La buena vida también es un sabor en el paladar (Agua de Kefir vende 1.000 litros al mes)

Cuando iniciaron el negocio, en 2021, vendieron apenas 20 litros. Ahora, con más de 60 puntos de venta en varios departamentos del país, Patricia Amoroso y Juan Izuibejeres, creadores de Wellness Factory, comercializan alrededor de 1.000 litros al mes de Agua de Kefir, una bebida natural que se ofrece como alternativa a los refrescos y cuyo origen –milenario– se presume es de la región del Cáucaso, donde la palabra kéfir significa buena vida.

En un plan por llevar una vida con una alimentación sana y consciente, Patricia Amoroso y Juan Izuibejeres, pareja y socios de Wellness Factory, comenzaron a investigar y experimentar la elaboración de distintos productos, como por ejemplo el agua de kéfir, una bebida fermentada y probiótica hecha a partir de agua azucarada y granos de kéfir, conocidos también como “tíbicos”.

“​El resultado es una bebida efervescente, naturalmente revitalizante, ligeramente ácida, rica en probióticos, enzimas, vitaminas y minerales, como calcio, magnesio y fósforo”, dijo Izuibejeres a InfoNegocios, recordando que este emprendimiento familiar surgió en 2020, pandemia mediante.

“Mi mujer es profesora de yoga y yo trabajé en hotelería y turismo durante mucho tiempo. De hecho, mi formación y experiencia es en gerenciamiento de proyectos, en aperturas hoteleras. Me he dedicado los últimos 25 años en crear y comercializar productos y experiencias de alta calidad”, sostuvo Izuibejeres, agregando que “lo que sucedió en pandemia fue una gran oportunidad de volcar todo esto en un proyecto familiar y así nace Wellness Factory, cuyo primer producto es Agua de Kefir”.

Con el objetivo de ofrecer una alternativa natural y artesanal a los refrescos y bebidas procesadas, Amoroso e Izuibejeres comenzaron a elaborar el producto primero en su casa, en partidas de 20 litros para consumo propio y el de algunos amigos y conocidos.

“Gustó, pidieron más y así fue que comenzamos a elaborar más cantidad. Pasamos de vender apenas unos 20 litros a hoy comercializar por mes 1.000 litros entre los cuatros sabores o variedades que tenemos”, dijo el socio director de Wellness Factory, agregando que “cada botella de agua de kéfir es un proceso meticuloso de fermentación que toma unas 120 horas… La paciencia y el cuidado en cada detalle son piezas clave para transformar simples ingredientes en un producto vivo y lleno de sabor”.

Desde hace poco más de un año la base de operaciones de Wellness Factory dejó de ser a cocina de la casa del matrimonio y se instalaron en un local en el Balneario Buenos Aires, departamento de Maldonado. Allí hacen todo: producen, envasan, lavan y reciclan los envases de vidrio, etiquetan las latas.

“Nada está tercerizado, todo lo hacemos nosotros y si bien tenemos capacidad para una mayor producción, estamos topeados por la capacidad de refrigeración. El agua de kéfir es un producto que necesita refrigeración una vez que está elaborado y hoy ese es nuestro cuello de botella”, dijo Izuibejeres, remarcando que ya están trabajando en este sentido “y para el verano vamos a poder incrementar la producción en un 50%”.

Según dijo a InfoNegocios el emprendedor, el 35% de las ventas se concentra en la variedad de ciruela e hibiscos y un 25% en el sabor limón y jengibre. “El otro 40% se divide entre la variedad de naranja y lúpulo y la de thuya y limón, cuya receta es un desarrollo 100% nuestro”.

Así como en la variedad con lúpulo toman la idea un poco del universo cervecero, en la variedad con thuya hacen lo mismo desde el mundo homeopático.

“La thuya es una variedad de conífera, de pino, con propiedades depurativas muy interesantes, dado que permite eliminar metales pesados del organismo”, dijo Izuibejeres.

Con presentaciones en botellas de vidrio de 330 ml y 910 ml, retornables, las aguas de kéfir de Wellness Factory cuestan alrededor de $ 200 y $ 390, respectivamente. También la empresa tiene latas de 355 ml a $ 180.

Con una inversión hasta el momento de 25.000 dólares, fundamentalmente en equipamiento, el mayor costo que Amoroso e Izuibejeres enfrentaron fue el de lograr registrar, en el código alimentario de Uruguay, el kéfir.

“Nos llevó más de seis meses de idas y vueltas y trámites y papeleos registrar el producto porque no existía el grano de kéfir como alimento. Eso fue todo un hito para nosotros”, recordó el emprendedor, señalando que, según una leyenda, los granos de kéfir fueron un regalo que Mahoma hizo a los habitantes de los pueblos del Cáucaso, quienes los utilizaron para fermentar tanto leche como agua, creando así bebidas nutritivas y sanadoras.

“Según algunos, la palabra kéfir significa sentirse bien, mientras otros dicen que su significado es buena vida. Para nosotros es ambas cosas y es bienestar”, señaló Izuibejeres.

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