Hablar de inteligencia artificial hoy es sinónimo de dialogar sobre gestión, estrategia y, cada vez más, capacidades humanas. La mayoría de las empresas uruguayas ya tienen sobre la mesa a la IA, aunque todavía transitan una etapa inicial en la que el principal desafío no parece ser reconocer su importancia, sino encontrar la forma de traducir su potencial en acciones concretas que generen valor.
Ese será uno de los ejes de la charla “Cómo escalar la inteligencia artificial y generar valor real, y las 10 habilidades que hoy marcan la diferencia en un mundo transformado por la IA”, que tendrá lugar el próximo jueves 3 de setiembre en el Hyatt Centric Montevideo, convocada por Advice y producida por Piano Piano. El encuentro tendrá como speakers a Santiago Illa (director Comercial de Carso Group), y Marcelo Estapé, gerente general de IBM, y será moderado por el periodista Nicolás Lussich.
El hombre, que es board member de empresas como Avanti y Malatic, será uno de los encargados de abordar las nuevas habilidades profesionales que demanda este escenario y, en diálogo con InfoNegocios, planteó que la conversación debe partir de una premisa poco habitual cuando se habla de una tecnología que avanza a una velocidad inédita: nadie sabe con certeza hasta dónde llegará la inteligencia artificial.
“Acá no hay expertos en estos temas. Todo el mundo está aprendiendo, más allá de que obviamente hay gente con muchísimo más idoneidad”, señaló Illa. Por eso, entiende que el abordaje debe hacerse desde un proceso de aprendizaje y no desde la posición de quien pretende tener respuestas definitivas frente a un fenómeno todavía en plena transformación.
La diferencia entre el uso personal de estas herramientas y su incorporación efectiva a las compañías aparece, precisamente, como uno de los principales puntos de tensión. Según Illa, existe actualmente una gran adopción a nivel individual de la inteligencia artificial, pero son mayores los desafíos cuando se trata de incorporarla de manera sistemática dentro de las empresas.
En el ámbito corporativo uruguayo, sostuvo, el tema ya está instalado. “Como todo el sistema corporativo uruguayo estamos en la agenda y estamos recién haciendo los primeros pasos para incorporarlo”, explicó. El desafío siguiente consiste en pasar de esa agenda a la ejecución: “Una cosa es decir ‘tenemos que avanzar en esto’ y otra cosa después es poder traducirlo en cosas concretas”.
En ese proceso ya aparecen experiencias de automatización y otros usos, pero para Illa todavía queda un trecho importante por recorrer para aprovechar todo el potencial de la herramienta. Y allí la discusión entra de lleno en el terreno de las personas.
La inteligencia artificial, sostiene, no impactará de la misma manera sobre todos los puestos de trabajo ni sobre todas las personas que ocupan una misma posición. La relación que cada profesional construya con estas herramientas puede marcar una diferencia sustancial. “La inteligencia artificial no es neutra. No es que va a canibalizar algunos puestos y otros no. También dentro de los mismos puestos, depende de cómo vos te relaciones con la inteligencia artificial, vas a ser canibalizado o vas a potenciarte con esa inteligencia artificial”, afirmó.
Ese cambio de paradigma también modifica la valoración de las capacidades profesionales. Para Illa, algunas de las habilidades que adquieren mayor relevancia son precisamente aquellas que durante años quedaron relegadas frente a la formación académica tradicional.
Una de ellas es la mentalidad de crecimiento, asociada también a una mentalidad de dueño o emprendedora. La idea supone abandonar el rol de ejecutor pasivo y asumir una actitud de aprendizaje permanente. “Hay que saber aprender, desaprender y volver a aprender”, resumió.
Aceptar que buena parte de los conocimientos que fueron construidos durante años pueden perder vigencia o necesitar ser reformulados, en eso consiste la propuesta de Illa. “Eso es un desafío para los egos profesionales de cada uno”, sostuvo.
De la mano con esto aparece la capacidad para gestionar la incertidumbre. Si antes una empresa podía proyectar su estrategia a cinco años con cierto grado de previsibilidad, el nuevo contexto obliga a convivir con horizontes mucho menos claros. “Antes hacías un plan estratégico a cinco años, ahora lo hacés a dos años y no sabés dónde vas a estar en dos años”, planteó Illa.
Esa incertidumbre también involucra a los competidores, los mercados y las tecnologías que pueden aparecer o transformarse en el camino. Por eso, aprender a desenvolverse se convirtió en una competencia profesional en sí misma.
Otra habilidad que gana peso es la capacidad de hacer mejores preguntas a la inteligencia artificial, lo que Illa identifica como “prompting estratégico”. Pero no se trata simplemente de aprender a formular instrucciones para una herramienta. Para obtener respuestas útiles es necesario comprender qué se está buscando.
“La inteligencia artificial te da tanta información que podés quedar perdido”, advirtió. El criterio, el conocimiento del problema y la capacidad para formular una buena pregunta siguen siendo elementos centrales a la hora de aprovechar la tecnología.
A eso se suman otras capacidades vinculadas con la interacción humana, como la influencia y el pensamiento sistémico. En un mundo corporativo que Illa define como prácticamente “100% relacional”, saber influir adquiere un valor creciente. El pensamiento sistémico, en tanto, implica mirar más allá del propio equipo y comprender cómo interactúan el entorno, la competencia y las distintas partes de una organización.
La transformación también alcanza a los criterios con los que las compañías evalúan a sus profesionales. Illa considera que el peso de los títulos y las credenciales académicas comienza a complementarse con un conjunto de habilidades personales que adquieren cada vez más relevancia.
“Hasta hoy el valor de los títulos profesionales empieza a perder peso en relación a un conjunto de habilidades personales que cada uno de nosotros tiene que tener”, dijo. Entre ellas menciona la capacidad para gestionar la incertidumbre y la resiliencia necesaria para conducir equipos y gerencias, competencias que, a su entender, no suelen formar parte de la educación tradicional.
“Ya no se elige a las personas por el máster que tengan. Uno mira si la persona se adapta o no a esa posición”, resumió.
Para las empresas que todavía no comenzaron a incorporar inteligencia artificial, Illa evita ofrecer una receta cerrada. De hecho, insiste en que su posición no es la de un experto que baja respuestas, sino la de alguien que comparte reflexiones desde un proceso de aprendizaje.
Su planteo apunta más bien a una actitud que, considera, será indispensable para atravesar el cambio: estar abiertos a explorar. La inteligencia artificial, en su mirada, constituye otro de esos momentos históricos en los que las sociedades tuvieron que adaptarse a tecnologías capaces de modificar profundamente la forma de trabajar y producir.
“Así como en otros momentos de la historia otras sociedades tuvieron que aprender cuando vino la Revolución Industrial, cuando llegó la luz eléctrica, cuando se llegó al internet y demás, que era todo un desafío para esa generación, hoy tenemos este desafío nosotros como generación y lo que tenemos que estar es abiertos a explorarlo”, manifestó.
Y en esa capacidad de volver a aprender encuentra una de las claves para las empresas que durante años construyeron su éxito sobre modelos que funcionaron. “Muchas veces el éxito es la tumba de los cracks”, recalcó Illa y sumó: “A las empresas y las personas que hace muchos años que les va bien este nuevo contexto les obliga a reaprender para seguir estando vigentes”.
Tu opinión enriquece este artículo: