En siete años, el parador que alquilaba kayaks, gomones y motos de agua a orillas del Arroyo Pando, próximo a la desembocadura en el Río de la Plata, se transformó en uno de los restaurantes de mayor prestigio del país. De las manos y pasión por la carpintería de Ramón Núñez surgió Burdeos, una casona de madera escondida entre las dunas que cautiva por su estilo y gastronomía a locales y extranjeros.
Además de los uruguayos que llegan al restaurante, suele ser común escuchar que se habla portugués, inglés, francés y alemán. Casi sin querer, sin buscarlo, sin invertir un solo peso en publicidad, Burdeos es recomendado por decenas de blogs internacionales de viajeros, según nos contó la encargada del lugar, Paula Tripodi. “Nunca fue un objetivo ser referentes o populares, se fue dando solo. El boca a boca generó lo que hoy es el restaurante”, explicó.
Por supuesto que hoy, a raíz de la popularidad, el desafío está en ser uno de los mejores restaurantes del país, pero no lo sienten como una presión. De a poco, así como fue aumentando el reconocimiento, Burdeos crece en cuanto a gastronomía y estructura. “Es común estar en obras en invierno, porque el dueño (Núñez) ama trabajar la madera y cambiar el local por dentro”, indicó la encargada.
Precisamente, la innovación que ha ido sufriendo la cocina ha sido uno de los puntos altos del restaurante a lo largo de estos siete años. “La gastronomía es a base de productos de calidad y eso a la gente le gusta”, comentó Tripodi. En este sentido, la picada de mar es la gran estrella del restaurante: son ocho cazuelas con mariscos diferentes que varían según la temporada y pesca del día. Así y todo, también es posible encontrar carnes, platos vegetarianos y comida especial para celíacos.
Los maricos, la ubicación privilegiada de Burdeos y el estilo rústico del local pueden ser disfrutados con un 15% de descuento por los tarjetahabitantes de BBVA.