Y la llama se vuelve a encender (el salón de eventos La Barbacoa reabre después del parate COVID)

Hace exactamente dos años, la semana entre el 13 y 20 de marzo fue contundentemente dura para todos: el COVID-19 había llegado a Uruguay y la incertidumbre fue moneda corriente. En ese escenario, los salones de eventos pasaron de trabajar a full a facturar $ 0,00. Un ejemplo de esto es La Barbacoa, un espacio que tuvo que bajar cortina y apagar su llama, pero que ahora -como el ave Fénix- reabre con una nueva propuesta, orientada ya no al público infantil sino el adulto.

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Hace dos años el país se pausaba, las calles se vaciaban, la incertidumbre era la única certeza. En ese escenario, el turismo y la gastronomía -como también muchos otros sectores- fueron muy golpeados por el COVID-19, particularmente por la exhortación que tuvo el gobierno en ese momento de no circular y mantenerse voluntariamente en los hogares y no concurrir a espacios públicos ni privados en los que se generara aglomeración de personas. En este último sentido, los salones de eventos, sintieron el cimbronazo apenas confirmados los primeros casos de coronavirus, el viernes 13 de marzo de 2020.

Un ejemplo de esto es La Barbacoa, que pasó de estar a tope a bajar cortina e incluso vender el terreno -donde se construirán unos 10 apartamentos- en el que el salón estaba.  “Nosotros pasamos de facturar entre $ 100.000 y $ 200.000 pesos mensuales, dependiendo el mes, a nada, pero cuando digo nada es cero, cero”, señaló Salvador Malagrino a InfoNegocios.

El propietario de La Barbacoa recordó que en aquel entonces el salón estaba siempre lleno. “En diciembre de 2019 -dijo Malagrino- habíamos hecho 23 eventos. En enero, con todo el mundo de vacaciones incluso, llegamos a 16 fiestas. Febrero también venía muy bien y para aquel marzo de 2020 teníamos 22 reservas, con actividades todos los días de la semana y sábados y domingos con dos eventos por día. Eso, de repente, se vino a pique y se cayó todo”.

Pero, según el propietario de La Barbacoa, no hay mal que por bien no venga. Sí, si bien es una frase hecha, Malagrino insiste en que es una de las que mejor define lo que fue dándose después. “Porque en aquel entonces los salones de eventos trabajábamos de algún modo a la deriva, solos, sin ninguna agrupación clara que nos nucleara. Fue así que nació, entre otras, ASFU, la Asociación de Salones de Fiestas de Uruguay, lo que nos permitió hasta hoy generar convenios, acuerdos, precios especiales, etcétera”.

El punto es que, como dijimos antes, fue tanto el parate que hubo que Malagrino recibió una oferta por los m2 donde estaba La Barbacoa y vendió. Ahora bien, las ganas y necesidad de seguir trabajando en un espacio para que las personas se reúnan a celebrar un cumpleaños, un aniversario, un lanzamiento empresarial o cualquier excusa para abrazarse y brindar generó que Malagrino rediseñara la propuesta y volviera a levantar la cortina de La Barbacoa.

“Cuando hubo una pequeña apertura de la pandemia vimos que los salones ya no trabajaban más con 100 o 150 personas, todo era mucho más acotado. Incluso el tema con los niños, con qué juegos sí y qué juegos no se podían hacer, cambió. Eso nos hizo replantear el formato y decidimos volver a abrir La Barbacoa en modo adulto”, dijo Malagrino.

Ahora, en la esquina de José María Penco y Luis Alberto de Herrera, con una inversión de US$ 35.000, nace la nueva propuesta de La Barbacoa, “que está pensada para un segmento distinto del que veníamos haciendo, más orientado ahora a eventos empresariales o corporativos, reuniones sociales, agasajos, etcétera, con un máximo de 50 personas”.

“La idea es mantener esa llama viva del encuentro con los amigos, la familia o los colaboradores de una empresa -dijo Malagrino-, sabiendo que en La Barbacoa es estar como en casa”. 

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