Según los analistas, el precio del combustible dejó de ser una variable: hoy es un riesgo. La volatilidad del petróleo, atravesada por guerras, tensiones geopolíticas y decisiones de producción, impacta directo en los costos, la logística y la previsibilidad de las empresas. En ese escenario, la electrificación empieza a consolidarse como una respuesta concreta.
Dicho de otro modo, en un contexto internacional marcado por conflictos como la guerra en Ucrania y las tensiones persistentes en Medio Oriente, el precio del petróleo volvió a moverse con fuerte inestabilidad. Para países como Uruguay, importador neto de crudo, esto se traduce en aumentos y oscilaciones en los combustibles que afectan directamente la operación diaria.
Los que saben del tema dicen que el impacto va más allá del costo: compromete la planificación, la competitividad y la capacidad de asegurar la entrega de bienes esenciales. Desde alimentos hasta medicamentos, la energía deja de ser un insumo más y pasa a ser una variable crítica para el negocio.
En ese escenario, la electricidad aparece como una ventaja estructural y Uruguay cuenta con una matriz eléctrica con más del 90% de generación renovable, lo que permite desacoplarse en gran medida de la volatilidad internacional y avanzar hacia esquemas de costos más estables y previsibles.
“Hoy el gran cambio no es solo ambiental, es económico y estratégico”, señala Guillermo Novelli, director ejecutivo de Mobility, agregando que “la volatilidad del combustible pone en jaque la previsibilidad de las empresas, mientras que la electricidad permite planificar y reducir costos de forma sostenida”.
En este sentido, los utilitarios eléctricos muestran una expansión sostenida y acelerada en el mercado local. En enero, las ventas crecen más de 200% interanual en 2025 frente a 2024, y vuelven a aumentar cerca de 40% en 2026. En febrero, el crecimiento se mantiene con subas de más de 73% en 2025 y más de 26% en 2026.
“El acumulado del primer bimestre refuerza la tendencia: los utilitarios eléctricos aumentan 128% en 2025 y 32% en 2026, acumulando un crecimiento superior al 200% en apenas dos años. Más que un incremento puntual, los números muestran una curva de adopción en plena fase de expansión”, señalan desde Mobility.
A nivel general, el mercado de vehículos eléctricos pesados crece 100% en 2025 y 29% en 2026 en el primer bimestre, evidenciando un cambio de escala que ya empieza a impactar en la operativa de las empresas.
A escala regional, el proceso también se acelera y 2025 marca un punto de inflexión para la movilidad eléctrica en América Latina y posiciona a Uruguay entre los mercados más dinámicos: con más de 20.500 vehículos vendidos y un crecimiento superior al 100%, el país no solo acelera la adopción sino que redefine el tablero competitivo.
El avance está impulsado por un marco regulatorio favorable, costos energéticos competitivos y una mayor conciencia ambiental.
Pero el nuevo diferencial ya no está en adoptar, sino en sostener el crecimiento. En ese sentido, la infraestructura de carga y la autogeneración solar emergen como variables estratégicas para garantizar eficiencia, autonomía energética y continuidad operativa.
“Las empresas que no avancen en esta dirección comienzan a quedar, literalmente, fuera de juego”, dicen desde Mobility, remarcando que “en un mundo donde la energía dejó de ser previsible, la electrificación de flotas, con los utilitarios como punta de lanza, empieza a consolidarse como una decisión empresarial”.
¿Por qué, vale preguntar? Porque no solo existe un impacto ambiental concreto, sino por su capacidad de reducir costos, asegurar la operación y aportar estabilidad en un contexto global cada vez más incierto.
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