El episodio abrió nuevas interrogantes sobre la confianza en las instituciones paraguayas y el clima para los inversores extranjeros. Sin embargo, Federico Esmite, presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Uruguaya, considera que se trata de un problema puntual y sostiene que el país mantiene sus ventajas competitivas para atraer inversiones, aunque reconoce que la situación suma incertidumbre en el corto plazo.
La crisis de Ueno Bank, una entidad financiera con cerca de tres millones de clientes, puso bajo la lupa al sistema financiero paraguayo. La intervención de las autoridades llegó luego de detectarse un deterioro en sus indicadores de solvencia, además de cuestionamientos por la concentración de créditos en empresas vinculadas a su grupo de control. El caso también abrió interrogantes sobre los mecanismos de supervisión del Banco Central del Paraguay (BCP) y los vínculos institucionales de la entidad. A este escenario se sumó la dimensión política, con la renuncia de Peña en medio de problemas internos de su partido y mientras el Congreso analizaba avanzar con un juicio político.
En este contexto, Esmite entiende que el impacto inmediato será una mayor cautela y una revisión más rigurosa de las prácticas y regulaciones locales. A su juicio, el foco para los inversores extranjeros no está únicamente en la caída de la entidad, sino en cómo responderán las instituciones. “El efecto no depende tanto de la caída de la entidad en sí, sino de la forma en que el Estado gestione la salida, especialmente el Banco Central del Paraguay”, señaló. En ese sentido, consideró que la resolución y transferencia de activos y pasivos deberá realizarse rápidamente, con transparencia, apego estricto a la ley y sin rescates discrecionales.
Además, el representante empresarial entiende que la sucesión constitucional será determinante para recuperar la calma política, preservar la independencia técnica del Banco Central y evitar desvíos en los fundamentos macroeconómicos que sostuvieron el atractivo de Paraguay y su reciente calificación de grado de inversión. Si las autoridades logran gestionar adecuadamente el episodio, podría terminar confirmándose la solidez institucional del país. De lo contrario, advierte, el impacto reputacional podría extenderse más allá del sector financiero.
De todas formas, Esmite considera que se trata de un problema puntual y no de una crisis sistémica. Entre las causas específicas del deterioro de Ueno Bank mencionó la expansión acelerada tras la absorción de Visión Banco, la concentración de créditos en empresas vinculadas a su grupo de control y las pérdidas patrimoniales que llevaron su ratio de solvencia por debajo del mínimo legal.
Por otra parte, sostuvo que el resto de la banca paraguaya mantiene indicadores de solvencia y liquidez por encima de los estándares de Basilea. La principal enseñanza para los organismos de control, según indicó, es reforzar la fiscalización preventiva, especialmente sobre entidades que pueden captar fondos de manera masiva y acelerada mediante herramientas tecnológicas.
¿Cómo repercute esto entre los empresarios uruguayos? Esmite confirmó que recibieron algunas consultas, principalmente vinculadas con las opciones disponibles y recomendaciones para la ubicación o reubicación de fondos. Además, señaló que las inquietudes aumentaron tras la dimisión de Peña y ahora también incluyen interrogantes sobre la gobernabilidad, la continuidad del rumbo económico y las decisiones que tomará el nuevo Ejecutivo. “Se percibe que el inversor está gestionando los riesgos en el corto plazo, pero no tomando decisiones de movimiento a futuro”, explicó. Desde la Cámara, aseguró, la respuesta es de mesura y confianza en que la situación pueda encauzarse si se actúa con la diligencia necesaria.
Esmite, también reconoció que el episodio afecta el clima de opinión en el corto plazo, especialmente en el sector financiero y el mercado de capitales. Paraguay alcanzó el grado de inversión, por lo que las calificadoras y los mercados observan ahora su institucionalidad con una vara considerablemente más exigente. No obstante, considera que las ventajas que impulsan la inversión extranjera directa en la economía real no tienen por qué verse comprometidas. Entre ellas destacó los costos de producción competitivos, la energía accesible y una baja presión tributaria. “La clave para amortiguar el impacto reputacional es lograr una resolución ordenada y técnica por parte de las autoridades”, afirmó.
En materia de seguridad jurídica, Esmite sostuvo que Paraguay ofrece reglas claras para quienes evalúan instalarse en el país, aunque reconoció que no son perfectas. Explicó que la legislación trata al capital extranjero en igualdad de condiciones con el local, no establece restricciones cambiarias para girar dividendos y utilidades al exterior y cuenta con herramientas como los fideicomisos para proteger el patrimonio de los negocios frente a problemas o quiebras de terceros.
A esto se suma, según el presidente de la Cámara, la previsibilidad macroeconómica y monetaria. Destacó que el guaraní mantiene más de ocho décadas de estabilidad, sin antecedentes de hiperinflación ni confiscaciones, además de la libre compra y venta de dólares y una inflación controlada. También mencionó la existencia de un Fondo de Garantía de Depósitos que cubre ahorros bancarios de hasta unos US$ 38.000 por titular. De todos modos, insistió en que el Banco Central deberá estar a la altura de las circunstancias y resolver el caso Ueno en tiempo y forma para evitar la mayor cantidad posible de efectos colaterales.
Pese a este escenario, Paraguay sigue en el radar del empresariado uruguayo. “Continúa siendo una plaza estratégica y complementaria”, afirmó Esmite, quien destacó el esquema tributario conocido como el “triple 10”: 10% de IVA, 10% de impuesto a la renta empresarial y 10% de impuesto a la renta personal, además de los menores costos energéticos y una estructura laboral competitiva.
En cuanto a los sectores con mayor potencial para invertir, mencionó la agroindustria, la ganadería, el desarrollo inmobiliario residencial y comercial, la logística y el transporte. También identificó oportunidades en el régimen de maquila, los servicios corporativos y el software.
Así, la crisis de Ueno Bank y la renuncia de Santiago Peña abren un nuevo capítulo de incertidumbre para Paraguay, en un momento en que el país busca consolidar su posicionamiento como destino de inversiones. Para Esmite, el desafío inmediato está en resolver el episodio con transparencia y solidez técnica, recuperar la confianza institucional y preservar los atributos económicos que mantienen al país como una alternativa para las empresas uruguayas.
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