Uruguay no quiere volver a vivir una epidemia de fiebre aftosa. Pero justamente por eso decidió ensayar qué haría si ocurriera. Durante dos jornadas, representantes del MGAP, productores, industria frigorífica, veterinarios, academia y organismos internacionales trabajaron sobre escenarios hipotéticos: primero, un foco en un país vecino que elevara el riesgo para Uruguay; después, el escenario que nadie quiere recibir, un caso confirmado dentro del territorio nacional.
La consigna no era responder un cuestionario sanitario. Era tomar decisiones.
¿Qué medidas activar? ¿Cuándo un foco en un país vecino obliga a cambiar los controles? ¿Quién conduce la respuesta? ¿Qué pasa con los mercados? ¿Alcanza con vacunar? ¿Cómo se detecta rápidamente la enfermedad? ¿Y qué ocurre con las exportaciones si Uruguay pierde su estatus sanitario?
El ejercicio dejó capacidades, pero también varias alertas. La principal fue clara: una emergencia de aftosa no puede empezar a prepararse cuando aparece el primer foco.
El problema de haber ganado la batalla
Uruguay lleva más de 25 años libre de fiebre aftosa. En términos sanitarios, es una enorme fortaleza. Pero el tiempo también juega en contra.“Quedamos pocos sobrevivientes de la última epidemia”, fue una de las frases que surgieron durante la devolución del ejercicio.
La generación de veterinarios, productores y funcionarios que enfrentó la crisis de 2001 se redujo, mientras que nuevas generaciones ingresaron al sector sin haber visto nunca un animal afectado.Eso puede bajar la percepción del riesgo.
Por eso, uno de los principales planteos fue capacitar y entrenar antes de que exista una emergencia, incluyendo la posibilidad de contar con veterinarios privados previamente acreditados para incorporarse rápidamente a una respuesta sanitaria.
La experiencia de 2001 dejó en evidencia la importancia de estos profesionales. En aquella emergencia, muchos veterinarios de libre ejercicio se sumaron al trabajo cuando la capacidad del Servicio Veterinario Oficial quedó desbordada.
La idea ahora es evitar que una futura respuesta vuelva a depender del voluntarismo, de profesionales que aporten tiempo, vehículos o recursos propios porque la emergencia los encuentra sin un esquema previamente definido.
Otro de los puntos que apareció con fuerza fue la vacunación.Uruguay vacuna sistemáticamente contra la fiebre aftosa y la herramienta continúa siendo parte central de la estrategia sanitaria. Pero el ejercicio puso sobre la mesa una advertencia: la vacuna no puede convertirse en la única respuesta automática frente al riesgo.
Antes están las barreras sanitarias, la bioseguridad, la vigilancia, la detección temprana, la notificación de sospechas y la capacidad de reaccionar rápidamente.
Incluso la propia vacunación tiene una contracara: puede modificar la presentación clínica de la enfermedad y hacer más compleja la vigilancia necesaria para demostrar que no existe circulación viral.
La discusión, entonces, dejó de ser simplemente “vacunar o no vacunar”. La pregunta es otra: ¿qué combinación de herramientas permite evitar que el virus entre y, si entra, detectarlo y frenarlo lo antes posible?
El virus puede llegar por la frontera, pero el golpe puede llegar por los mercados
El riesgo no se limita a la sanidad animal. Un foco de fiebre aftosa puede cambiar en cuestión de horas las condiciones de acceso de la carne uruguaya a los mercados internacionales.
Y ahí aparece otro problema: los destinos no son intercambiables.Desde la industria se advirtió que perder un mercado no significa simplemente vender ese volumen en otro. Conseguir habilitaciones, construir relaciones comerciales y desarrollar clientes puede llevar años.
Por eso, durante el ejercicio también apareció la necesidad de contar con un plan de contingencia comercial, acompañado de una estrategia de diversificación de mercados y de comunicación de crisis.
La lógica es sencilla: ante una emergencia sanitaria, Uruguay tendría que trabajar no solo para controlar el virus, sino también para evitar que el problema sanitario se transforme rápidamente en un problema comercial.
¿Y si el foco aparece en Brasil?
El segundo día llevó el ejercicio al territorio. Especialistas de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) trabajaron sobre herramientas como la zonificación, que permite gestionar situaciones sanitarias diferentes dentro de un mismo país y, bajo determinadas condiciones, limitar el impacto de un brote localizado sobre el resto del territorio y el comercio.
Pero cuando la teoría se llevó al mapa uruguayo, aparecieron las preguntas difíciles.
¿Qué pasaría ante una amenaza proveniente de Brasil? ¿Hasta dónde debería extenderse una zona de protección? ¿Dónde habría que instalar controles? ¿Cómo controlar el movimiento de animales, personas y maquinaria? ¿Cuántos recursos se necesitarían? ¿Qué pasaría con los productores afectados por restricciones incluso antes de que exista un foco dentro de Uruguay?
La frontera dejó de ser una línea en el mapa y pasó a ser una red de movimientos, rutas, establecimientos vinculados y puntos de riesgo. Uruguay tiene hoy una ventaja que no tenía en 2001: trazabilidad y sistemas de información capaces de aportar datos sobre los movimientos del ganado.
Pero tener información no significa necesariamente tener listo el protocolo para utilizarla en una emergencia. También se discutió la posibilidad de dividir eventualmente al país en zonas sanitarias independientes para preservar parte del comercio si el brote quedara localizado.
La conclusión fue menos ambiciosa y más urgente: antes de pensar en una zonificación permanente, Uruguay necesita estar preparado para implementar correctamente zonas de protección y contención cuando las circunstancias lo exijan.
El ejercicio dejó una agenda concreta: actualizar el Plan Nacional de Contingencia, diseñar respuestas específicas frente a amenazas externas, capacitar veterinarios privados, reforzar la vigilancia y las barreras sanitarias, trabajar sobre mercados y comunicación de crisis y seguir entrenando a los distintos actores de la cadena.
En paralelo, Uruguay formalizó su adhesión al Banvaco, el banco regional de vacunas para emergencias de fiebre aftosa, sumando otra herramienta para una eventual contingencia.
El escenario regional tampoco es el mismo que hace 25 años. Actualmente, América del Sur se encuentra libre de fiebre aftosa con la excepción de Venezuela, según lo presentado durante las jornadas por Manuel Sánchez, de PANAFTOSA.
Pero estar libre de la enfermedad no significa estar fuera de riesgo. Uruguay tiene hoy más herramientas que en 2001: trazabilidad, sistemas de información, mayor experiencia internacional y una estructura sanitaria que logró sostener durante décadas el estatus de país libre. El desafío es que ese éxito no genere exceso de confianza.Porque una emergencia puede empezar con un animal sospechoso. La capacidad de responder se construye mucho antes.
Fuente de información: Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP)