El encalado de suelos comienza a consolidarse como una herramienta de mejora productiva en el agro uruguayo. Impulsado por la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores (AAD) junto a dieciocho empresas privadas, el proyecto movilizó más de US$ 500.000 en dos etapas y validó mejoras productivas en ensayos realizados en distintos suelos agrícolas. Con estos resultados, entra ahora en fase de expansión en el sector.
En diálogo con InfoNegocios, el Esc. Juan Ángel de la Fuente, director ejecutivo de OKARA y Agronegocios del Plata (Grupo ADP) e integrante de la AAD explicó que la iniciativa surge de una lógica de generación de valor dentro del agro, más allá del rol tradicional de una gremial. “Somos una gremial agropecuaria con una particularidad: en vez de quedarnos en la queja, planteamos proyectos que agreguen valor y tengan impacto local”, señaló.
El proyecto se estructuró en base a ensayos realizados en entre 11 y 15 puntos de distintos suelos agrícolas, con diferentes condiciones productivas.El objetivo fue medir el impacto del encalado -basado en carbonato de calcio- sobre la acidez del suelo y su efecto en el rendimiento. “El resultado fue positivo en todas las zonas, en algunas más y en otras menos, pero con mejoras muy importantes”, afirmó De la Fuente. En términos productivos, el impacto es directo. “Donde sacábamos 5.000 kilos de trigo podemos llegar a 7.000 kilos”, explicó.
La primera etapa implicó una inversión cercana a los US$ 250.000, destinada a la instalación de ensayos y validación técnica en campo. La segunda fase mantuvo un orden de magnitud similar, enfocada en profundizar los resultados y avanzar en su análisis económico. “Es un proyecto absolutamente privado. No fue viable hacerlo con instituciones públicas, entonces dieciocho empresas pusieron el capital para desarrollarlo”, señaló.
Las compañías son perfiles diversos: productores agropecuarios, agroexportadores, transportistas, laboratorios y consultoras agronómicas. “Nos pasó algo curioso: había más empresas queriendo participar que lugares disponibles”, recordó.
Tras la validación técnica, el proyecto incorporó una segunda etapa de análisis económico junto a la consultora Ceres. “Necesitábamos saber si además de funcionar técnicamente era viable económicamente”, explicó.
El estudio evaluó tanto una empresa modelo como el impacto agregado en la economía del país. El resultado derivó en un avance institucional relevante: la inclusión del encalado dentro de mecanismos de incentivos fiscales. “COMAP incorporó el encalado como índice para beneficios fiscales. Eso fue un punto de inflexión”, destacó.
Con la validación técnica y económica en marcha, el proyecto ingresa ahora en una etapa de adopción y escalamiento. “Hoy ya es una realidad en la zona agrícola. Cada vez más productores lo están incorporando”, afirmó el ejecutivo.
Además, el crecimiento de la demanda ya empieza a impactar en la cadena productiva. “Hay una demanda muy fuerte de cal. Faltan camiones y capacidad de transporte”, señaló.
El objetivo de la AAD no es operar el sistema, sino impulsar su desarrollo y adopción.“El rol nuestro es poner el tema en agenda, darle sustento técnico, validarlo y generar el marco económico. Después el productor decide”, concluyó.
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