Y ahora el vino se reproduce en huevos (Nakkal apuesta por este método con tres etiquetas)

De la mano de dos jóvenes enólogos y amigos, Nicolás Monforte y Santiago Degásperi, responsables de Proyecto Nakkal, nuestro país vuelve a ponerse a la vanguardia de lo que está sucediendo en el mundo en torno a la producción y consumo de vinos. ¿Por qué vuelve? Porque Monforte y Degásperi vienen desde 2020 buscando elaborar vinos de mínima intervención. ¿Qué hay de nuevo ahora? Lanzaron una línea de vinos criados en huevos.

Los enólogos Nicolás Monforte y Santiago Degásperi tienen por costumbre sorprender o, mejor dicho, asombrar al consumidor. No es provocación –o sí– sino una forma de trabajar las uvas y todo el proceso que convierte a este fruto en vino con otra curiosidad, con otra búsqueda. Desde que Proyecto Nakkal surgió en 2020, la idea fue siempre elaborar vinos de mínima intervención en Uruguay.

“De ahí surge un poco el nombre, ¿no? Nakkal”, dice Degásperi, agregando que “los nakkales era los antiguos sacerdotes del continente perdido La Atlántida y era quienes custodiaban el conocimiento, la sabiduría y la energía del pueblo. Entre sus principios estaba esto de intervenir lo menos posible, para generar un equilibrio natural. Esto ha sido una inspiración para nosotros”.

Así, hasta el momento, han lanzado al mercado local e internacional diez etiquetas: Orange y Tinto de la línea Anfor; tres espumosos pet´nat –Blanco, Orange y Rosé– de la línea Simple; un Blanco y un Clarete de la línea Nakcool; y tres tintos hechos con Marselán, Merlot y Tannat de la línea denominada Suelto.    

“Lo que nos propusimos ahora fue desarrollar una nueva línea de vinos criados en huevos, buscando nuevos sabores y aromas que este tipo de recipientes le dan al vino”, dijo el enólogo a InfoNegocios, agregando que “la principal particularidad que tiene esta crianza es que las borras se mantienen más tiempo en suspensión en el líquido, aportando una expresión diferente”.

Dicho de otro modo, al no tener un fondo plano sino uno ovoide, las borras no sedimentan, generando vinos cuya mayor diferencia es que tienen más volumen en boca.

Según contó Degásperi, al contar con tres huevos, de 500 litros cada uno, decidieron elaborar tres tipos de vinos diferentes, alcanzando una producción limitada de 800 botellas cada uno.

“Hicimos un blanco, un tinto y un naranjo, pero del naranjo ya vamos por la segunda partida, dado que la primera se comercializó en su totalidad para Japón”, sostuvo el enólogo, remarcando que el precio de cada una de estas botellas de la línea Huevos es de aproximadamente $ 850.

“Cada uno de estos vinos tiene su historia y sus nombres particulares –señaló Degásperi– que tienen mucho que ver también con el nombre Nakkal. El naranjo por ejemplo se llama Aramu, que viene a ser como el sabio que cruzó los mundos, un nombre que aparece en relatos relacionados con los pueblos preincaicos y la mística atlante y tiene un significado simbólico que es el vino guardián del conocimiento perdido”.

En el caso del blanco, el enólogo dijo que se llama Lemur, que significa la memoria de Lemuria, “un nombre que viene del continente mítico de Lemuria, supuestamente anterior a la Atlántida y ubicado en lo que hoy sería el océano Índico o el Pacífico”.

Finalmente, el tinto lleva el nombre de Muon, “la partícula del misterio, un nombre interesante porque tiene doble resonancia: en Física un muón es una partícula elemental, similar al electrón pero más pesada, y en el esoterismo puede evocar el mítico continente de Mu, que algunos creen anterior incluso a Lemuria”.

Si bien hay estudiosos que señalan que los tanques en forma de huevo para la elaboración de vino se remontan al año 6.000 a.C., lo cierto es que Monforte y Degásperi se convierten con Nakkal en uno de los primeros proyectos del país en lanzar esta apuesta.

Ya no todo en el mundo del vino son barricas de roble, tanques de acero inoxidable o piletones de hormigón, también hay huevos de distintos materiales que parecen remontarse en el tiempo, como si fueran ánforas de terracota o vasijas de arcilla. En tiempos de tecnología avanzada, hacer vino se convierte en un trabajo artesanal al que hay que dedicarle tiempo.

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