Piel humana recreada en laboratorio: la tecnología que reemplaza los testeos en animales

En salas de laboratorio equipadas con incubadoras que replican las condiciones del cuerpo humano, temperatura y humedad incluidas, se produce hoy un desarrollo científico que hasta no hace mucho parecía futurista: tejido de piel humana generado fuera del organismo. Esta tecnología surge como respuesta a la necesidad de evaluar la seguridad de productos y sustancias sin recurrir a la experimentación animal.

La piel reconstruida se emplea actualmente en centros de investigación y universidades para analizar ingredientes cosméticos, productos químicos, fármacos, materiales de uso escolar y dispositivos médicos. Su principal ventaja es que reproduce de manera muy precisa cómo reacciona la piel humana frente a distintos estímulos, aportando datos relevantes y confiables para su posterior aplicación en personas.

“Se trata de una herramienta de alta precisión, ya que reproduce con fidelidad la fisiología de la piel humana y permite obtener información más pertinente para la seguridad humana, alineándose con una ciencia más ética”, señaló Vanja Dakic, gerente de Episkin en Brasil.

El desarrollo de esta tecnología no es nuevo. Hace más de 40 años, el grupo L’Oréal fue pionero en la creación de modelos de piel reconstruida, convirtiéndose en un referente global en prácticas libres de crueldad animal.

El proceso de fabricación comienza a partir de células humanas reales. Se utilizan queratinocitos obtenidos de restos de piel descartados en cirugías plásticas, siempre con el consentimiento informado de los donantes. Estas células se aíslan, se almacenan en bancos celulares y luego se cultivan sobre soportes específicos, en medios químicamente definidos y bajo condiciones estrictamente controladas.

Durante varias semanas, los tejidos se desarrollan en incubadoras que simulan el entorno del cuerpo humano. Antes de ser utilizados, cada lote pasa por exigentes controles de calidad que evalúan su viabilidad, su capacidad de actuar como barrera protectora y su estructura microscópica, siguiendo estándares internacionales validados por la OCDE.

Si bien estos modelos presentan una arquitectura muy cercana a la piel real, no la replican en su totalidad. No incluyen estructuras complejas como folículos pilosos, glándulas sudoríparas o sebáceas, ni vasos sanguíneos. “Existen distintos tipos de modelos, con diferentes niveles de complejidad, pensados para aplicaciones específicas”, explicó Dakic, quien aclara que su uso se limita exclusivamente a investigación y ensayos in vitro, sin fines terapéuticos.

Uno de los principales desafíos de esta tecnología es el manejo del tiempo. Una vez que el tejido está listo, su vida útil es de aproximadamente una semana, período en el cual debe ser trasladado y utilizado por los investigadores. “Trabajamos con material vivo, lo que implica una logística extremadamente precisa, pero hemos logrado responder a esa exigencia sin afectar la calidad científica”, destacó.

Más allá del sector cosmético, estos modelos se han vuelto herramientas clave en el ámbito académico. Permiten estudiar el funcionamiento de la piel, avanzar en la comprensión de patologías como la dermatitis atópica, analizar la función de la barrera cutánea, investigar el microbioma, los procesos de cicatrización y la interacción de la piel con el ambiente.

Uno de los aportes más significativos de esta tecnología es su impacto en la reducción y reemplazo de ensayos con animales. Los modelos de epidermis y córnea humanas reconstruidas permiten evaluar irritación y corrosión cutánea y ocular, pruebas que durante décadas dependieron de animales de laboratorio. Al basarse en tejido humano, los resultados son más relevantes para la seguridad de las personas. Además, la posibilidad de recrear distintos tipos de piel, -incluidos modelos pigmentados o con barreras cutáneas debilitadas-, abre nuevas líneas de investigación sobre envejecimiento y determinadas enfermedades dermatológicas.

Marcando la Z del polo (con inversión que superará los US$ 60 millones José Ignacio se prepara para el barrio privado La Zeta)

Lo dijimos en una nota reciente, Punta del Este se convirtió en uno de los principales lugares para proyectos inmobiliarios vinculados al “deporte de los reyes”: el polo. En esta ocasión, dialogamos con el empresario argentino Claudio Scalise, quien junto a sus compatriotas Gonzalo Pieres –padre– y Osvaldo Brucco, soñó con este proyecto que en poco tiempo comenzará a tomar forma y se llamará La Zeta – José Ignacio, un barrio privado en el que el polo será el centro de una comunidad que buscará vivir el confort y la elegancia.

Córdoba camino a salir del podio de las provincias que más exportan: Neuquén viene como un tren (y hasta Santa Cruz podría superarnos)

Córdoba sigue siendo la tercera provincia exportadora del país: en el primer semestre de 2026 vendió al exterior USD 5.601 millones, detrás de Buenos Aires (USD 15.965 millones) y Santa Fe (USD 9.357 millones). Pero el mapa empieza a moverse. Desde 2023 Córdoba creció 31,8%, mientras Neuquén avanzó 156,6% y Santa Cruz 128,1%. Si —sólo como ejercicio especulativo— esas velocidades relativas se prolongaran hacia 2031, Neuquén pasaría al segundo lugar y Santa Cruz quedaría prácticamente a la par de Córdoba.

¿Una nueva puerta al mundo? Paraguay vuelve a mirar a Uruguay para mover sus cargas

(Por MV) Paraguay analiza una nueva alternativa para ampliar sus opciones de salida al mundo. Durante una reciente misión comercial en Uruguay, representantes de Rediex visitaron el Puerto Logístico Punta Sayago, un predio de 187 hectáreas próximo al Puerto de Montevideo, donde se presentó una propuesta para establecer un centro de transferencia de carga paraguaya, inicialmente con conexión terrestre y, eventualmente, con una conexión fluvial para contenedores.