Convocada por la Fundación Manantiales, la exministra de Seguridad de Argentina durante los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei y actual senadora Patricia Bullrich visitó Uruguay para brindar una conferencia acerca de narcotráfico, crimen organizado y adicciones en jóvenes. Entre los muchos temas que se hablaron en esa instancia, el cannabis volvió a ponerse en el centro de la conversación regional con una idea, quizá, simplificada: Uruguay legalizó y Argentina quedó atrás.
Si bien esto parece escaparse al ámbito empresarial –y mejor dicho al derecho empresarial–, la realidad muestra otra cosa: Argentina ofrece actualmente mayores márgenes para construir un negocio cannábico que Uruguay.
Esto lo afirma Piero Liebman, director de Liebman & Asociados, uno de los estudios jurídicos especializados en cannabis más importantes de Argentina, que sostiene que el verdadero diferencial no está solamente en la legalización, sino en la posibilidad de “transformar una estructura jurídica en marca, negocio y expansión comercial”.
Mientras el modelo uruguayo funciona bajo un sistema más rígido y cerrado, donde los clubes de membresía tienen entre 15 y 45 socios, un máximo de 99 plantas y una producción limitada de 480 gramos anuales por socio, en Argentina las asociaciones civiles permiten una escala completamente distinta.
“Una sola asociación puede representar hasta 150 personas y habilitar hasta nueve plantas por socio, lo que significa hasta 1.350 plantas simultáneas: más de trece veces el límite de un club uruguayo”, sostiene Liebman, agregando que “ahí aparece una de las grandes oportunidades que pocos están viendo”.
En Argentina no existe formalmente la figura de “club de cannabis”, pero sí asociaciones civiles y fundaciones sin fines de lucro que pueden desarrollar estructuras reales, con estatuto, patrimonio, autoridades y capacidad de contratación.
“Desde Liebman & Asociados ya acompañamos la constitución y el asesoramiento de más de 200 asociaciones cannábicas en distintas provincias como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Tucumán, Neuquén y Río Negro”, dijo Liebman, dejando claro que este trabajo consolida al estudio como uno de los referentes del sector a nivel nacional en la vecina orilla.
Pero el verdadero negocio no termina en el cultivo, según Liebman, la gran diferencia está en la posibilidad de construir marca.
“A diferencia del modelo uruguayo, donde el sistema está más limitado a la producción y distribución interna, en Argentina no existen restricciones específicas para registrar marcas vinculadas al sector más allá de la Ley de Marcas general. Eso abre la puerta a una cadena de valor mucho más amplia: cosmética con CBD, textiles con cáñamo, alimentos funcionales, experiencias cannábicas, turismo temático y nuevos modelos comerciales con fuerte proyección internacional”, sostuvo el especialista.
De hecho, según Liebman, ya existen casos concretos como empresas argentinas exportando cosméticos con CBD a Europa, mientras la industria textil comienza a mirar al cáñamo como una alternativa de altísimo valor por su durabilidad, sustentabilidad y posicionamiento premium.
“El problema no es la falta de permiso legal. Lo que falta es estrategia de marca y entender cómo transformar una estructura jurídica en una oportunidad de negocio real”, explica Liebman a InfoNegocios, remarcando que desde esa visión el estudio no trabaja solamente como estudio jurídico tradicional, “sino como un socio estratégico para empresas, emprendedores e inversores que buscan ingresar correctamente a una de las industrias con mayor potencial de crecimiento de los próximos años”.
Sin duda que, lejos de una discusión ideológica, el cannabis hoy representa una oportunidad económica concreta y, mientras muchos siguen discutiendo si el mercado existe, en Argentina ya hay empresas construyéndolo. De hecho, según Liebman, muchos de los clubes más reconocidos del Uruguay ya comenzaron a desarrollarse en Argentina, donde con el bagaje previo de las limitaciones mencionadas en Uruguay, encuentran un campo mucho más fértil para desarrollar sus propuestas.
“Ante la baja de los valores de exportación, migrar hacia la otra orilla se presenta como una posibilidad de expansión para aquellos que desarrollan biomasa o cultivos extensivos”, sostuvo el especialista.