Interláctea prevé superar las 20 unidades de robots de ordeño operativas en Uruguay antes de fin de año (más de US$ 2,7 millones en tecnología instalada)

Interláctea, distribuidor oficial de GEA en Uruguay, informó que actualmente hay 16 robots de ordeño funcionando en tambos del país y espera cerrar el año con más de 20 equipos operativos. Considerando una inversión desde US$ 130.000 por unidad, esa expansión supone un valor superior a US$ 2,7 millones en unidades instaladas. La tecnología permite automatizar el proceso y mejorar la gestión mediante información en tiempo real sobre cada animal.

 

Los productores lecheros uruguayos empiezan a mirar con mayor atención la incorporación de robots de ordeño como una herramienta para mejorar la eficiencia del tambo, optimizar los procesos y enfrentar la dificultad creciente para conseguir mano de obra.

Desde el Equipo Técnico de Interláctea explicaron que la robotización no implica únicamente automatizar el ordeño, sino incorporar una nueva forma de gestionar el establecimiento, con información permanente sobre el rodeo y sus procesos productivos.

La empresa señaló que el diferencial de esta tecnología está en la combinación entre automatización, seguimiento continuo y análisis de datos, que permite tomar decisiones con mayor precisión.

Uno de los principales cambios que introduce la robotización está vinculado a la organización diaria del trabajo. Desde la compañía destacan que el objetivo no es sustituir trabajadores, sino redistribuir tareas para que el personal pueda enfocarse en áreas de mayor valor productivo. Además, el seguimiento reproductivo, la nutrición, la sanidad, el bienestar animal y la gestión general del rodeo pasan a tener “mayor relevancia” cuando el proceso de ordeño queda automatizado.

En ese sentido, Juan José Urioste, gerente de la compañía, explicó que la tecnología modifica el rol de quienes trabajan en el tambo. “El robot permite que el productor y los trabajadores tengan más tiempo para observar los animales, analizar información y trabajar sobre aspectos que agregan valor al sistema productivo”.

Los robots de ordeño pueden atender entre 55 y 70 vacas por unidad, aunque esa capacidad depende de factores como el nivel de producción, la alimentación y el manejo de cada rodeo. Por lo tanto, el sistema funciona bajo un esquema de ordeño voluntario: los animales ingresan al equipo cuando lo necesitan, son identificados automáticamente y el robot determina si corresponde realizar un nuevo ordeño.

Además de realizar el ordeño, los equipos registran de forma continua información de cada animal, como la producción de leche, el flujo, la actividad, la rumia, el estado reproductivo y otros indicadores vinculados a la salud del rodeo.

Los especialistas de la empresa destacaron que el valor agregado del robot no está únicamente en automatizar el proceso, sino en la información que genera para anticiparse a situaciones productivas o sanitarias.

El monitoreo continuo permite detectar cambios en el comportamiento de los animales y posibles problemas antes de que sean visibles, facilitando intervenciones tempranas y una gestión más anticipada del rodeo.

La incorporación de un robot de ordeño requiere una inversión inicial desde US$ 130.000 por unidad, aunque el costo final depende de las características de cada establecimiento y del tipo de adaptación necesaria. Tomando ese valor como referencia y la proyección de superar los 20 equipos operativos, el valor de los robots instalados en Uruguay superaría aproximadamente los US$ 2,7 millones. Además del equipo, algunos proyectos pueden requerir obras o ajustes en infraestructura, como modificaciones en la circulación de los animales, sistemas de alimentación, refrigeración o instalaciones eléctricas. En otros casos, parte de la infraestructura existente puede ser aprovechada.

La empresa explicó que cada proyecto requiere un análisis particular, considerando la realidad del establecimiento, el tamaño del rodeo, los objetivos productivos y la proyección futura del productor. Consultados sobre el retorno de la inversión, desde Interláctea explicaron que no existe un plazo único de recupero, ya que depende de distintas variables.

Entre los factores que influyen se encuentran el nivel de producción, el precio de la leche, el costo y disponibilidad de mano de obra, la infraestructura disponible, la cantidad de robots instalados y la eficiencia alcanzada por cada establecimiento.

Urioste señaló que la evaluación económica debe contemplar el funcionamiento integral del tambo. “El recupero no depende solamente del costo del equipo, sino de cómo funciona todo el sistema productivo y de la eficiencia que se logra con la tecnología”.

Desde la empresa remarcan que la incorporación de robots no es una solución automática para todos los establecimientos. Un sistema convencional correctamente diseñado y gestionado puede continuar siendo eficiente, especialmente en tambos de mayor escala o con determinadas características operativas.

Por ese motivo, antes de avanzar con un proyecto, la empresa analiza cada caso considerando las condiciones del predio, los objetivos productivos, las posibilidades de crecimiento y la calidad de vida de quienes trabajan en el establecimiento. En ese sentido, el equipo sostuvo que la decisión no debe enfocarse únicamente en sumar automatización, sino en incorporar la tecnología que mejor se adapte a la realidad y proyección futura de cada productor.

Como conclusión, Juan remarcó que la decisión va mucho más allá de incorporar o no un robot de ordeño.“No alcanza con evaluar solamente la situación actual. También hay que entender cómo imagina su empresa en los próximos años: si pretende crecer, mantener la escala, incorporar a una nueva generación, reducir la dependencia de la rutina del ordeño o disponer de más tiempo para la gestión y el bienestar personal. La lechería es una actividad extremadamente demandante en tiempo. El tiempo que el productor recupera para dedicarse a otras tareas, a su familia o a su bienestar personal es un intangible que hoy hace una diferencia enorme. Muchas veces no aparece de forma directa en un flujo de fondos, pero puede ser determinante para la continuidad de la empresa y para atraer a las nuevas generaciones al negocio familiar.

También hay que reconocer que un tambo convencional bien diseñado, con instalaciones cómodas, una buena rutina de ordeño y un equipo de trabajo capacitado, puede ser una excelente alternativa. Estos sistemas permiten trabajar con mayor escala y, en determinados proyectos, la capacidad de los robots individuales puede transformarse en una limitante. Para los establecimientos de gran porte, GEA ya tiene desarrollada a nivel mundial la rotativa robótica de ordeño, que combina la capacidad de una sala rotativa con la automatización del proceso. En nuestra región, por distintas variables económicas, productivas y de escala, todavía es una tecnología un poco lejana, pero demuestra que la automatización también tiene un camino para los tambos de gran tamaño.

En Interlactea con el soporte de GEA no promovemos una única tecnología. Analizamos cada proyecto para definir cuál es la mejor solución: un sistema convencional, una sala rotativa, robots de ordeño o, en el futuro, una rotativa robotizada. Nuestro trabajo no es adaptar el tambo a un producto, sino encontrar la tecnología que mejor se adapte al presente, al futuro y al proyecto de vida de cada productor. La mejor inversión no es necesariamente la más automatizada, sino la que resuelve de forma sustentable las necesidades reales del tambo.

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