“Uruguay puede escalar si juega en ligas más grandes” (mano a mano con Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research)

En diálogo con InfoNegocios, el especialista español, catedrático de la Universidad de Valencia, explicó a InfoNegocios por qué el acuerdo Mercosur-Unión Europea puede marcar un antes y un después para las empresas uruguayas, entre otras cosas, en el marco de su participación en un foro organizado por la Cámara de Comercio Española.

En un contexto global atravesado por tensiones comerciales, reconfiguración de cadenas de valor y avances tecnológicos, la internacionalización vuelve al centro de la discusión económica. En ese sentido, el economista español Rafael Doménech —catedrático de la Universidad de Valencia y responsable de Análisis Económico de BBVA Research— participó en Montevideo de un foro organizado por la Cámara de Comercio Española, puso el foco en una idea que atraviesa siglos de pensamiento económico: el comercio internacional como motor de crecimiento.

Con el caso de España como referencia —un país que multiplicó el peso de sus exportaciones en las últimas cinco décadas—, Doménech analizó, en diálogo con InfoNegocios, qué lecciones pueden trasladarse a Uruguay. Institucionalidad sólida, base digital y un eventual acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea aparecen como piezas clave de una ecuación que, según el economista, puede impulsar productividad, inversión y bienestar.

¿Cuán importante es la internacionalización como motor de transformación económica, tomando como referencia el caso español?

La evidencia internacional es muy clara: el comercio internacional es un motor de crecimiento, de progreso y de prosperidad. No es algo nuevo; ya lo señalaban pensadores como Adam Smith o David Ricardo hace siglos.

Existen dos grandes canales a través de los cuales el comercio impulsa ese desarrollo. El primero es el aumento de la productividad: las empresas se vuelven más eficientes, crecen en tamaño, se reasignan mejor los recursos y acceden a tecnología y conocimiento global. Además, al competir internacionalmente, se integran en cadenas de valor y generan incentivos para mejorar las instituciones.

El segundo canal es que todo esto eleva la rentabilidad de las empresas, lo que impulsa la inversión y la innovación. Eso permite acumular más capital físico, humano y tecnológico. La combinación de empresas más productivas e inversoras da lugar a economías que crecen más rápido y alcanzan mayores niveles de bienestar.

En el caso de España, esto se refleja claramente: el peso de las exportaciones de bienes y servicios sobre el PIB pasó de cerca del 10% a comienzos de los años 70 al 36% en 2025. Es decir, un aumento de más de 25 puntos porcentuales en poco más de cinco décadas. Ese proceso ha sido clave para la modernización del país.

¿Cómo se puede trasladar esa experiencia al caso uruguayo, considerando su escala más limitada?

Detrás de los procesos de internacionalización exitosos hay avances en integración económica y mejoras institucionales. En España hubo hitos fundamentales, como el plan de estabilización de 1959 o la entrada en la Unión Europea en 1985, que luego dio lugar al mercado único.

Uruguay parte de una base favorable: tiene instituciones sólidas y un estado de derecho más robusto que otros países de la región. Eso es fundamental para atraer inversión y facilitar la internacionalización.

Además, hay una oportunidad muy relevante en los servicios. Con las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, muchas barreras tradicionales desaparecen. Una empresa uruguaya con buena base tecnológica puede prestar servicios a nivel global sin necesidad de gran escala física.

Uruguay ya muestra una base digital razonable, lo que constituye un buen punto de partida para impulsar la productividad, la innovación y la expansión internacional.

¿Qué relevancia tiene el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea en este contexto?

Es fundamental. La evidencia muestra que cuando se firman acuerdos de este tipo, el comercio entre las regiones involucradas da un salto significativo.

Para Uruguay, el acceso a un mercado tan grande como el europeo representa una oportunidad enorme. Si bien el país tiene una escala limitada, sus empresas pueden compensarlo accediendo a mercados más amplios.

Además, España puede funcionar como una plataforma de entrada a Europa. Es un hub para inversión, financiación y redes comerciales dentro de la Unión Europea. Para las empresas uruguayas, puede ser una puerta de entrada muy eficiente para escalar en ese mercado.

¿Qué sectores podrían verse más beneficiados con este tipo de acuerdos?

No tengo un detalle sectorial específico, pero en general estos acuerdos generan oportunidades bastante transversales.

Lo que sí está claro es que ya no se trata solo de exportaciones de bienes. Cada vez tienen más peso los servicios, lo que abre oportunidades tanto para empresas europeas como uruguayas.

En un contexto global marcado por tensiones comerciales y fragmentación, ¿por qué sigue siendo importante la internacionalización?

Precisamente por eso, es doblemente importante.

Por un lado, aunque existe cierta fragmentación —con aranceles o barreras comerciales—, esta afecta sobre todo a los bienes. La globalización de los servicios sigue avanzando y no se ha detenido.

Por otro lado, la mejor forma de contrarrestar esas barreras es generar nuevas oportunidades en otros mercados. Es decir, compensar lo que se pierde en una región con crecimiento en otras.

Acuerdos como el de Mercosur con la Unión Europea permiten justamente eso: abrir nuevos espacios de comercio y mitigar los efectos de un contexto internacional más incierto.

¿Cómo percibe la actitud del empresariado uruguayo frente a la internacionalización?

He tenido la oportunidad de escuchar tanto a autoridades como a empresarios uruguayos, y la visión es claramente positiva.

Hay una mirada realista, porque internacionalizarse implica desafíos: exige competir, ofrecer productos y servicios de mayor valor agregado y adaptarse a estándares internacionales. Pero también hay una comprensión clara de las oportunidades.

Se entiende que el comercio internacional ha sido, históricamente, la base de la prosperidad económica y social de los países. Y eso abre una oportunidad no solo para las empresas, sino para Uruguay en su conjunto.

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