Fundada hace ocho años, la uruguaya Marvik construyó su posicionamiento dentro del mundo de la IA antes de la irrupción de ChatGPT.
La empresa, que desarrolla soluciones de inteligencia artificial a medida para las empresas y con resultados comerciales medibles, cuenta hoy con un equipo de 200 personas distribuidas entre Uruguay, Argentina, Colombia, Perú, Estados Unidos y Europa, y trabaja con corporaciones y startups en mercados regionales y, en especial, en Estados Unidos.
De Mercado Libre, pasando por Prex, hasta la Universidad de Standford y Unicef: Marvik trabaja para grandes jugadores del mercado global y su foco no cambió con el boom reciente de la IA generativa. “Somos una empresa de desarrollo de software especializada en inteligencia artificial y siempre fue este nuestro foco”, afirmó Paula Martínez en diálogo con InfoNegocios Uruguay.
El diferencial, según la ejecutiva, está en cerrar la brecha entre experimentación y resultados. “No es lo mismo hacer una prueba de concepto para ver si una solución es viable a realmente escalar una solución y que impacte millones de usuarios en una plataforma o que tenga un impacto en el negocio del cliente”, sostuvo.
Ese cambio de etapa también se refleja en la demanda. Si hace un año predominaban los planes pilotos, hoy las compañías buscan un retorno concreto. “Las empresas precisan tener un resultado… entender cuál es el ROI, cuál es el retorno de una inversión de este estilo”, explicó Martínez.
Casos que van de la ciencia a la industria pesada
El portafolio de clientes de Marvik cruza sectores y niveles de madurez tecnológica. En el extremo más innovador aparece Guska, la startup encabezada por el reconocido científico uruguayo Gonzalo Moratorio. Allí, la IA se aplica sobre investigación biomédica: la compañía desarrolló una plataforma basada en modelos generativos para identificar candidatos de virus que combaten el cáncer.
“El poder usar una plataforma de AI generativo para obtener buenos candidatos a estos virus abre la posibilidad de ir mucho más rápido en esa investigación”, explicó Martínez. La mejora no solo consiste en una mejora en la eficiencia operativa, sino que Marvik acelera ciclos de descubrimiento que, sin estas herramientas, serían mucho más largos y costosos.
En otro extremo aparece la compañía de vehículos agrícolas y de construcción estadounidense Bobcat, donde el foco está en la automatización industrial. Marvik trabaja en el desarrollo de capacidades para que la flota de vehículos de la empresa avance hacia la autonomía. “Sin ese tipo de tecnologías es una cosa que no podrían llegar a ocurrir nunca”, señaló.
Ambos casos ilustran una misma lógica: la IA no solo optimiza procesos existentes, también habilita productos y líneas de negocio que antes no eran viables.
El impacto económico varía según la industria y el punto de partida de cada empresa. En procesos industriales, supply chain o tareas administrativas repetitivas, los retornos suelen aparecer en forma de eficiencia y reducción de costos. En otros casos, la tecnología permite escalar ventas o personalizar la experiencia del cliente.
“Tenemos clientes que han obtenido ahorros de cientos de miles de dólares mensuales por implementar soluciones de este estilo y otros que han abierto nuevas líneas de negocio”, afirmó Martínez.
La clave está en el enfoque. Marvik no ofrece un producto estándar, sino desarrollos a medida, construidos sobre los lineamientos y sistemas de cada cliente. “No es una solución que es la misma para todos: desarrollamos propuestas a medida usando sus datos y apalancándonos en la información que tienen”, explicó.
Ese modelo implica también un proceso previo que no siempre es tecnológico. Muchas empresas requieren definir dónde aplicar la IA antes de invertir. “Acompañamos desde una etapa previa para entender dónde están los quick wins, cuál puede ser un roadmap de IA, entender el ROI de cada implementación”, indicó.
Retornos en meses, no en años
Todas estas exigencias del mercado actual de la IA hacen también que los plazos de recuperación de la inversión se acorten. Según Martínez, hoy sus clientes buscan proyectos con impacto rápido y métricas claras. “Buscan que el período de repago sea de seis meses, de un año; en plazos relativamente cortos se pueda recuperar esa inversión”, señaló.
Por eso, la recomendación suele ir en contra de los despliegues masivos desde el inicio. “Es importante comenzar por algún proyecto que pueda tener impacto rápido; ver resultados y con eso generar tracción y adopción dentro de la empresa”, sostuvo.
Ese criterio también ordena la discusión interna en las organizaciones. Antes de implementar, la pregunta central pasa por los indicadores: qué KPI se va a mover, cómo se mide el éxito y qué retorno se espera.
Talento local, mercado global
Aunque Uruguay sigue siendo la base, el negocio de Marvik es global. La mayor parte de sus clientes está en Estados Unidos, un mercado que, según Martínez, valora el nivel técnico de la región. “Las soluciones que se construyen desde acá están a la altura y no tienen nada que envidiar a lo que se hace en otras partes del mundo”, afirmó.
A eso se suma una ventaja operativa: la cercanía horaria y cultural. “Es fácil trabajar porque estamos en horarios muy parecidos. En otras partes del mundo eso no pasa”, explicó.
En ese terreno, la experiencia acumulada empieza a pesar más que la novedad. “Los clientes valoran la experiencia real implementando soluciones a escala… con impacto más allá de un concepto”, concluyó Martínez.
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