¿Qué impulsa el crecimiento de EtMday y cómo se sostiene un evento que ya reúne más de 50 mil personas?
Lo que impulsa EtMday es algo bien simple: la necesidad de conectarse. El emprendedor muchas veces tiene talento, energía y una idea muy buena, pero no siempre tiene acceso a quienes pueden abrirle una puerta. Y las grandes empresas o inversionistas también necesitan acercarse a nuevas soluciones y mirar lo que pasa afuera de su propio mundo.
EtMday creció porque pone a todos en la misma cancha, sin tanta jerarquía. Un emprendedor puede conversar con un empresario, un inversionista o un gerente en igualdad de condiciones. Y ahí los empresarios cumplen un rol clave: no solo asisten, sino que se vuelven parte activa del ecosistema.
La sostenibilidad del evento se explica por las alianzas, la colaboración y la confianza. No lo construye un solo actor, sino una red de empresas, emprendedores, universidades, instituciones públicas y mentores. Es una demostración concreta de que la cooperación público-privada funciona cuando hay un propósito común.
¿Qué tipo de inversiones son claves para escalar plataformas de innovación en la región?
Primero, inversión en conexión. En Latinoamérica hay talento e ideas, pero muchas veces esos mundos no se encuentran. Por eso es clave financiar espacios y plataformas que conectan personas que normalmente no conversarían entre sí. Desde lo público, es fundamental sostener educación emprendedora, ciencia aplicada, tecnología e internacionalización con políticas de largo plazo. No iniciativas aisladas, sino continuidad.
Desde lo privado, el rol de las grandes empresas es clave: convertirse en clientes de startups, probar soluciones, abrir problemas reales y acelerar la validación. Muchas veces la mejor inversión no es una ronda de capital, sino una primera venta.
¿Dónde está el mayor potencial de expansión del ecosistema latinoamericano?
El mayor potencial está en dejar de mirar solo el mercado local. La región comparte problemas muy similares: logística, salud, educación, finanzas, productividad.
Si una startup resuelve bien un problema en un país, probablemente puede escalar a otros. También hay una oportunidad en pasar de exportar materias primas a exportar conocimiento, talento y tecnología. Uruguay, en ese sentido, tiene una ventaja: escala pequeña para testear rápido, pero suficiente sofisticación para validar soluciones que luego pueden escalar regionalmente.
¿Qué buscan los inversores en estos espacios?
Buscan tres cosas, pero primero confianza. No invierten sólo en una idea, sino en un equipo que pueda ejecutar cuando aparezcan los problemas. Luego miran escalabilidad, pero hoy con mayor foco en la realidad del negocio: ventas, clientes, márgenes y ejecución. Y finalmente, las conexiones estratégicas. Muchas veces un evento no solo conecta startups con capital, sino con corporaciones, universidades, mentores y potenciales clientes.
¿Qué hace que una startup pase del networking a una inversión concreta?
Primero, que resuelva un problema real y exista alguien dispuesto a pagar por ello. El mejor financiamiento, dice Daccarett, es el cliente. Segundo, el equipo. La confianza en la capacidad de ejecución pesa tanto como la idea. Y tercero, la claridad: poder explicar qué hacen, para quién, cómo crecen y qué necesitan, con datos concretos.
¿Qué oportunidades tiene Uruguay como plataforma regional?
Uruguay tiene una oportunidad muy potente por su estabilidad, reputación e institucionalidad. En una región volátil, puede posicionarse como un hub confiable para probar y escalar soluciones. Su escala también juega a favor: es lo suficientemente pequeña para experimentar rápido, pero lo suficientemente sólida para validar modelos. La clave está en conectar tres mundos: talento emprendedor, capital inteligente y empresas dispuestas a innovar. Si eso ocurre, Uruguay puede transformarse en un puente relevante para la innovación regional.