"Prácticamente la máquina pisa a Uruguay sin pagarla”, explicó Ruiz, quien estima además que serán necesarios entre US$ 60.000 y US$ 80.000 adicionales para poner en marcha todo el ecosistema necesario para trabajar.
La principal diferencia está en los tiempos. Según Ruiz, una vivienda construida 'in situ' podría tener sus paredes levantadas en 17 a 20 horas, mientras que bajo un sistema modular la máquina podría producir las piezas necesarias para unas 10 viviendas en una semana, que luego se trasladan y montan en obra. “La máquina está en el tiempo y en la versatilidad de construcción, de diseño. Vos podés crear lo que quieras”, señaló. La tecnología le da forma al hormigón mediante una mezcla especial y permite generar paredes huecas, donde luego pueden instalarse las instalaciones eléctricas y sanitarias.
El modelo de negocio que proyecta Ruiz Construcciones tiene tres líneas. La primera serán las viviendas modulares, con unidades pequeñas de aproximadamente 30 a 40 m², para competir con contenedores y otras soluciones habitacionales. La segunda será llevar la máquina directamente al terreno de un cliente particular para construir una vivienda a medida. La tercera, una vez obtenidas las certificaciones y normativas correspondientes, será apuntar a viviendas sociales y licitaciones públicas. “Si todo va bien, para hablar claro, en 15 días hacés 10 viviendas”, sostuvo Ruiz, al explicar el potencial del sistema para proyectos de mayor escala.
Para avanzar en la habilitación de la tecnología, Ruiz trabaja junto a la Facultad de Arquitectura y mantiene una relación comercial con ZICA Uruguay, que será inicialmente el principal proveedor del material utilizado por la máquina. Según explicó, el material ya fue probado en Chile y funcionó en condiciones de humedad similares a las de Montevideo. La obtención del CIR y el DAT será clave para acceder al mercado público: el empresario estima que un proceso que individualmente podría llevar entre un año y medio y dos años podría reducirse a seis u ocho meses con el trabajo conjunto, aunque aclaró que se trata de plazos estimados.
El proyecto todavía depende de financiamiento para cubrir los costos de importación, instalación y puesta en marcha, pero Ruiz asegura que la máquina ya tiene terreno donde instalarse y posibles proyectos para comenzar a trabajar. El acuerdo contempla que, si durante los 18 meses la tecnología genera el caudal de trabajo esperado, la máquina permanezca en Uruguay y se termine de pagar; si no, existe la posibilidad de devolverla. “Todo tratando de bajar los costos y minimizar los riesgos”, resumió Ruiz.
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