La inteligencia artificial dejó de ser una promesa asociada exclusivamente a la eficiencia operativa para convertirse en un factor estructural de competitividad en la industria global.
Esa es una de las principales conclusiones del último informe elaborado por la compañía tecnológica Globant, que analiza cómo la IA está redefiniendo el funcionamiento del sector de bienes de consumo (Consumer Goods) y la manufactura, particularmente en áreas críticas como la cadena de suministro, el aprovisionamiento y la operación industrial.
El documento plantea que las empresas de bienes de consumo envasados atraviesan un punto de inflexión marcado por la volatilidad de los costos de materias primas, la creciente complejidad logística y consumidores cada vez más impredecibles. En ese escenario, la adopción de inteligencia artificial deja de responder a una lógica de innovación incremental para convertirse en una necesidad estratégica orientada a sostener márgenes, mejorar niveles de servicio y habilitar crecimiento con costos operativos controlados.
La magnitud del fenómeno queda reflejada en las proyecciones del mercado global de IA aplicada a manufactura, que pasaría de US$ 34.180 millones en 2025 a más de US$ 155.000 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta superior al 35%.
Según el análisis presentado por Globant, el verdadero impacto de la IA no radica únicamente en la automatización, sino en su capacidad para amplificar las capacidades humanas dentro de organizaciones cada vez más complejas. Sin embargo, el informe advierte que aún existe una brecha significativa entre adopción y madurez: apenas un 5% de las compañías logra capturar valor de la IA a gran escala, lo que otorga ventajas desproporcionadas a quienes avanzan primero en su implementación integral.
Uno de los campos donde esta transformación resulta más visible es la gestión de la cadena de suministro. La IA permite pasar de modelos reactivos a esquemas de orquestación en tiempo real, capaces de anticipar interrupciones vinculadas a eventos climáticos, tensiones geopolíticas o demoras de proveedores. Más del 80% de las empresas de retail y consumo masivo ya utilizan o experimentan con inteligencia artificial generativa, mientras que el 82% prevé incrementar sus inversiones específicamente en supply chain.
El informe también identifica la previsión de la demanda como uno de los principales terrenos de disputa dentro de las compañías. Tradicionalmente tensionada entre las ambiciones comerciales y las restricciones operativas, esta función encuentra en la IA un punto de equilibrio entre crecimiento y eficiencia. No obstante, Globant subraya que el desempeño de estos sistemas depende directamente de la calidad y gobernanza de los datos, un desafío todavía pendiente para muchas organizaciones.
En paralelo, la inteligencia artificial comienza a redefinir procesos menos visibles pero igualmente determinantes para la rentabilidad, como la gestión de proveedores y las compras corporativas. En este nuevo enfoque, el aprovisionamiento deja de ser una función táctica centrada en costos para transformarse en una palanca de resiliencia empresarial.
La manufactura constituye otro frente de cambio acelerado. El estudio destaca el avance de agentes de IA capaces de operar como asistentes industriales, utilizando datos provenientes de sensores e Internet de las Cosas para anticipar fallas de maquinaria antes de que ocurran. Este mantenimiento predictivo permite reducir en más de un 50% los tiempos de inactividad imprevistos, uno de los factores más costosos para las operaciones fabriles.
A pesar de estos avances, el reporte advierte sobre los riesgos asociados a demorar la adopción tecnológica. De acuerdo con encuestas citadas en el estudio, las empresas con mayor madurez en IA registran incrementos promedio del 15,8% en ingresos, ahorros de costos del 15,2% y mejoras de productividad superiores al 22%.
El informe concluye que la discusión empresarial ya no gira en torno a si los humanos y la inteligencia artificial pueden trabajar juntos, sino a la velocidad con la que las organizaciones logren integrar ambas capacidades. Para industrias intensivas en logística y producción —incluidas muchas cadenas de valor relevantes para economías abiertas como la uruguaya—, la IA emerge así no solo como herramienta tecnológica, sino como infraestructura estratégica para competir en mercados crecientemente dinámicos e interconectados.
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