La iniciativa se apoya en una serie de encuentros realizados en Canelones y Montevideo, donde participaron productores, técnicos y organizaciones de todo el país. De esas instancias surgió un diagnóstico claro: Uruguay presenta realidades muy dispares en materia de acceso al agua, lo que llevó a plantear una estrategia de intervención por niveles, priorizando las zonas más rezagadas.
Además, desde la Dirección de la Granja se puso énfasis en articular esta herramienta con otras ya existentes, buscando maximizar el impacto en un contexto climático que -lejos de ser coyuntural- se perfila como un desafío recurrente para el sector.
El ministro Alfredo Fratti destacó el alcance de la convocatoria, tanto por la problemática que aborda como por el perfil de los beneficiarios. Se trata, principalmente, de productores pequeños, con menor respaldo y mayores dificultades para sostener su actividad.
Los números ayudan a dimensionar la urgencia. Según datos compartidos por Ramiro Vacca en base al Registro Nacional Frutihortícola, el 35% de la superficie está en zonas de secano, es decir, sin acceso al agua. En términos concretos, eso implica a unos 2.700 productores que trabajan cerca de 28.700 hectáreas, de los cuales casi 2.000 tienen menos de siete hectáreas equivalentes.
En ese escenario, el programa “Agua para la Granja” se estructura sobre tres ejes: gestión eficiente del agua en clave de cambio climático, incorporación de tecnología aplicada al riego y uso sostenible de los recursos naturales, con el objetivo de mejorar tanto la productividad como la estabilidad de los sistemas productivos.
A esto se suma el componente financiero. Desde República Microfinanzas remarcaron el rol de las herramientas crediticias para facilitar el acceso a estas soluciones, especialmente en el caso de productores familiares de menor escala.