¿Sana será conocido como el Ozempic uruguayo? (Eolo Pharma va por su tercera ronda de financiamiento por US$ 10 millones y en octubre comienza con la fase 2)

Con cerca del 40% del monto ya comprometido, el laboratorio fundado en 2016 se prepara para ejecutar un estudio que pruebe que la reducción de peso que genera Sana está asociada a la pérdida de grasa, con la mira de en 5 años salir a conquistar el mercado global de los tratamientos contra la obesidad.

En un ecosistema donde la biotecnología todavía corre desde atrás en América Latina, la historia de Eolo Pharma tiene mucho de excepcional y, también, de apuesta a largo plazo que empieza en Uruguay pero con visión global. Fundada en 2016 por María Pía Garat, Carlos Escande, Virginia López y Carlos Batthyány, la compañía avanza hoy con el desarrollo de Sana, un fármaco que ya patentaron para el tratamiento de la obesidad que, de llegar al mercado, marcaría un hito: sería el primero de su tipo concebido íntegramente en Sudamérica.

El proyecto, que en sus inicios generaba más escepticismo que respaldo, atraviesa ahora una etapa decisiva. Tras haber completado en 2025 con éxito la fase 1 de ensayos clínicos —realizada en Australia, entre otras razones por incentivos fiscales y mayor agilidad regulatoria—, la empresa se prepara para iniciar la fase 2 en octubre de este año. El estudio se llevará adelante en Chile, con unos 120 pacientes y una duración estimada de 12 semanas.

“El punto clínico principal es la pérdida de peso”, explicó Garat en diálogo con InfoNegocios Uruguay. Pero no es el único. La compañía también buscará demostrar que esa reducción está asociada a la pérdida de grasa —y no de masa muscular—, uno de los principales cuestionamientos a los tratamientos contra la obesidad disponibles. “Nuestro fármaco promueve el gasto energético, como si la persona estuviese haciendo ejercicio. No inhibe el apetito”, resaltó la investigadora.

Ese mecanismo de acción es, justamente, uno de los diferenciales frente a los medicamentos basados en incretinas —como el famoso Ozempic— que dominan hoy el mercado global. Mientras estos actúan reduciendo el hambre, Sana apunta a aumentar el consumo energético del organismo. “La persona puede seguir alimentándose normalmente, lo que permite acompañar el tratamiento con hábitos saludables”, agregó la CEO, quien también destacó que el formato de Sana es en pastillas, por lo que no necesita cadenas de frío como sí lo hace la semaglutida y similares (Ozempic).

El camino hasta aquí no fue lineal. Desde su creación, Eolo Pharma debió sortear no solo las complejidades propias del desarrollo farmacéutico, sino también las limitaciones estructurales de la región. La falta de financiamiento especializado y de experiencia en este tipo de emprendimientos obligó a la empresa a construir su propio ecosistema.

El primer impulso llegó con apoyo público —a través de la ANII— y un ticket inicial de US$ 679.000 de la incubadora argentina Cites. Luego vendrían dos rondas más: una en 2019 por US$ 2,7 millones y otra en 2022 por US$ 3 millones, con participación de inversores ángeles y fondos regionales.

Actualmente, la compañía transita su tercera ronda de financiamiento, con un objetivo mínimo de US$ 10 millones. Según Garat, cerca del 40% ya está comprometido. “A medida que la empresa avanza, el acceso a capital regional se hace más cuesta arriba, y es necesario mirar hacia Estados Unidos o Europa”, explicó.

En paralelo, el proyecto comenzó a captar atención internacional. La publicación de sus avances en la revista Nature Metabolism y el interés de talento e inversores extranjeros reflejan un cambio de escala para la startup uruguaya, que hoy cuenta con un directorio internacional y vínculos con universidades de primer nivel.

La decisión de llevar la fase 2 a Chile, además de la cercanía geográfica y cultural, responde a que el país ofrece mejores tiempos regulatorios y una mayor prevalencia de obesidad, lo que facilita el reclutamiento de pacientes. Uruguay, en cambio, quedó descartado. “Los tiempos regulatorios no son compatibles con la velocidad que requiere una empresa como la nuestra”, afirmó Garat.

Lo que viene después será aún más desafiante. La fase 3 —la más extensa y costosa— difícilmente sea encarada en solitario. Por eso, Eolo Pharma ya explora alianzas con laboratorios internacionales que puedan encargarse tanto de esa etapa como de la posterior comercialización en mercados globales.

“Siempre el objetivo es lograr un partnership con una farmacéutica mediana o grande”, sostuvo la ejecutiva. La definición dependerá, en gran medida, de los resultados que arroje la fase 2.

Si el desarrollo avanza según lo previsto, Sana podría estar en el mercado en unos cinco años. Y aunque aún no hay proyecciones concretas de facturación, Garat es optimista al trazar un paralelismo entre su empresa y lo que sucedió en Dinamarca con el laboratorio Novo Nordisk, que desarrolló Ozempic, que en sus primeros años tuvo un impacto económico comparable al PBI del país.

“Si algo así sucediera en Uruguay, el impacto sería muy importante”, dijo Garat, aunque prefirió no arriesgar cifras. Más allá de los números, insiste, el verdadero cambio sería estructural: validar que desde esta región también es posible desarrollar innovación de frontera.

“Que un fármaco nacido en un laboratorio uruguayo llegue a pacientes en el mundo sería impresionante”, resumió. Y, quizás, el comienzo de algo más grande auguró.

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