La pinta no es lo de menos (las técnicas de belleza que no sufren impactos económicos)

El maquillaje, la dermopigmentación y el microblading es de los pocos rubros que casi no sufre el impacto de las crisis económicas. Al menos eso dice una de las grandes representantes de este sector, la dermopigmentadora y maquilladora Erika Soca.

“Suena feo pero se produce un fenómeno raro y es que no se sienten mucho las crisis en el rubro estética”, dijo a InfoNegocios. “La gente gasta igual en esto, al menos la gente de cierto nivel económico”, agregó Soca, quien entre sus clientas tiene a la primera dama Lorena Ponce de León.

El make-up y todo lo relacionado al rostro y piel tuvieron una evolución muy grande a partir de las redes sociales y las nuevas técnicas cosméticas como la dermopigmentación de cejas, labios y piel, explicó Soca. Mientras que hace años las mujeres se maquillaban en contadas ocasiones para ir a una fiesta, hoy lo hacen para todo tipo de eventos. Un maquillaje cuesta un promedio de $ 1.600.

Para la dermopigmentación se usa un aparato similar al de los tatuajes, con agujas descartables, pero no alcanza la capa más profunda de la piel y por ello es semipermanente; puede durar hasta algo más que un año. Se usa para mejorar la apariencia física de las personas en general como por ejemplo cuando las cejas no tienen casi pelo o para acentuar la forma de los labios que pueden ser muy delgados o sin forma. También para lucir bien todo el día sin maquillaje, como la dermopigmentación de ojos, que los realza. O para disimular cicatrices u otras imperfecciones. Cuesta un promedio de US$ 300.

El microblading (“blade” es navaja en inglés) es similar a la dermopigmentación en los efectos buscados pero a grandes rasgos, se utiliza una pluma manual a la que se ponen navajas descartables en la punta, se crean mini cortes superficiales con forma de pelitos y después se frota una tinta para que sea absorbida a través de los cortes. Luego se limpia y queda lo justo. También cuesta un promedio de US$ 300.

Ambas técnicas requieren de preparación académica y de cierto ojo artístico y entrenado para respetar la belleza natural del rostro.

Soledad Egozcue es una de las grandes figuras del microblading y empezó su carrera en el mundo de la estética desde muy niña, yendo periódicamente a la casa de su abuela a dibujarle las cejas.

“Me gusta levantarle la autoestima a la gente”, dice la maquilladora. “Es una responsabilidad enorme porque es la cara, tenés que tener conciencia moral. Hay gente que viene con problemas como una enfermedad, con alopecias, o chicas que van a empezar una quimioterapia y ahí lo hago sin cobrar. Es mucho más que un tema estético”, dice. Egozcue hace un promedio de tres microbladings por día.

“Con respecto a lo que se gana, bueno, trabajo 24 horas por día, los insumos son muy caros. Y además hay algo muy innato. Hay que mirar el todo, es muy intuitivo”, dijo. La profesional adelantó que tiene proyectado comenzar hacer areolas mamarias.

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