Con una inversión inicial de apenas $ 1.500 y en menos de dos años de actividad la empresa uruguaya BeeKind, que comercializa envoltorios sustentables y reutilizables a base de cera de abeja, pasó de ser una solución doméstica para reducir el uso de plásticos a proyectar su primera exportación antes de fin de 2026.
Detrás del emprendimiento están María Moreira y Nitai Marzovillo, su pareja, quienes comenzaron en enero de 2024 con un objetivo concreto: sustituir el film plástico en su vida cotidiana. La respuesta apareció en una tendencia ya instalada en mercados internacionales.
Lo que empezó como una prueba casera —fabricando productos para uso propio y regalándolos a amigos— rápidamente encontró validación. La demanda espontánea derivó en la apertura de una cuenta de Instagram y, un mes después, en la formalización del emprendimiento. Desde el inicio apostaron por la comunicación digital y la pauta en redes como vía para dar a conocer y comercializar sus productos bajo el nombre de Beekind.
La inversión fue mínima: menos de $ 2.000. Con ese capital inicial compraron cera de abeja, resina de pino y aceite de coco. El resto fue adaptación de electrodomésticos de cocina para crear su propia fábrica de envoltorios reutilizables. Hasta el día de hoy utilizan una plancha chivitera adaptada y una fondue de chocolate para calentar la cera para generar sus productos.
Así, tras seis meses de ensayo y error dieron con la fórmula adecuada. El crecimiento fue tan rápido como orgánico. Las redes sociales funcionaron como principal canal de ventas y posicionamiento, con la estrategia de educar al consumidor. “Lo más difícil es que la gente entienda qué es el producto, porque es algo novedoso que no se conoce en Uruguay”, explica Moreira a InfoNegocios. La inversión en pauta digital fue clave para lograrlo y permitió escalar sin necesidad de un local físico.
En paralelo, la empresa sumó puntos de venta —entre ellos las ocho tiendas de La Molienda— y diversificó su actividad. A partir del vínculo con la materia prima, Beekind desarrolló una segunda línea vinculada con la reubicación de colmenas que aparecen en casas o campos. Moreira y Marzovillo acuden a donde se encuentra el panal y lo retiran para entregarlo a apicultores con los que convenian para que, a su vez, ellos les proporcionen las materias primas.
La emprendedora explicó que si bien esa parte del negocio no genera rentabilidad directa, fortalece el posicionamiento de marca y su compromiso ambiental.
Los números acompañan ese crecimiento. En diciembre de 2025, durante la feria Ideas Más, la empresa facturó US$ 15.000 en un solo mes, un punto de inflexión que marcó la necesidad de escalar. Actualmente, los ingresos mensuales multiplican entre tres y cuatro veces lo que generaban en etapas anteriores, y el 90% de las ganancias se reinvierten en el negocio.
Ese salto también expuso nuevas complejidades. La empresa atraviesa un proceso de reestructura jurídica para dejar atrás el monotributo y adaptarse a una escala mayor. “Estamos aprendiendo a tener una empresa”, reconoce Moreira, quien hoy trabaja junto a un equipo de asesores contables y legales para ordenar el crecimiento.
Sin empleados y con gestión 100% familiar —desde la producción hasta el marketing—, Beekind ya proyecta su próximo paso: la internacionalización. La demanda desde Argentina y Brasil, sumada al respaldo de Marca País y su participación en programas de Uruguay XXI, aceleró los planes.
Y ahora se preparan para realizar la primera exportación antes de fin de año. En ese camino, el emprendimiento mantiene su esencia. Opera desde un predio de 700 m² en Canelones, donde producen parte de sus propios alimentos, incorporan energías renovables y desarrollan un modelo de vida alineado con su propuesta de valor. Incluso proyectan abrir su espacio al público a mediados de año para mostrar que la sostenibilidad también puede ser un negocio.
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