Pero cuando una empresa madura, cuando el entorno cambia o cuando la complejidad crece, sostener esa lógica puede volverse una trampa. Porque un Directorio que existe exclusivamente en los papeles no ayuda a tomar mejores decisiones. Y un Directorio que no decide, no dirige.
La buena noticia es que se puede cambiar. Y cambia cuando dejamos de ver al Directorio como un casillero que hay que llenar y empezamos a diseñarlo como lo que realmente puede ser: un espacio de pensamiento estratégico, deliberación y creación de valor para los accionistas y la organización. Para profundizar en la temática dialogamos con David Levisman socio de levisman-argento, especialista en directorios profesionales.
¿Qué implica profesionalizar un Directorio?
En primer lugar, elegir sus integrantes con criterio estratégico. Es decir, ya no solo basados en la confianza o cercanía. Tampoco es cuestión de sumar “nombres importantes” ni repetir cargos históricos, sino de construir un cuerpo colectivo que aporte experiencia, diversidad de mirada y capacidad de análisis. Sus especialidades pesan: saber de Finanzas, de Mercados, Recursos Humanos, Transformación Digital, Asuntos Públicos, Sostenibilidad, Tecnología.
En segundo lugar, definir claramente los roles y responsabilidades, distintas de las del management. El Directorio no gestiona, pero sí debe evaluar, contener, desafiar y orientar a quienes lo hacen. Su tarea no es operar la empresa, es “tomar decisiones que aseguren su sustentabilidad”.
Por último, diseñar una agenda de valor. Un Directorio profesionalizado no debería convocarse para repasar balances. Se reúne para entender tendencias, evaluar riesgos, pensar el futuro, formular o ajustar estrategia y garantizar que los intereses de los accionistas estén alineados con los de la empresa.
¿Por qué importa?
Porque gobernar una empresa no puede depender de una buena operación o de atender la urgencia del día a día. Se necesita un espacio en donde pensar más allá de la coyuntura. Un Directorio bien diseñado aporta perspectiva, consistencia y dirección estratégica.
Además, profesionalizar el Directorio genera confianza hacia afuera (inversionistas, bancos, públicos) y hacia adentro (propietarios, equipos, sucesores). Y permite separar con más claridad los tres niveles del gobierno corporativo: patrimonio, dirección y gestión.