El desarrollo residencial Montevideo Harbour, impulsado por González Conde Construcciones frente a la bahía de Montevideo, atraviesa su etapa final de obra con más de 530 unidades comercializadas y una inversión total que, una vez culminado el emprendimiento, rondará los US$ 100 millones.
Las obras comenzaron en 2022 y, según explicó a InfoNegocios Juan Diego González, director de González Conde Construcciones, el proyecto mantiene el cronograma previsto, aunque las primeras entregas llegarán antes de lo establecido originalmente en los contratos con los compradores.
“En el cronograma de obra formal que se entrega a los compradores estábamos previendo la entrega en el primer semestre del 27”, señaló González, quien destacó que la empresa comenzará a entregar las primeras unidades a fines de setiembre de este año, para completar progresivamente las entregas hasta marzo de 2027.
Uno de los principales desafíos del emprendimiento fue precisamente su ubicación. Montevideo Harbour se desarrolló en la zona oeste de Montevideo, sobre la Rambla Baltasar Brum, un entorno que hasta ahora no tenía un marcado perfil residencial, aunque forma parte de una zona estrechamente vinculada con la historia de la ciudad.
González indicó que la expectativa de la empresa era positiva, aunque inicialmente existía cierta incertidumbre respecto de la respuesta del mercado. Y la comercialización terminó superando las previsiones. “La gente respondió mucho mejor de lo que esperábamos en cuanto a los objetivos activos de venta que nos habíamos planteado, fueron superados y al día de hoy tenemos unas 530 unidades más o menos vendidas”, dijo el empresario. Ese volumen representa más del 80% del proyecto, mientras que la obra avanza hacia su finalización.
Para González, el comportamiento de las ventas también permitió despejar una de las grandes incógnitas que acompañaban al proyecto: si los compradores efectivamente estarían dispuestos a vivir en esta zona de Montevideo.
En ese sentido, resultó especialmente significativo el comportamiento de las unidades de tres dormitorios. “La prueba de fuego fue que, respecto a esa incertidumbre, si la gente se vendría a vivir acá, las unidades que primero se acabaron, la tipología de unidades que primero se acabó fue la de tres dormitorios”, destacó.
La relevancia de este dato reside en que ese tipo de apartamentos suele estar más asociado a compradores que buscan una vivienda para uso propio que a inversores. Aunque González no manejó un porcentaje exacto de compradores finales e inversores, sí afirmó que la composición fue diferente a la observada en otros edificios de vivienda promovida desarrollados por la compañía. “Fue mayor el porcentaje de destinatario final, es decir, de las personas que vienen a vivir, respecto a los inversores. Está bastante equilibrado, pero se volcó un poco a favor de los que vienen a vivir”, explicó.
La ubicación, además, parece haber encontrado un público natural entre quienes ya se movían habitualmente por el área oeste de Montevideo, el Centro y las zonas suburbanas. “El público objetivo fue siempre el que valoraba esta zona nueva desde el punto de vista residencial”, indicó González, aunque, matizó: “La bahía de Montevideo con el Cerro de Montevideo, que está aquí enfrente al edificio, son referencias de la ciudad”.
La percepción de distancia respecto del resto de Montevideo también parece haber jugado un papel en la decisión de los compradores. Para González, la zona tiene una conexión más directa con la ciudad de lo que puede sugerir el imaginario colectivo. Desde Montevideo Harbour, explicó, se llega a Ciudad Vieja en unos cinco minutos, a la zona de la Intendencia, 18 de Julio y Ejido en unos 12 minutos y al Palacio Legislativo en seis o siete minutos.
En cuanto a la composición de los compradores, la presencia de extranjeros ha sido reducida. González estimó que los compradores argentinos representan menos de 10%, mientras que la gran mayoría corresponde a uruguayos.
El proyecto también mantuvo su presupuesto original, con “algunas” variaciones propias de una obra de varios años. Entre esos factores mencionó la evolución del tipo de cambio y la diferencia entre una estructura de ventas predominantemente en dólares y costos que se expresan en pesos. Aun así, aseguró que “estuvo todo dentro de los márgenes previstos”.
La financiación de Montevideo Harbour combina fondos propios de la empresa y los recursos provenientes de las ventas del proyecto. Una vez finalizado, el desembolso total alcanzará aproximadamente los US$ 100 millones.
En tanto, González Conde ya tiene nuevos proyectos en distintas etapas de desarrollo. La empresa prevé comenzar este año un edificio de alta gama en Carrasco, sobre la calle General French. A ese emprendimiento se sumaría, posiblemente entre fines de este año y comienzos del próximo, un proyecto de vivienda promovida en el Centro de Montevideo, con unas 150 unidades.
“Tenemos unos cuantos proyectos en carpeta con distintos grados de avance”, adelantó González. Además, la desarrolladora tiene otros emprendimientos residenciales en desarrollo, dos de ellos en las proximidades de Montevideo Harbour, aunque todavía se encuentran en una etapa de gestación y no fueron anunciados públicamente.
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