uruguay, en la esquina de Coronel Alegre y Silvestre Blanco, tratándose de la primera apertura fuera de fronteras que hace la marca.
Los futboleros sin duda están más que familiarizados con la palabra, pero para quienes no conocen el término “kiricocho”, se trata de expresión popular muy utilizada como cábala para atraer la mala suerte al equipo contrario.
Los que saben dicen que Kiricocho era el apodo de un hincha de Estudiantes de la Plata, quien en la década del 80, cuando el equipo era dirigido por Carlos Bilardo, frecuentaba los entrenamientos y lo que sucedía era que siempre que iba algún jugador del plantel terminaba lesionado. Bilardo en vez de alejar a esta persona decidió utilizarla a su favor, asignándole la tarea de recibir a los planteles rivales en los estadios para transmitirles su “mufa”, su “yeta”, su mal agüero. ¿Qué pasó? Estudiantes de La Plata salió campeón en ese torneo de 1982, perdiendo un solo partido en todo el campeonato: el único en el que el hincha, Kiricocho, no fue al estadio.
Ahora bien, la marca nació de la mano de dos futbolistas de la liga de ascenso argentina, Juan Diego Fontenla y Martín Mazza, del Club Atlético Excursionistas de Bajo Belgrano.
En la vecina orilla, Kiricocho cuenta actualmente con 13 locales –que ellos denominan Estadios–, dos en la capital de Buenos Aires y el resto en distintas ciudades de varias provincias del país. El local de Uruguay es el primero que sale de fronteras.
Si bien la marca en Uruguay tiene mucho de su indumentaria oficial –relacionada al fútbol en un aspecto más genérico–, lo interesante de Kiricocho en nuestro país es que adoptó valores históricos e idiosincráticos de la garra charrúa. Por ejemplo, la camiseta celeste con la copa Jules Rimet como escudo en la parte de adelante y el Nº 5 en rojo en la espalda, casi como una réplica de la casaca con la que jugó Obdulio Varela en el Mundial de 1950.
Así que para quienes saben de fútbol y busquen vestirse con una prenda que además habla de historia, el lugar es Pocitos, en la esquina más mufa de los negocios, donde llegó Kiricocho.
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