Silente nació lejos de los grandes centros de consumo, pero en el último año comenzó a consolidarse como un caso de crecimiento dentro del sector de alimentos con valor agregado. La marca, fundada por el chef Gonzalo Araujo y desarrollada junto a Claudio Bevilacqua, pasó de vender 5.000 a 20.000 frascos de yogur entre enero de 2025 y enero de 2026, un salto que refleja tanto la demanda creciente de productos naturales como una estrategia enfocada en la calidad del proceso productivo. “El crecimiento fue muy fuerte y se dio casi sin marketing. Lo que realmente tracciona nuestras ventas es la calidad del producto”, señala Araujo. En ese sentido, destacó que la fidelidad de los consumidores fue clave para sostener el aumento del volumen.
El origen del proyecto se remonta a la chacra familiar de Araujo, ubicada cerca de San Carlos. Tras formarse como chef y trabajar durante varios años en gastronomía, incluyendo temporadas en Punta del Este, decidió volver al campo y abrir un pequeño restaurante a puertas cerradas. Allí comenzó a elaborar sus propios productos con materia prima de cercanía, comprando leche directamente a un tambo de la zona.
En ese contexto, una vecina del lugar, Elvira, le enseñó a hacer dulce de leche casero. “Cuando lo probé me di cuenta de que no tenía nada que ver con ningún otro dulce de leche que hubiera probado”, recordó. Por lo tanto, el producto empezó a servirse en el restaurante y luego a venderse de forma independiente en ferias locales, hasta llegar a tiendas naturales y grandes superficies.
Años más tarde, el proyecto dio un giro estratégico con la incorporación del yogur. La idea surgió luego de que Araujo participará en una capacitación en Italia tras ganar un concurso de la Embajada de ese país enfocado en productos lácteos. A partir de esa experiencia, Silente desarrolló un yogur con una formulación mínima, compuesto únicamente por leche y fermento. “Encontramos un nicho muy claro. La gente estaba buscando yogur realmente natural y en la góndola casi no existía una opción así”, explica el fundador. Actualmente, el yogur representa alrededor del 70% de las ventas de la marca.
Asimismo, la empresa logró una consistencia cremosa y una vida útil de entre 30 y 35 días sin recurrir a espesantes ni conservantes. “Es un yogur básico, casero, pero con mucho control y cuidado en cada etapa del proceso”, agregó. El crecimiento de Silente se dio, en gran medida, sin inversión significativa en marketing. Según explican desde la empresa, la tracción comercial estuvo vinculada casi exclusivamente a la calidad del producto y a la fidelidad de los consumidores. Recién en los últimos meses la marca comenzó a invertir de forma más activa en posicionamiento, cartelería y redes sociales. En cuanto a su presencia territorial, la marca opera principalmente en Maldonado y Montevideo, con llegada a tiendas especializadas y grandes superficies. Además, a través de cadenas con logística propia, la marca logró ingresar en algunos puntos del interior, como Colonia y Paysandú. Sin embargo, la expansión enfrenta desafíos, especialmente en el caso del yogur, debido a su vida útil y a la escasa disponibilidad de logística refrigerada fuera de los principales centros urbanos.
Otro de los pilares del proyecto es la sustentabilidad. Todos los productos se envasan en frascos de vidrio reutilizables, sin uso de plástico. Los clientes pueden devolver los envases en puntos verdes y, además, la empresa integra el ecosistema de Plasticoin, lo que permite la compra de productos mediante esa moneda. En ese aspecto, Araujo subrayó que la sustentabilidad no es solo una estrategia comercial. “No usamos plástico y reutilizamos los frascos porque creemos que es la única forma responsable de crecer”, afirmó.
Asimismo, a partir de febrero la empresa comenzará a profundizar su impacto social mediante una alianza con dos merenderos, a los que donará productos de primera calidad elaborados en su planta. En una primera etapa, se entregarán yogur 100% natural y dulce de leche artesanal, alcanzando a unos 130 niños de forma diaria. “Crecer ayudando es parte del proyecto. Si el negocio crece, también tiene que crecer el impacto social”, sostuvo.
Para acompañar el aumento de la demanda, Silente desarrolló un modelo de trabajo conjunto con pequeños y medianos productores lácteos. La empresa aporta conocimiento técnico, control de calidad y una metodología de producción orientada a productos 100% naturales.“Trabajar con pequeños productores nos permite crecer sin perder identidad y, al mismo tiempo, generar más valor en la cadena”, explicó.
De cara a este año, el foco estará puesto en consolidar la estructura interna, sumar equipo y ordenar procesos. Si bien se evalúa el lanzamiento de algún nuevo producto hacia mitad o fin de año, la prioridad seguirá siendo fortalecer las dos líneas actuales.“El gran desafío es escalar sin perder calidad, sobre todo en productos fermentados. Por eso preferimos crecer con pasos firmes”, afirmó el ejecutivo.
En paralelo, el dulce de leche aparece como el producto con mayor potencial para una futura exportación. El interés de consumidores brasileños, particularmente en Punta del Este, abrió conversaciones iniciales. No obstante, la estrategia de corto plazo continúa centrada en el mercado local.“En Uruguay todavía tenemos muchísimo para crecer. La exportación llegará cuando estemos bien consolidados acá”, concluyó.