En Uruguay, miles de personas necesitan tratamiento por adicciones y no pueden acceder por falta de recursos. Frente a esta realidad, Fundación Manantiales está impulsando un fondo de becas con el objetivo de ampliar el acceso a tratamientos integrales y acompañar a más personas en su proceso de recuperación.
Este fue uno de los ejes centrales del desayuno de trabajo realizado en el Piso 40 del World TradeCenter Montevideo, que reunió a empresarios, referentes sociales y especialistas internacionales para reflexionar sobre el desafío de las adicciones, su impacto social y económico, y las posibles respuestas desde una articulación entre Estado, sector privado y sociedad civil.
“Cada persona que necesita ayuda merece una respuesta real: ampliar el acceso al tratamiento no puede seguir esperando”, señaló Pablo Rossi, director de la institución.
Durante el encuentro, se puso en evidencia una problemática concreta: la falta de recursos limita la posibilidad de dar respuesta a muchas personas que buscan tratamiento. Pero el problema no termina allí. En Uruguay, gran parte de la cobertura sanitaria disponible a través del Sistema Nacional Integrado de Salud suele estar orientada a la atención inicial, la estabilización clínica, la consulta ambulatoria o la internación en situaciones agudas. El propio sistema sanitario ha reconocido históricamente como desafío extender los 30 días de prestación asegurada en mutualistas, justamente porque ese plazo puede resultar insuficiente frente a cuadros complejos de salud mental y adicciones.
En términos clínicos, 30 días pueden ser decisivos para atravesar una crisis, iniciar una desintoxicación o estabilizar a una persona. Pero no alcanzan para completar un tratamiento de drogodependencia. La recuperación exige tiempo, continuidad terapéutica, abordaje interdisciplinario, trabajo familiar, reconstrucción de hábitos, prevención de recaídas y un proceso sostenido de reinserción social.
Para muchas familias, esa brecha se transforma en una situación angustiante: cuando el paciente empieza a salir de la crisis aguda, el tratamiento cubierto ya no alcanza para sostener la recuperación. En adicciones, interrumpir un proceso en sus primeras etapas puede significar volver al mismo entorno, a los mismos riesgos y a la misma dinámica de consumo.
Por eso, Fundación Manantiales busca involucrar activamente al sector privado como parte de la solución. No se trata solo de asistir a una persona en situación de consumo problemático, sino de evitar costos sociales mucho más profundos: deterioro familiar, pérdida de productividad, conflictos laborales, accidentes, violencia, judicialización, exclusión y mayor presión sobre los sistemas de salud, seguridad y justicia.
¿Cómo funciona el fondo de becas?
El fondo de becas de Fundación Manantiales busca financiar tratamientos integrales para personas que no cuentan con los recursos necesarios. Cada beca completa cubre un abordaje interdisciplinario que incluye alojamiento, cuatro comidas diarias, evaluación diagnóstica, seguimiento psicológico y psiquiátrico, atención médica, terapias individuales y grupales, terapia familiar, actividades educativas, ejercicio físico y acompañamiento permanente por equipos especializados.
Los tratamientos tienen una duración promedio de 12 a 18 meses, lo que permite un proceso de recuperación sostenido y una verdadera reinserción social. Esa diferencia es central: una cosa es atravesar la urgencia; otra muy distinta es reconstruir una vida.
Actualmente, la fundación apunta a financiar 56 becas, en línea con la cantidad de personas que hoy se encuentran en lista de espera por falta de recursos. Las empresas pueden involucrarse financiando becas completas —lo que garantiza la continuidad total del tratamiento de una persona— o realizando aportes parciales que contribuyan a ampliar el alcance del programa.
Con más de 30 años de trayectoria, Fundación Manantiales ha acompañado a más de 8.100 personas en su proceso de recuperación y atiende a alrededor de 1.000 personas por año en sus distintos dispositivos. Sin embargo, en el último año, más de 50 personas quedaron fuera del sistema por falta de recursos, en un contexto donde la demanda ha crecido significativamente desde la pandemia.
La tasa de recuperación de los tratamientos alcanza el 90%, lo que evidencia el impacto positivo de un abordaje profesional, integral y sostenido en el tiempo.