La “Era Inteligente” (McKinsey y el Foro Económico Mundial ven una oportunidad de hasta US$ 1,7 billones para América Latina con la IA)

De acuerdo con un estudio publicado recientemente la inteligencia artificial puede incluso convertirse en un motor de crecimiento más relevante que la expansión de la fuerza laboral y podría elevar la productividad regional entre 1,9% y 2,3% anual.

 

Es sabido: hace un tiempo que la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una variable concreta de competitividad económica. Con esa premisa en mente, McKinsey & Company y el Foro Económico Mundial (FEM) publicaron recientemente el informe Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth, que pone números y definiciones sobre el impacto que la IA puede tener en América Latina y traza una hoja de ruta para que la región capture ese valor.

El diagnóstico parte de una realidad conocida: América Latina arrastra brechas estructurales en productividad, innovación y adopción tecnológica. Sin embargo, el estudio plantea que la llamada “Era Inteligente” abre una ventana de oportunidad inédita, en la que la IA puede convertirse en un motor de crecimiento más relevante que la expansión de la fuerza laboral, históricamente el principal impulsor económico de la región.

Según estimaciones del FEM, una adopción estratégica de la IA podría elevar la productividad regional entre 1,9% y 2,3% anual y generar entre US$ 1,1 y US$ 1,7 billones en valor económico adicional por año. Para el sector empresarial, el mensaje es claro: el potencial existe, pero capturarlo requiere foco, inversión y ejecución.

Hoy, ese aprovechamiento es todavía incipiente. Un relevamiento incluido en el informe muestra que solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas encuestadas afirma estar generando valor económico a partir del uso de IA, y apenas un 6% reporta una creación significativa de valor. La brecha entre expectativa y resultados sigue siendo amplia.

Para cerrarla, McKinsey y el FEM proponen una hoja de ruta en cuatro grandes etapas, con diez acciones estratégicas orientadas tanto al sector público como al privado. El documento advierte, no obstante, que los retornos no son inmediatos: la tecnología recién implementada necesita tiempo para madurar y traducirse en impactos mensurables.

El primer paso es definir estrategias de IA concretas y ejecutables, alineadas con sectores clave de cada país. En el caso de América Latina, el informe identifica a la agricultura, la minería y el turismo como industrias con alto potencial de transformación, por su peso económico y sus oportunidades de eficiencia y sofisticación.

La segunda etapa pone el foco en la infraestructura y los datos, dos insumos críticos para escalar soluciones de IA. El estudio subraya la necesidad de avanzar en bases de datos abiertas, marcos de gobernanza claros, tecnologías adaptadas a las realidades locales y un enfoque que combine innovación con sostenibilidad.

El desarrollo de talento constituye el tercer pilar. Desde la alfabetización en IA dentro del sistema educativo hasta esquemas de formación continua para trabajadores y ejecutivos, el informe remarca que sin capital humano preparado será difícil capturar el valor que promete la tecnología.

Finalmente, el trabajo destaca la importancia de construir confianza y coordinación: establecer estándares éticos y de seguridad, movilizar capital e incentivos para inversiones en IA, desarrollar hubs de innovación y fortalecer la colaboración regional entre gobiernos, empresas y academia.

En ese contexto, Uruguay aparece como un caso destacado. El FEM y McKinsey resaltan que el país se convirtió en 2025 en el primero de América Latina en firmar la Convención Marco del Consejo de Europa sobre Inteligencia Artificial y Derechos Humanos, Democracia y Estado de Derecho, y lo posicionan como un “líder en el desarrollo de regulaciones” en la materia.

El informe también señala que varios países de la región han adoptado lineamientos de organismos como la Unesco y la OCDE, aunque plantea que América Latina podría profundizar su alineación con iniciativas como el Proceso de IA de Hiroshima, que propone un marco común para una inteligencia artificial responsable, segura y confiable.

Para el empresariado uruguayo, el mensaje de fondo es doble: por un lado, la IA ya no es opcional en términos de competitividad; por otro, el país cuenta con ventajas regulatorias y de gobernanza que pueden transformarse en un diferencial para atraer inversiones y desarrollar soluciones con impacto regional.

El informe completo Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth está disponible para su descarga en el sitio web del Foro Económico Mundial.

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