Viajar en bicicleta ya no es sinónimo de austeridad ni de mochilas livianas. En el extremo más sofisticado del turismo activo global se mueve Duvine Cycling + Adventure Co., una compañía estadounidense con base en Boston que diseña experiencias de vacaciones en bicicleta de alto nivel en algunos de los destinos más atractivos del mundo. Desde 2011 Uruguay forma parte de ese mapa selecto y, puertas adentro, la operación local está en manos de Lares, agencia de viajes de turismo receptivo, especializada en itinerarios a medida, que es operador exclusivo de la marca en el país.
El funcionamiento es tan preciso como artesanal. Duvine diseña el producto global, define estándares y comercializa los viajes en sus mercados clave —Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Bélgica— mientras que Lares se encarga de toda la logística, producción y ejecución en territorio uruguayo. “Nosotros somos Duvine en Uruguay”, resumió Mariana Clavera, sales and product manager de Lares, en diálogo con InfoNegocios. Los vehículos, los guías, los uniformes, los itinerarios y hasta el ritmo de cada jornada responden a los lineamientos de la marca, pero se producen íntegramente con equipos locales.
El itinerario insignia recorre el país de oeste a este, en un viaje de seis días que suele incluir Carmelo, Colonia, Montevideo, Lavalleja y José Ignacio, aunque la estructura es flexible y se adapta a los intereses del grupo. “Hay versiones más estándar y otras que se modifican según lo que quiera la gente: algunos priorizan gastronomía, otros arte, otros solo naturaleza o descanso”, explicó Clavera. No es extraño que un tour combine pedaleo por caminos rurales, visitas privadas a bodegas, almuerzos producidos in situ, navegaciones, caminatas urbanas o picnics armados desde cero en locaciones no abiertas al público.
Los números explican por qué Duvine juega en la liga del lujo. El tour de una semana en Uruguay cuesta unos US$ 8.000 por persona y es prácticamente “all inclusive”. Incluye alojamiento, todos los traslados, almuerzos y cenas, bicicletas, guías, vehículo de apoyo permanente —por si alguien decide dejar de pedalear en algún tramo— y experiencias culturales o gastronómicas diarias. “La gente viene a Uruguay y no tiene que gastar nada”, afirmó Clavera. Incluso los guías comparten las cenas con los pasajeros, reforzando la idea de anfitriones más que de simples acompañantes.
La inversión en equipamiento es otro dato que marca la diferencia. Este año, Lares adquirió ocho bicicletas eléctricas Specialized Vado 4.0, un modelo tope de gama, con un costo unitario de entre US$ 7.000 y US$ 8.000 para incorporar en sus experiencias. A eso se suman unas 20 bicicletas híbridas de montaña para pasajeros más entrenados. “Es un público acostumbrado a estándares internacionales: no tiene sentido que alguien que en su casa usa una bicicleta de alta gama venga a un tour donde el equipamiento es inferior”, explicó Clavera. Cada salida puede reunir hasta ocho personas, aunque también se organizan viajes privados para dos o cuatro.
En términos operativos, Duvine realiza en Uruguay unas 10 salidas al año, concentradas principalmente en octubre y marzo. Es decir que, si unas 80 personas disfrutan año a año de esta propuesta que, en total, se facturan unos US$ 640.000.
Las fechas se publican con anticipación, pero también pueden abrirse salidas privadas fuera del calendario oficial. La planificación suele hacerse con mucha antelación —“ahora estamos vendiendo el verano 2027”, contó Clavera—, aunque Lares también responde a pedidos de último momento con producciones intensivas.
El perfil del viajero es amplio en edad, pero homogéneo en expectativas. Los hay de 50 años que pedalean 50 kilómetros diarios y también de 80 o incluso cerca de 90, que optan por bicicletas eléctricas. “El mérito igual está, porque siguen pedaleando”, dijo Clavera. Más allá de la condición física, se trata de un público de nicho, interesado en vivir el destino desde adentro y dispuesto a pagar por una personalización extrema. Antes de cada viaje, Duvine envía a Lares un perfil detallado de los pasajeros: gustos, intereses, historial de viajes, preferencias alimentarias. A partir de ahí, se diseña cada detalle.
El trabajo comercial no es menor. Durante años, la fundadora de Lares, Paola Perelli, recorrió ferias internacionales de turismo para posicionar a Uruguay como destino entre las agencias de viajes extranjeras. “Al principio empezaba mostrando el mapa y explicando dónde quedaba el país”, recordó Clavera. Hoy, ese esfuerzo se traduce en relaciones de largo plazo con agencias de lujo que confían en Lares para diseñar experiencias a medida.
A eso se suman alianzas regionales, como la asociación con Glove Travel en Argentina y Chile, que permite ofrecer itinerarios combinados para viajeros que recorren más de un país en la región.
El feedback, después de más de una década de operación, es consistente. “La gente queda encantada”, aseguró Clavera. Valoran los paisajes, la baja contaminación, la cercanía humana y un ritmo de vida que contrasta con el de sus países de origen. “A veces vienen con otras velocidades y acá todo es más lento. Parte del trabajo es manejar esas expectativas e invitarlos a vivir los tiempos del país”, señaló Clavera y resaltó la preparación y conocimiento de los guías de Lares que trabajan para Duvine.
En ese equilibrio entre lujo, naturaleza y autenticidad, Duvine encontró en Uruguay un escenario ideal. Y Lares, desde la trastienda, se encarga de que cada pedalada esté a la altura de un producto que, literalmente, se mueve sobre ruedas y sobre dólares.
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