El miedo es el “cuco” del transporte público (cómo impacta según el género y qué podemos hacer)

“Avisame cuando llegues”, “Mensajeame mientras estoy en viaje así me siento acompañada”, “¿Me llevás a la parada así no voy sola?” y “Esperá conmigo el colectivo”, estás son frases muy comunes entre las mujeres a la hora de usar el transporte público en algunas determinadas condiciones. 

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Las mujeres utilizan alrededor de 7 estrategias para reducir riesgos de seguridad personal en el transporte público, mientras que los hombres solo 4. Esto lo declara el informe “Ella se mueve segura” desarrollado en 2019 por el Banco de Desarrollo de América Latina y Foundation. La percepción de la inseguridad en el uso del transporte público según cada género pareciera no ser un mito. 

Durante el estudio se entrevistaron a más de 3.000 personas en tres ciudades de Latinoamérica: Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires, en las que se abordó el mismo resultado a pesar de las diferencias urbanísticas ¿Cuál fue? Existe un mayor número de mujeres que de hombres que presenció y/o experimentó tanto crimen como acoso mientras accedía o usaba el transporte público.
 


Esta conclusión las conduce a tener que resignar viajes en medios que podrían resultar más económicos y eficientes, y en cambio, adoptar tramos de caminata o combinaciones de varios tipos de transporte con servicios de car sharing y taxis. La consecuencia se acrecienta en horarios nocturnos, donde la soledad de las calles penetra con más fuerza. 

Un estudio relevado en Montevideo también confirma la tendencia: un tercio de los viajes allí se hacen a pie, pero la mayor parte de éstos son realizados por mujeres y sólo el 15% por hombres. 
 


Ahora bien, la tasa de viaje por sexo publicada por el Observatorio de Movilidad Montevideo en los últimos años, indica que las mujeres dan mayor uso al transporte público que los hombres ¿Por qué? Si la realidad da cuenta de que el temor al viaje en este tipo de medio es un impedimento para muchas de ellas. 

La respuesta seguro depende de las oportunidades de acceso al vehículo privado que tiene cada género. 6 de cada 10 mujeres no dispone de auto, ya sea por cuestiones de salario y/o sociales, y en el caso de las que sí poseen, es probable que tengan que compartirlo con otras personas del núcleo familiar. 

Así, las dificultades para llegar a los puestos de trabajo, formación y recreación son algunas de las consecuencias que atentan contra la salud mental y engrosan la desigualdad del sistema productivo.
 


No obstante, una encuesta de la aplicación de movilidad Ualabee - realizada este año - trajo claridad al problema. El mayor porcentaje de las usuarias consultadas en Argentina, sostuvo que existen soluciones posibles para revertir la situación: por ejemplo, la tecnología de datos es clave para crear condiciones seguras e igualitarias en los traslados. 

Articulación y sinergia entre actores privados y públicos, además de la escucha activa sobre las necesidades de las usuarias de transporte, son dos de las premisas básicas de las que hay que partir para transformar la movilidad. Esto es solo una cuestión de compromiso, no de invenciones. 
 

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