El baby fútbol: la esperanza de que el hijo sea el ascenso social

La pasión del fútbol comienza temprano. Unos 60.000 niños integran 570 clubes del país y muchos serán futuros campeones, que no sólo cumplirán el sueño del pibe sino el de sus padres. “El baby fútbol debería ser formativo, no competitivo”, nos dice un entrenador en la cancha de Racing. “A veces los padres creen que los partidos de baby son una final del mundo. Quieren que los chicos sean lo que ellos no pudieron ser y muchas veces se van a las manos. En sólo ocho meses hubo 23 jueces de baby fútbol heridos”, nos cuenta. Otra cara dura del fenómeno es que el fútbol es una vía “fácil” de ascenso social. Muchas familias pobres invierten todo su tiempo y sus escasos recursos en su pequeña promesa futbolística, porque saben que un niño puede cambiarles la vida si juega bien. Mientras alentaba a su hijo de 8 años, una madre de aspecto muy humilde nos dice: “Con él igual nos venimos caminando 30 cuadras, pero a la práctica no me falta. Si empieza a jugar bien y lo contratan ya estamos del otro lado”.

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