Con 3 centros activos, unos 200 alumnos y el objetivo de llegar a 10 franquicias en los próximos dos años, Kumon busca acelerar su expansión en Uruguay. La compañía japonesa quiere sumar nuevos franquiciados con un método que, según explicó Piero Muraro, director y gerente general de Kumon Sudamérica para los países de habla hispana, no apunta solo a enseñar matemática, sino a desarrollar la capacidad de aprender.
La expansión de Kumon en Uruguay llega después de una primera etapa condicionada por la pandemia. La compañía desembarcó en el país en 2019, pero apenas seis meses después el escenario cambió por completo y la prioridad pasó a ser sostener la red existente a nivel global. “Cuando llegamos a Uruguay queríamos crecer con la misma fuerza con la que nos expandimos en otros mercados, pero la pandemia modificó los planes. Durante ese período el foco estuvo en apoyar a las franquicias que ya estaban funcionando”, explicó Muraro.
Luego de una etapa de consolidación, desde 2024 la compañía retomó un proceso de expansión más fuerte y entiende que ahora es el momento de crecer en el mercado local. Para alcanzar ese objetivo, el principal desafío en Uruguay pasa por encontrar nuevos franquiciados. La compañía busca emprendedores interesados en la educación, aunque no es necesario contar con experiencia docente. “No buscamos profesores necesariamente. Buscamos personas con estudios terciarios completos, sin importar la carrera. Puede ser una ingeniera, una psicóloga, una administradora o cualquier profesional que tenga vocación por transformar la educación”, señaló Muraro.
La inversión para abrir una franquicia ronda entre US$ 15.000 y US$ 20.000, incluyendo la licencia, capacitación, mobiliario y cartelería. El monto puede variar según la ubicación y las características del local. “Kumon brinda todo el know how: cómo estructurar el centro, cuándo contratar personal, cuántos alumnos se necesitan para crecer y cómo administrar el negocio”, explicó.
Actualmente, la compañía cuenta con tres centros en Uruguay, ubicados en Malvín, Prado y Carrasco, pero considera que todavía existe espacio para ampliar su presencia. “Para una ciudad como Montevideo, tres centros siguen siendo una presencia reducida. Vemos oportunidades en otros barrios, en Ciudad de la Costa y también en distintos departamentos”, afirmó.
La meta es llegar a 10 franquicias y 1.000 alumnos en Uruguay en los próximos dos años. Actualmente, la cuota mensual ronda los US$ 100 e incluye todos los materiales. Los alumnos asisten dos veces por semana al centro y complementan el trabajo con actividades diarias en sus hogares durante unos 20 a 30 minutos. El método suele comenzar entre los tres y cuatro años, aunque depende del desarrollo de cada niño y de cada familia.
En esa línea, Muraro sostuvo que el diferencial de Kumon está en la metodología. La propuesta no está enfocada únicamente en transmitir contenidos académicos, sino en brindar herramientas que permitan aprender de forma autónoma. “El objetivo no es solamente que un niño aprenda matemática o lectura. Buscamos desarrollar capacidades como concentración, hábitos de estudio, organización, disciplina y autonomía”, explicó.
Según el ejecutivo, antes de incorporar determinados contenidos existe una etapa previa vinculada al desarrollo de habilidades. “Para que un niño pueda desenvolverse bien en matemática, primero necesita desarrollar razonamiento lógico y cálculo mental. Para comprender un texto, antes se necesita adquirir el gusto por la lectura. Hay una etapa previa al aprendizaje de los contenidos”, sostuvo.
A modo de ejemplo, Muraro comparó este proceso con el deporte. “Un futbolista puede tener mucha habilidad con los pies, pero si no tiene una buena condición física no podrá rendir al máximo. Con el aprendizaje ocurre algo similar”, explicó.
Uno de los problemas que observa Kumon es que muchos estudiantes avanzan dentro del sistema educativo sin haber consolidado conocimientos fundamentales. “Si un niño todavía tiene dificultades para sumar y restar, después le costará multiplicar, dividir y comprender contenidos más complejos. Esa brecha se va acumulando con el paso de los años”, afirmó.
Muraro enfatizó que muchas dificultades no aparecen por falta de estudio, sino porque no se desarrollan determinadas capacidades de razonamiento. “Un niño puede equivocarse en una operación, pero si existe una lógica detrás del error significa que hay comprensión. El problema aparece cuando no logra trasladar un concepto básico a una situación concreta”, explicó.
En ese sentido, remarcó que el objetivo del método no se limita a mejorar las calificaciones. “Tener buenas notas no necesariamente significa que un niño esté desarrollando todo su potencial. La pregunta es si está siendo desafiado de acuerdo con sus capacidades”, indicó.
Otro de los desafíos actuales que identifica es el impacto del uso constante de pantallas sobre la concentración. “La tecnología llegó para quedarse y no creo que la solución sea prohibirla. Lo importante es cómo se utiliza”, señaló.
Según explicó, el desafío no está únicamente en el contenido, sino en los hábitos de consumo. “Cuando un niño pasa largos períodos viendo videos cortos donde cambia de estímulo cada pocos segundos, se acostumbra a tiempos de atención muy breves. En cambio, una película tiene una historia y requiere mantener la concentración durante más tiempo”, sostuvo.
Sobre la inteligencia artificial, el ejecutivo consideró que será una herramienta cada vez más importante, aunque requerirá personas con pensamiento crítico. “No le tengo miedo a la inteligencia artificial. Lo que me preocupa es que las personas no desarrollen la capacidad de utilizarla correctamente”, afirmó.
Asimismo, mencionó que habilidades como analizar, interpretar información y formular buenas preguntas serán cada vez más necesarias.
Kumon cuenta actualmente con alrededor de 1.600 centros en Brasil, 450 en México, 150 en Colombia, cerca de 80 en Chile y unos 60 en Argentina, además de operaciones en España y otros mercados.
El desafío en Uruguay pasa por encontrar nuevos socios que compartan la visión de la compañía. “Más que experiencia empresarial, buscamos una convicción profunda sobre el valor de la educación. Creemos que aprender es una construcción compartida entre la familia, la escuela y el propio estudiante”, concluyó.
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