El futuro del trabajo se está configurando en un terreno donde la tecnología avanza con rapidez, pero el verdadero diferencial sigue siendo humano. Esa es una de las conclusiones centrales del informe “El valor humano: tendencias globales sobre el futuro del trabajo”, elaborado por la consultora ManpowerGroup a partir de encuestas a más de 12.000 trabajadores y 40.000 empleadores en 41 países. El estudio identifica los cambios estructurales que ya están redefiniendo la organización del trabajo, la gestión del talento y el rol de las empresas en la próxima década.
Una de las transformaciones más visibles tiene que ver con la forma en que se estructuran los equipos. El informe anticipa la consolidación de “equipos súper híbridos”, donde conviven trabajadores humanos, inteligencia artificial y talento freelance en estructuras mucho más flexibles que las jerarquías tradicionales. Así, de acuerdo con Manpower, muchos puestos serán rediseñados para integrar capacidades humanas con sistemas basados en IA. La planificación de la fuerza laboral comienza a fragmentar las tareas de un puesto en actividades específicas que luego se asignan a personas o herramientas tecnológicas según dónde se genere mayor valor.
La expansión de la inteligencia artificial aparece como uno de los grandes motores de esta reconfiguración. Las organizaciones avanzan desde usos puntuales —como automatizar tareas administrativas o resumir reuniones— hacia una integración mucho más profunda, donde agentes inteligentes participan activamente en los flujos de trabajo y colaboran con los humanos. Sin embargo, el proceso presenta desafíos claros: los líderes empresariales señalan como principales obstáculos el costo de implementación, las preocupaciones por la privacidad de los datos y las brechas de habilidades dentro de la fuerza laboral.
El estudio advierte, además, sobre los riesgos de una automatización sin estrategia. La tentación de reemplazar trabajadores mediante tecnología suele responder a una lógica de corto plazo y puede generar resultados contraproducentes. Sin un rediseño adecuado de los puestos y sin supervisión humana, las empresas que dependen en exceso de sistemas automatizados enfrentan fallas operativas y pérdida de conocimiento interno. Aun así, el proceso avanza: el 61% de los empleadores a nivel global prevé aumentar sus inversiones en automatización, especialmente en áreas como tecnología, manufactura y ventas.
En paralelo, el mercado laboral también se mueve hacia modelos más flexibles. El crecimiento de la economía basada en trabajos por encargo o contratos temporales aparece como otra de las tendencias estructurales. El informe señala que, hacia 2027, hasta la mitad de la fuerza laboral en los países desarrollados podría participar de alguna forma en este tipo de esquemas. Entre los jóvenes de la Generación Z, el fenómeno ya se hace visible: el 27% complementa su ingreso principal con trabajos de este tipo. Este cambio abre oportunidades de agilidad para las empresas, pero también plantea interrogantes sobre protección social, estabilidad laboral y desarrollo profesional.
Frente a ese escenario dinámico, la capacidad de aprendizaje rápido se vuelve uno de los activos más valiosos. El informe habla de un “reaprendizaje acelerado”, donde los trabajadores deberán actualizar sus habilidades de manera constante para mantenerse vigentes. La alfabetización en inteligencia artificial empieza a convertirse en una competencia transversal que incluye desde la formulación de prompts hasta el análisis crítico de las respuestas generadas por sistemas automáticos. Actualmente, el 44% de los trabajadores globales recibió algún tipo de capacitación en habilidades durante los últimos seis meses, una señal de la velocidad con la que se están adaptando las organizaciones.
Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren las habilidades humanas más difíciles de replicar. Competencias como la creatividad, la empatía, la intuición, la comunicación interpersonal o la resolución de problemas —definidas en el informe como “habilidades preindustriales”— ganan protagonismo porque permiten a las personas diferenciarse de las máquinas. De hecho, siete de las diez habilidades que más crecerán en importancia hacia 2030 pertenecen al ámbito de las llamadas habilidades blandas.
El desafío también se refleja en la productividad. Muchas empresas esperan mejoras inmediatas gracias a la inteligencia artificial, pero el informe señala que en muchos casos ocurre lo contrario: durante las etapas iniciales de adopción, la productividad incluso puede caer mientras los equipos se adaptan a nuevos sistemas. Este proceso se combina con un problema creciente de agotamiento laboral. A nivel global, el 63% de los trabajadores declara sentirse exhausto, un indicador que obliga a repensar las métricas de desempeño y los sistemas de evaluación dentro de las organizaciones.
El informe también aborda las tensiones en torno al trabajo híbrido. Tras la flexibilización que marcó la pandemia, muchas empresas intentan reinstalar esquemas presenciales estrictos. Sin embargo, la evidencia muestra efectos no deseados: los roles completamente presenciales tardan un 23% más en cubrirse que los híbridos o remotos, y los mandatos rígidos de regreso a la oficina impulsan la rotación de talento, especialmente entre las mujeres.
En ese marco de transformación, el estudio describe un escenario donde las normas laborales tradicionales pierden estabilidad. La confianza en las instituciones y en los líderes empresariales muestra señales de deterioro, mientras la desinformación se convierte en un problema creciente: el 68% de las personas en el mundo considera que las noticias falsas representan un desafío importante en su país.
El diagnóstico final del informe apunta a una paradoja: la tecnología continuará reconfigurando el trabajo a gran velocidad, pero el éxito de las organizaciones dependerá cada vez más de su capacidad para potenciar aquello que las máquinas no pueden replicar.
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