Su presencia varía según el momento del calendario y las condiciones climáticas, lo que abre una ventana de oportunidad para intervenir antes de que la población se multiplique.
La primera generación ocurre entre julio y agosto y es considerada la más estratégica para el control sanitario. En este período, la carga parasitaria es más baja, lo que permite actuar de forma preventiva y reducir el impacto de las siguientes etapas del ciclo.
Luego, entre noviembre y febrero, se desarrolla la segunda generación, marcada por un incremento importante de la infestación. Las temperaturas más altas y la humedad favorecen la reproducción del parásito y aceleran su expansión en los rodeos.
La tercera generación, que se extiende de marzo a mayo, suele ser la de mayor presión parasitaria. Si no se realizaron intervenciones adecuadas en las etapas anteriores, es en este momento donde se registran los niveles más altos de infestación, complicando el control y aumentando los riesgos productivos.
Planificar los tratamientos en función de estas ventanas biológicas, respetando los intervalos recomendados y trabajando junto al veterinario, es clave para lograr un control más eficiente y sostenible.
La información forma parte de la serie educativa “Aprendiendo sobre la Garrapata Bovina”, impulsada por el Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata, que busca fortalecer la prevención a través de herramientas prácticas para el sector.
Tu opinión enriquece este artículo: