La firma uruguaya Bulk, especializada en diseño, impresión y confección de indumentaria deportiva personalizada, trabaja actualmente en la implementación del llamado “pasaporte digital” para sus prendas, una exigencia que comenzará a regir para ingresar al mercado europeo.
“Estamos asesorándonos para empezar a trabajar en ese camino”, explicó Adriana Reigia, socia fundadora de la empresa durante una entrevista con InfoNegocios Uruguay. “La Unión Europea exige un pasaporte digital de la prenda para poder exportar. Nosotros no le exigimos nada a nadie, pero ellos sí. Entonces estamos proyectándonos hacia eso”.
La apuesta tiene detrás una estructura productiva poco habitual en el rubro textil local ya que Bulk hace todo en Uruguay. Desde el diseño y el corte hasta la sublimación y la confección final. Pero además, buena parte de ese proceso productivo está sostenido por una red de talleres y mujeres que trabajan desde sus casas, muchas de ellas jefas de hogar que encontraron en la costura una salida laboral estable.
“Estamos muy enfocados en dar trabajo a gente que está esperando una oportunidad”, señaló Diego Aguirre, el otro socio de la empresa y siguió: “Nos hemos encontrado con personas muy capaces, con muchas ganas. Si les das una mano, la agarran”.
La empresa nació enfocada en indumentaria deportiva personalizada, lo que mantiene, pero fue durante la pandemia cuando su modelo cambió por completo. Hasta entonces, toda la confección era interna. Con las restricciones sanitarias, las trabajadoras comenzaron a coser desde sus hogares y el esquema terminó consolidándose incluso después del regreso a la normalidad.
“Nos obligó la pandemia. Las maquinistas se fueron para sus casas y después vimos que el modelo funcionaba, que a la gente le servía y a nosotros también”, contó Reigia. “Ahí empezó a aparecer más fuerte esta idea de impulsar empleo y trabajar con madres jefas de hogar”, sumó.
Hoy Bulk tiene un núcleo interno de colaboradores y trabaja con talleres externos y costureras independientes en distintas modalidades. Algunas son contratadas directamente y otras trabajan como monotributistas o unipersonales. La empresa, además, participa de iniciativas de capacitación vinculadas a la confección textil, como el Plan Aguja en Canelones, que formó a mujeres vinculadas a centros CAIF.
“La vestimenta es una oportunidad impresionante para impulsar empleo. Con capacitación y trabajo continuo, una persona puede aprender y hacer prendas de calidad. Hay muchísima gente que podría vivir de esto”, afirmó Reigia.
La estructura de Bulk funciona desde una oficina en Pocitos, donde se concentra la atención al cliente, el showroom, el diseño, el corte y la sublimación. Desde allí salen las piezas hacia distintos talleres de confección y luego vuelven para el control de calidad y la entrega final.
Según detallaron, una sola prenda hecha en Uruguay puede involucrar hasta 10 personas diferentes entre diseño, sublimación, confección, bordado, colocación de números, insumos y terminaciones. “Hay todo un mundo alrededor de una prenda confeccionada acá”, remarcó Aguirre.
La empresa produce entre 1.000 y 1.500 prendas mensuales y trabaja con clientes deportivos y corporativos. Entre ellos aparecen clubes como Biguá, Carrasco Polo, Old Boys, Ceibos y la Escuela Militar, además de empresas como Solanas y Fontes. También confeccionan uniformes corporativos y ropa personalizada para gimnasios, ligas amateur y colegios.
Lejos de competir por precio, aseguran que su diferencial está en el diseño, la calidad y el cumplimiento de los plazos. “Nunca entramos en la guerra de precios. El cliente que viene a Bulk busca otra cosa”, dijo Aguirre, mientras que su socia agregó que el compromiso de la empresa es total “con los tiempos y los cumplimos”.
En paralelo, la empresa viene profundizando su estrategia de sostenibilidad. Las telas que utilizan son importadas desde Brasil —una decisión tomada, según explicaron, para reducir la huella logística respecto a Asia— y recientemente comenzaron a incorporar poliéster reciclado.
Además, trabajan junto a la organización Red Papel para reutilizar los residuos de papel derivados de la sublimación, y entregan sobrantes textiles a un emprendimiento que fabrica bolsas de boxeo y utiliza esos recortes como relleno.
“Venimos tratando de construir trazabilidad en toda la cadena”, señalaron. “Y eso también tiene que ver con el futuro y con la posibilidad de exportar”.
Para los socios, el proyecto tiene un componente empresarial, pero también una dimensión social que consideran inseparable del negocio. “No es solamente una prenda hecha en Uruguay, es trabajo para personas que muchas veces estaban esperando una oportunidad”, indicó Aguirre.
“Cuando uno compra, también está tomando decisiones. Está decidiendo si ese dinero circula en Uruguay o se va para afuera. Nosotros creemos que la industria textil puede ayudar muchísimo a transformar realidades”, completó.