Entre oraciones y al mejor cuidado (boutique de vinos La Sacristía abrió nuevo local)

Hoy, hablar de venta online, es algo de todos los días. Sin embargo, en 2013, la comercialización a través de una web –y más específicamente de vinos– no era algo común. La Sacristía, el negocio que Bettina González lleva adelante desde hace más de una década, fue pionero en el sector y ahora cuenta con un nuevo local físico en el corazón de Pocitos.

Cuando uno escucha la palabra sacristía piensa, casi de modo inmediato, en una iglesia y en ese lugar en el que los sacerdotes guardan sus ornamentos y otras cosas del culto y, por supuesto, en el vino que allí se guarda. Ahora, en el mundo del vino –para muchos también un espacio religioso–, dicen los que saben que se llama así, sacristías, a los lugares donde en las bodegas se reservan o guardan los vinos más valorados por la familia dueña del viñedo.

Sin duda por una u otra razón –o por ambas– Bettina González bautizó su negocio, en 2013, como La Sacristía, una tienda de vinos y otros productos gourmet que, si bien nació en el universo virtual, ahora cuenta con espacios físicos a los que se puede ir en procesión. El más reciente fue abierto en Pocitos, más precisamente en la esquina de Roque Graseras y José Scosería.

“Es una esquina sin duda emblemática o clásica de Pocitos, eso me deja ya muy contenta de estar allí con La Sacristía. Ahora, en términos comerciales, es un punto más que estratégico en el mapa, porque por allí no solo pasan cientos de miles de uruguayos por día, sino muchísimos turistas, un público más que habitual nuestro, pero que aquí se ha acrecentado”, dijo González a InfoNegocios.   

Con una luminosidad y estética muy cuidada, lo que permite que cada botella de vino sea protagonista del local, La Sacristía es el sueño de una mujer que proyectó –cuando las redes no eran lo que son hoy– que la venta de vino a través de la web era un camino a desarrollar. El punto es que González no se equivocó, supo ver que el comercio electrónico no solo era para viajes o compras en el exterior.

La pandemia de 2020 fue, obviamente, el momento de mayor expansión de la empresa, ya que al contar con un desarrollo tecnológico previo, La Sacristía no solo ganó en una mayor comercialización de vino, sino en público, cuyo perfil ha ido cambiando en los últimos años, dijo la directora de la firma.

“Antes teníamos un público estable que rondaba los 55, 60 o 75 años de edad. Ahora, en los últimos cinco años, se sumó un cliente mucho más joven, que se atreve también mucho más a ir probando y variando”, dijo González, agregando que “entre los consumidores de vino están los que saben muy bien lo que quieren y van a lo seguro y están los que prueban todo el tiempo algo distinto”.

La ventaja que tiene La Sacristía en este sentido es que, entre sus más de 500 etiquetas a la vista, cuenta con un 60% de vinos extranjeros y un 40% de vinos nacionales. “En la web como en el local de Cordón o ahora en el de Pocitos, lo que vas a encontrar es vinos de Argentina y Chile, por supuesto, pero también de España, Italia, Alemania, Nueva Zelanda, Portugal… es decir, nuestra carta de vinos del mundo es muy variada y eso atrae mucho a los apasionados por el vino”, sostuvo González, remarcando sin embargo que entre las etiquetas más cara que actualmente tiene en el local, una es de un vino uruguayo, cosecha 2018: el blend Balastro de Bodega Garzón, a $ 8.700.

Sin contar diciembre, que como sucede en muchos rubros es uno de los meses de mejores ventas, González dijo a InfoNegocios que “durante el invierno, los meses de julio y agosto, en La Sacristía vendemos un promedio de 3.600 botellas mensuales, es decir unas 600 cajas… incluso fue así cuando existía una diferencia cambiaria muy notoria con Argentina, que todo el mundo se iba a comprar vino allá, nosotros vendimos muy bien por la propuesta que tenemos”.

Es que en La Sacristía, además de vender  vinos y otros productos gourmet, los clientes pueden vincularse entre sí de distintos modos, desde degustaciones abiertas –algo que se generó en 2022 y que desde entonces ya es un clásico de los viernes–, con la selección de cuatro o cinco etiquetas de una bodega local o internacional que se comparte de modo descontracturado, o bien a través de talleres de vino.

Sin duda esto es más que atractivo, porque no hay que trasladarse hasta las bodegas para disfrutar una noche de degustación… se va caminando hasta La Sacristía como quien va a misa, sabiendo que el vino que allí se beba no solo calma la sed del cuerpo, sino también del alma. 

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