Más que metros cuadrados, las compañías buscan hoy espacios que acompañen su crecimiento, mejoren la productividad y se adapten a cambios en su estructura, lo que ha impulsado el desarrollo de nuevas alternativas en el mercado local, como oficinas flexibles y soluciones compartidas.
Montevideo se mantiene como el principal polo corporativo del país, concentrando la mayor oferta de oficinas y servicios asociados, en zonas que destacan por su conectividad, seguridad y calidad urbana, factores cada vez más determinantes para la instalación o expansión de empresas.
Tras los cambios que dejó la pandemia, el rol de la oficina evolucionó hacia un espacio de encuentro y colaboración. Esto ha incrementado la demanda por ambientes abiertos, salas versátiles y espacios comunes bien diseñados, junto con oficinas que priorizan iluminación natural y confort.
“La oficina dejó de ser un espacio estático y pasó a ser una herramienta estratégica para las empresas, tanto en productividad como en atracción de talento”, señala Malena Bird, del área de Brokerage de JLL Uruguay.
En paralelo, la flexibilidad se consolida como uno de los principales criterios de decisión. El alquiler de oficinas gana terreno frente a la compra, mientras aumenta la presencia de operadores de espacios flexibles como Regus, Sinergia y Cosmos Flex, reflejando un cambio estructural en la forma en que las empresas ocupan sus espacios.
A esto se suma una mayor preocupación por la eficiencia energética y los costos operativos, lo que está impulsando la preferencia por edificios con mejores estándares ambientales.
Este proceso se da en un contexto donde Uruguay continúa posicionándose como un destino atractivo para la inversión, con estabilidad institucional y condiciones favorables para empresas locales e internacionales, lo que sigue sosteniendo la demanda por oficinas en Montevideo.
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