Roma AI, startup fundada en Uruguay y hoy con sede corporativa en Chile, multiplicó por 5 su facturación mensual en lo que va de 2026. La empresa pasó de aproximadamente US$ 5.000 en enero a cerca de US$ 25.000 mensuales y proyecta un run-rate anualizado cercano a los US$ 300.000, impulsada por clientes corporativos de sectores como finanzas, seguros, retail y salud.
La empresa supera actualmente las 40 compañías activas en Latinoamérica, trabaja principalmente con grandes organizaciones de industrias reguladas y opera con equipos distribuidos entre Uruguay, Chile y Argentina. Su plataforma integra canales como WhatsApp, Instagram, Microsoft Teams, correo electrónico, teléfono y chat web, conectándose con sistemas internos para automatizar procesos operativos.
Detrás del crecimiento aparece una demanda que empieza a consolidarse en el mercado corporativo: empresas que ya no buscan únicamente asistentes para responder consultas, sino agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar procesos completos dentro de sus sistemas.
El cambio empieza a verse especialmente en industrias reguladas. Bancos, aseguradoras y retailers comenzaron a incorporar herramientas que no solo atienden clientes, sino que también consultan información, validan documentación, gestionan casos y actualizan procesos internos sin intervención humana.
En ese escenario, la startup opera con una plataforma que integra agentes de inteligencia artificial a los sistemas internos de las compañías. La herramienta se conecta con CRM, ERP y plataformas de gestión para ejecutar acciones operativas, desde consultas de información hasta validación de documentación y actualización de procesos internos.
En ese sentido, Richard Barbera, fundador de Roma AI, el cambio de demanda se aceleró en los últimos meses. Hace un año las empresas querían ver una demo. Hoy nos preguntan qué proceso pueden entregar primero a la IA. Ese cambio ocurrió mucho más rápido de lo que imaginábamos: la conversación ya no es cómo usar inteligencia artificial, sino cuánto trabajo puede hacer”, señaló.
Un ejemplo ayuda a dimensionar el cambio. Si un cliente consulta el estado de un crédito por WhatsApp, el agente puede acceder al sistema, revisar antecedentes, validar documentación pendiente, coordinar una llamada con un ejecutivo y actualizar el caso, todo dentro de una misma conversación y sin intervención humana.
Cada acción, además, queda registrada. Las empresas pueden comprobar qué información vio el agente, a qué sistemas accedió y qué tareas realizó, siempre dentro de los permisos establecidos. Esto es uno de los factores más importantes para usar este tipo de soluciones en industrias reguladas.
El avance de estas herramientas coincide con un cambio en el vínculo de las empresas con la inteligencia artificial. Lo que hasta hace poco se implementaba como piloto o prueba de innovación empieza a trasladarse a áreas operativas, especialmente en sectores que manejan grandes volúmenes de consultas y procesos.
A esto se suma la consolidación de WhatsApp como principal canal de interacción entre empresas y consumidores en América Latina, junto con una presión creciente por eficiencia operativa y reducción de tiempos de respuesta.
El proyecto surgió en Montevideo de la mano de Richard Barbera, quien desarrolló el producto y captó los primeros clientes desde Uruguay. A comienzos de 2026, con mayor tracción comercial, se incorporaron cofundadores chilenos y la compañía se constituyó formalmente en Chile, desde donde hoy centraliza su facturación regional. La empresa opera en Uruguay y tiene equipos en Uruguay, Chile y Argentina; planea expandirse a otros mercados latinoamericanos en 2026.