José Ignacio como enclave de cultura y deporte (se vienen un cine y espacio cultural y un club de tenis al balneario fernandino)

El Festival Internacional de Cine de José Ignacio (JIIFF), que viene creciendo año a año y este 2026 invirtió cerca de US$ 1 millón en su gran despliegue, redoblará la apuesta y aspira a llegar a su edición número 18 con un espacio propio sobre la ruta Sainz Martínez, que dialogará, a su vez, con un novedoso club de tenis.

En un balneario que aprendió a pensarse más allá del verano, el Festival Internacional de Cine de José Ignacio (JIIFF) acaba de dar un paso que lo saca definitivamente de la lógica estacional. La organización confirmó que trabaja en la construcción de su primera sala de cine y espacio cultural propio en José Ignacio, un proyecto que —si los tiempos administrativos acompañan— abriría sus puertas en 2028. A pocos metros, además, se desarrollará un club de tenis, en una convivencia que promete reconfigurar la oferta cultural y social de la zona.

La iniciativa nace de una historia que empezó antes incluso de la primera edición del festival 16 años atrás. “El festival comienza en 2011, pero previo a eso, Fiona Pittaluga venía haciendo un cineclub en su casa”, recordó Martín Cuinat, productor ejecutivo del JIIFF, en diálogo con InfoNegocios Uruguay. Ese gesto inicial —un proyector contra una tela en la pared— marcó el ADN de un proyecto que este año convocó a entre 10.000 y 12.000 personas en una sola semana (del 24 de enero al 1° de febrero).

“El deseo de tener nuestra base, nuestra sede, nuestro espacio, viene de hace varios años”, explicó Cuinat. La nueva sala será, en primer término, la casa del festival; pero su vocación excede al JIIFF e incluso al cine. “Va a ser una sala de cine en el sentido más convencional, con cartelera durante todo el año, y, a la vez, un espacio cultural donde va a suceder de todo”, afirmó Cuinat.

El plan es inaugurarla en la edición número 18 del festival, prevista para 2028. El productor indicó que, si bien los plazos se podrían adelantar, la previsión para dentro de dos años responde a etapas técnicas y habilitaciones que el equipo prefiere transitar sin apuros.

Una sala para el invierno (y para el futuro)

La apuesta tiene una lectura estratégica que trasciende lo simbólico. José Ignacio ya no es únicamente un punto de encuentro veraniego: el crecimiento inmobiliario en la zona, y más ampliamente en Maldonado y Punta del Este, está consolidando una población residente permanente.

“Cada vez hay más gente que está viviendo acá”, subrayó Cuinat. El terreno ya está elegido y será sobre la ruta Eugenio Sainz Martínez, a pocos minutos del centro de José Ignacio, una región que está rodeada de desarrollos inmobiliarios en plena expansión. “Es una zona fértil pensando de acá a futuro. Nos estamos parando en un escenario en expansión que va a ser muy diferente al que estamos viviendo hoy”, añadió.

La programación será coherente con la identidad curatorial del festival: cine de autor, cine de festivales, títulos que no suelen integrar el circuito comercial tradicional. “Es un cine quizás no de salas comerciales, sino un cine más de autor”, precisó Cuinat. A eso se sumarán conciertos, teatro y distintas iniciativas artísticas que —según adelantó— serán cuidadosamente curadas para aportar a la vida cultural de la comunidad.

El diseño arquitectónico todavía está en fase de definición. El desafío técnico no es menor: el espacio deberá adaptarse a dos realidades muy distintas, la de un festival que convoca a miles de personas y la de una programación anual con afluencias más acotadas. “La sala tiene que poder acomodarse. Estamos viendo si son dos espacios o uno; cómo resolverlo de la forma más modular y transformable posible”, explicó.

Vecinos benefactores y un club de tenis como aliado

El terreno fue posible gracias al apoyo de la familia Torres —Sandra y Ricardo—, una de las familias benefactoras históricas del festival, quienes adquirieron la tierra con la intención de desarrollar un club de tenis y ofrecieron una porción para que el JIIFF pudiera concretar su sala. Son proyectos independientes, aunque “familiares”, como los definió Cuinat, y con potenciales sinergias naturales.

La convivencia entre deporte y cultura no es casual, sino que habla de un José Ignacio que busca diversificar su propuesta y consolidar una vida social durante los doce meses del año.

Un festival que ya mueve US$ 1 millón al año

La decisión de invertir en infraestructura propia se apoya en un crecimiento sostenido. En su edición 2026 el festival movilizó una inversión cercana al millón de dólares. Esto incluye “lo que lleva hacer la edición, la participación en Cannes y el trabajo del año”.

Ese presupuesto se compone de acuerdos de sponsoreo con marcas, apoyos públicos y un componente clave de aportes privados de vecinos de José Ignacio. Entre ellos, destacó el respaldo de la familia Pfeffer, cuyo aporte cultural —incluyendo la presencia del festival en el Festival de Cannes— representa un porcentaje significativo del total.

La magnitud del público también es singular para el tipo de cine que programa el JIIFF. Con apenas 10 películas en cartel, cada función reúne cifras poco habituales para propuestas de autor: hasta 2.000 personas en exhibiciones al aire libre y entre 500 y 700 en salas cerradas. “Es muchísima gente para ver un tipo de cine que no es el cine comercial”, remarcó Cuinat.

El fenómeno, además, empieza a incidir en el turismo. Hoteles e inmobiliarias consultan las fechas del festival porque hay visitantes que eligen cerrar su estadía en función de esa semana. Argentinos, brasileños, europeos, estadounidenses y uruguayos confluyen en un evento que ya forma parte del calendario cultural regional.

Redoblar la apuesta

En ese contexto, la construcción de una sala propia no es solo un sueño postergado de su directora, sino una decisión empresarial que busca capitalizar una tendencia demográfica y cultural en ascenso. El millón de dólares invertido en la edición 2026 marca un piso; el nuevo espacio cultural, admiten, implica redoblar la apuesta.

“Vamos a empezar de menos a más”, dijo Cuinat, con cautela. Pero admitió que, si el festival nació en una casa particular y creció hasta convocar a miles de personas en la arena y en el pabellón, ahora quiere echar raíces permanentes. En un José Ignacio que ya no se apaga en marzo, el cine de autor —y la cultura— aspiran a tener dirección fija.

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