El arte suele asociarse con la creatividad, la sensibilidad y la expresión personal, pero detrás de una obra también existe un mercado, una lógica económica y una industria donde intervienen artistas, coleccionistas, diseñadores e inversores. Ese fue el eje del último After de InfoNegocios, que propuso analizar qué hay detrás del valor de una pieza y cómo el arte puede convertirse en un activo, una forma de identidad y una herramienta para transformar espacios.
La conversación reunió tres miradas complementarias sobre el mundo del arte: la del creador, la del coleccionista y la del profesional que incorpora obras en proyectos residenciales, corporativos e inmobiliarios. Participaron Gustavo “Pollo” Vázquez, artista plástico uruguayo con más de seis décadas de trayectoria; Pablo Monsuárez, socio director de Cervieri Monsuárez y coleccionista; y Hassen Balut, diseñador de interiores y fundador del estudio que lleva su nombre.
Desde la perspectiva del artista, Vázquez explicó que el valor de una obra comienza a construirse cuando deja de pertenecer al creador y pasa a relacionarse con la mirada del público. Desde el momento en que realizó una obra y la consideró terminada y la firmó, ella vive por sí misma. “Ahí no manejo yo, lo maneja el público y el interés que pueda despertar”, señaló.
Con una trayectoria marcada por la búsqueda artística y la construcción de un lenguaje propio, sostuvo que la creación no parte de una lógica comercial. “Yo soy un artista, no soy un comerciante. “Cuando realizamos una obra, buscamos sacar lo mejor de uno mismo, más por la gloria que por lo monetario”, explicó.
Durante el encuentro, el artista recordó algunos episodios de su carrera en los que recibió propuestas para orientar su trabajo hacia caminos con mayor potencial de mercado, pero decidió mantenerse fiel a su identidad. “Me ofrecieron lanzarme en un movimiento de arte erótico porque veían una oportunidad en Nueva York, pero les dije que no, porque eso no era lo que yo buscaba”, contó.
Esa coherencia también forma parte del valor que una obra construye con el paso del tiempo. “El arte tiene una búsqueda continua. Cada tanto aparece una obra que supera a las anteriores y esa es la zanahoria que te invita a seguir”, afirmó.
Desde el lugar del coleccionista, Pablo Monsuárez explicó que acercarse al arte implica mucho más que comprar una pieza por su precio o por una expectativa de valorización futura. Socio director de Cervieri Monsuárez, estudio especializado en propiedad intelectual y derecho empresarial, Monsuárez también desarrolló junto a su esposa Virginia Cervieri una colección de arte y la Fundación Servier Monsuárez, dedicada a la difusión del arte contemporáneo latinoamericano. Según explicó, una parte fundamental del valor de una obra está vinculada a conocer la historia que existe detrás de ella. “El arte cambia cuando conoces quién está detrás, cómo lo pintó, dónde lo hizo y cuál es la historia de esa persona. Lo ves distinto”, sostuvo.
Para el coleccionista, si bien una obra puede transformarse en una inversión y conservar valor a lo largo del tiempo, el primer vínculo suele estar relacionado con la conexión personal. “Hay una parte de pasión, de interés por el artista y de entender que esa pieza puede tener un valor que se mantiene en el tiempo”, explicó.
Desde el diseño interior, Hassen Balut analizó cómo el arte puede convertirse en una herramienta para construir identidad dentro de una casa, una oficina o un desarrollo inmobiliario. Desde su experiencia, señaló que una obra no debe incorporarse únicamente como decoración, sino como parte de una historia que representa a quienes habitan ese espacio. “El arte es muy personal. Un cuadro transmite algo, y si no tiene relación con la persona o con el lugar, se pierde parte de esa identidad”, señaló.
Balut contó que en proyectos de gran escala, como el futuro hotel Cipriani en Punta del Este, el arte ocupa un lugar central porque refleja la personalidad de sus propietarios. “Giuseppe Cipriani tiene una relación muy personal con el proyecto. No es una cadena hotelera donde hay un grupo detrás. Por eso la mayoría del arte será propio, de obras que él fue comprando y que forman parte de su mundo”, explicó.
Además, destacó que muchas veces los clientes buscan incorporar arte sin tener un vínculo previo con los artistas, por lo que el rol del diseñador también implica acompañar ese proceso. “Hay gente que te dice ‘poneme todo el arte’, y eso es muy difícil. “El arte es algo muy personal”, sostuvo.
En ese sentido, recomendó que la elección de una obra no esté guiada solamente por tendencias o por estatus. “No compren algo porque está de moda. Compran porque les gusta, porque conocen al artista y porque hay una historia detrás”, afirmó.
Durante el after, los tres especialistas coincidieron en que el valor del arte no está únicamente en su precio de mercado, sino también en su capacidad de transmitir identidad, generar vínculos y permanecer en el tiempo. Desde la creación artística, el coleccionismo y el diseño de espacios, la charla mostró cómo una obra puede convertirse en mucho más que un objeto decorativo: puede formar parte de un patrimonio, aportar valor a un proyecto y construir una narrativa alrededor de una persona, una marca o un lugar.